Fue un cura inteligente, culto y astuto de la Navarra de principios del siglo XVI, que se contaba protagonista de mágicos sucesos, que le acabaron llevando a las cárceles de la Inquisición.Bargota se convierte en julio en la capital de la brujería. Hablamos de un pequeño pueblo navarro situado en Tierra Estella, a 7 kilómetros de Viana. Durante cuatro días, hasta el martes que viene, la localidad viste sus calles con estandartes, fardos de paja y muebles antiguos para rememorar el pasado, en concreto el siglo XVII.Durante cuatro días, el pueblo acoge un mercado medieval, rincones temáticos y, lo importante, numerosas actividades relacionadas con las brujas y los brujos. Y un stand de pócimas, otro de brujería infantil, un akelarre o el rincón de la inquisición, todo con música, visitas y charlas sobre la brujería.Pero, ¿por qué Bargota? Porque aquí nació Johanes, el brujo navarro que podía hacerse invisible, volar sobre nubes y transformar a bandidos en gatos. Vivió, no está muy claro, pero parece que a principios del siglo XVI. Fue a la escuela del pueblo y, ya mozo, marchó a estudiar a la Universidad de Salamanca para hacerse sacerdote.En Salamanca se hizo cura, culto y listoDebió ser un muchacho aplicado y estudioso, pero con otros intereses menos oficiales, escribe Gerardo Luzuriaga en Nabarralde. Fue así que en la ciudad castellana se relacionó con grupos semiclandestinos de estudios de magia y otras heterodoxias.Cuando volvió a Bargota, convertido en un clérigo culto, "se dedicaba a engañar a sus paisanos con trucos de magia y prestidigitación mientras ejercía como cura", cuenta en su blog Julio Asunción, historiador y guía turístico navarro. Como dice él, en Salamanca "quizás había aprendido demasiado".Era astuto y despierto, sí, pero era inteligente y culto. Muchas de las cosas que sabía eran ignoradas por sus vecinos. Conocía las propiedades de las plantas, hierbas, arbustos y frutos que crecían por la zona, con los que preparaba brebajes que le hicieron famoso. "No es extraño que para los vecinos y los pueblos de los alrededores fuese un personaje raro, singular e insólito", dice Luzuriaga.Pero Johanes, ya hemos visto, también era aficionado a los libros de nigromancia, brujería y ciencias ocultas, de los que extraía historias que contaba a sus vecinos. Claro, que lo que hacía era narrarlas como aventuras propias. En su relato, él era el protagonista.Magia, nigromancia y arte para contarloDe esa guisa, los de Bargota acabaron creyendo que tenía poderes sobrenaturales. Lo que inicialmente resultó divertido e impresionante (literalmente, les tenía impresionados) pasó a ser peligroso, cuando le empezaron a considerar brujo. Como escribe Asunción, le quedaba poco para acabar en una cárcel de la Inquisición.Las primeras menciones documentadas a Johanes son de autores de la época. En 1522, Fray Antonio de Guevara hizo referencia en una de sus cartas a un nigromante llamado Johanes de Barbota y, en 1529, Fray Martín de Castañega aludió al brujo en su tratado sobre supersticiones. Pero ni éste ni ningún otro escrito ofrecen detalles exactos de su vida.Hoy, en Bargota están muy orgullosos de su cura/brujo (más abajo vemos hasta qué punto). En el Ayuntamiento hay unos dibujos que relatan algunas de sus aventuras. Por ejemplo, se decía que en una cuevas escondidas aprendió la magia y la nigromancia del mismo diablo.De cómo voló a Roma sobre un diablo para salvar al PapaUn caluroso día de agosto se subió al atrio de la iglesia. Traía el sombrero y el manto cubiertos de nieve. "¡Cómo nieva en Montes de Oca!", exclamó ante sus ojipláticos vecinos. Otra vez, ayudó al bandido Juan Otsoa, el Lobo, a escapar de la justicia convirtiéndolo en un gato negro.En una ocasión, fue a San Fermín (Pamplona), donde compartió habitación con el muy ortodoxo abad de Otiñaño, del que era enemigo acérrimo. Antes de dormir, Johanes se desenrroscó la cabeza dejándola sobre la mesilla, consiguiendo que el abad saliera corriendo preso del pánico. Aunque para famoso y osado su viaje a Roma a lomos de un demonio.Según la tradición, Bargota utilizó sus poderes para engañar a un demonio familiar y volar desde Navarra hasta Ciudad del Vaticano. En su libro Leyendas y tradiciones estellesas (Pamplona, 1938), Pedro Campos Ruiz relata que Johanes habría volado hasta Roma para salvar la vida de un Papa (habría sido Alejandro VI o Julio II). Por su hazaña, el Santo Padre habría absuelto al cura de sus pecados y le habría prometido romper su pacto con el diablo.Levantaba mulas y volaba sobre la nieblaLos dibujos que relatan los "milagros" de Johanes también se refieren a aquella ocasión en que se cruzó con un arriero al que preguntó de dónde era. Como éste le contestara mal, el brujo levantó en vuelo a todas sus mulas y las dejó colgadas de la torre de la iglesia.Con sus poderes, Johanes pudo subir a un cerro y, aspirando, atraer un núcleo de niebla para sentarse encina. Con ese "vehículo", se desplazaba a los akelarres. Fue al que se celebraba en el Salobre (actual embalse de las Cañas), y allí entró en trance. Claro que, dice Asunción, lo hizo con ayuda del tinto de Bargota.Por este último trance y por, en suma, todos sus actos de encantamiento, Johanes fue denunciado por la Cofradía de Arcabuceros de Torralba y, por supuesto, por el cura de Otiñano. Fue condenado, se salvó de la hoguera, pero pasó tiempo en las cárceles de la Inquisición de Logroño.Bargota, orgullosa de su brujoTras arrepentirse, regresó a Bargota, donde colgó los hábitos de brujo y cuentista y se quedó sólo con los de cura. Aunque los últimos años de su vida ya no fue tan excéntrico, nunca dejó de salir del pueblo, relata Luzuriaga, y mantuvo contactos con otros grupos de los alrededores, que no eran del de Otiñano.Decíamos que Bargota presume de su heterodoxo cura: es el único municipio de Navarra, de España y, quizás, del mundo que en su escudo municipal lleva un brujo. El brujo de Bargota. Tienen también una escultura que representa a Johanes: serio y acompañado de un gato (negro).Hay también una película. Se titula La leyenda del cura de Bargota y la dirigió Pedro Olea en 1989. Los protagonistas son Fernando Guillén Cuervo y Lola Forner.
La historia de Johanes, el brujo navarro que podía volar a Roma sobre un diablo, convertir en gato a un bandido o desenroscarse la cabeza
Fue un cura inteligente, culto y astuto de la Navarra de principios del siglo XVI, que se contaba protagonista de mágicos sucesos, que le acabaron llevando a las cárceles de la Inquisición.










