EditorialEl nombre Sak Tahn Waax debe aparecer en libros escolares, inspirar observaciones astronómicas, concursos de arte y motivar curiosidad.
Durante mucho tiempo se elogió la astronomía, la matemática, los calendarios de los mayas, por su precisión y cálculos. Tales saberes no tenían ningún nombre, hasta esta semana, cuando se conoció el de uno de esos científicos prehispánicos: Sak Tahn Waax, Zorro de Pecho Blanco, un nombre que por sí solo evoca una cosmovisión que sigue deslumbrando al mundo y que constituye un orgullo para Guatemala, en donde se encuentran ciudades erigidas a lo largo de casi dos milenios.
Xultún es una de ellas: un pequeño pero estratégico enclave en el noreste de Petén. Por desgracia, refleja una de las mayores tragedias de la arqueología guatemalteca: se calcula que cerca del 90% de este sitio arqueológico ya había sido saqueado por “huecheros” cuando comenzó a ser estudiado, allá por 2002. Durante décadas, túneles clandestinos perforaron templos, palacios y monumentos en busca de piezas para el mercado ilegal, dejando tras de sí derrumbes, erosión y estructuras al borde del colapso: un lugar del que ya no queda mucho por descubrir.
Pero la ciencia, la perseverancia y el amor al patrimonio han llevado al hallazgo del nombre ya mencionado en el interior de una cámara ceremonial, que fue descubierta en 2012. Mediante técnicas fotográficas con espectros de luz se logró visualizar textos glíficos y lecturas astronómicos de los ciclos de Marte y Venus. Gracias a los avances en epigrafía se logró identificar la firma del autor de tales cálculos.













