Análisis Exclusivo suscriptores Expertos advierten que el país mantiene vulnerabilidades estructurales que podrían traducirse en racionamientos de agua y energía e incendios.Agua, energía, agricultura, salud e incendios forestales aparecen entre los sectores con mayor riesgo frente a un evento que podría extenderse hasta 2027. Foto: FOTO: ÓSCAR BERROCAL. ARCHIVO CEETPERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD19.07.2026 00:17 Actualizado: 19.07.2026 00:17
La pregunta ya no es si llegará el fenómeno de El Niño. Esa incertidumbre desapareció. La discusión ahora gira alrededor de otra inquietud mucho más compleja: ¿está Colombia realmente preparada para enfrentar un episodio que los científicos consideran excepcionalmente intenso?La respuesta, según los especialistas consultados por EL TIEMPO, no es sencilla. El país llega con aprendizajes importantes después de lo vivido entre 2023 y 2024, mejores sistemas de monitoreo y una mayor conciencia ciudadana sobre el ahorro de agua y energía. Sin embargo, también enfrenta debilidades estructurales que permanecen prácticamente intactas: una elevada dependencia de la generación hidroeléctrica, embalses que podrían resentir una reducción prolongada de las lluvias, vulnerabilidad frente a incendios forestales y una infraestructura que todavía debe fortalecerse para responder a un evento extremo. LEA TAMBIÉN Lo cierto es que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó que El Niño ya está presente. En su actualización del 13 de julio, el organismo señaló que las temperaturas de la superficie del mar permanecen por encima de lo normal en el Pacífico ecuatorial central y oriental y que las condiciones atmosféricas ya son consistentes con este fenómeno.Además, advirtió que continuará fortaleciéndose durante el resto del año y estimó una probabilidad del 97 % de que persista hasta comienzos de la primavera de 2027. El pronóstico incluso señala que entre octubre y diciembre existe un 81 % de probabilidad de que alcance una intensidad muy fuerte, es decir que se convierta en un ‘Super El Niño’, un escenario que ha encendido las alarmas entre climatólogos e ingenieros especializados en gestión del riesgo.Para Benjamín Quesada, climatólogo y director del Programa de Ciencias de la Tierra de la Universidad del Rosario, lo que preocupa no es únicamente que haya un nuevo episodio de El Niño, sino la velocidad con la que evolucionó. “Estamos ante un fenómeno que está asustando incluso a quienes se dedican a estudiarlo. Lo inédito es la rapidez con la que aumentó la temperatura del Pacífico ecuatorial. Los propios meteorólogos dicen que no habían visto un comportamiento similar en los últimos 75 años”, explicó durante una entrevista.El fenómeno ya fue confirmado y los pronósticos apuntan a que seguirá fortaleciéndose. Foto:UNGRDQuesada explica que para que la Tierra salga naturalmente de una glaciación se requieren aproximadamente cinco grados adicionales distribuidos durante miles de años. En contraste, el calentamiento que hoy experimenta el planeta ocurre en apenas unas décadas y altera profundamente los sistemas atmosféricos y oceánicos.Ese exceso de calor modifica la circulación de la humedad en el planeta y cambia la distribución de las lluvias. Mientras algunas regiones reciben precipitaciones extraordinarias, otras enfrentan prolongadas temporadas secas. Colombia pertenece precisamente a este segundo grupo.El momento más crítico apenas comienzaLos modelos climáticos muestran que el fenómeno apenas entra en su etapa de consolidación. El informe más reciente de la NOAA indica que las temperaturas superficiales del océano Pacífico han venido aumentando desde comienzos de este año. Desde mediados de abril esas anomalías positivas se fortalecieron en el Pacífico central y oriental, mientras el contenido de calor acumulado bajo la superficie continúa creciendo, una condición que suele alimentar el desarrollo de episodios intensos de El Niño.Básicamente los océanos continúan suministrando la energía que alimenta el sistema climático. Por esa razón, la NOAA considera altamente probable que el fenómeno siga fortaleciéndose durante los próximos meses y permanezca activo incluso durante el primer trimestre de 2027. Para Colombia, esto significa que los impactos más importantes todavía están por venir.Lo cierto es que lo vivido hace dos años en Colombia dejó experiencias y aprendizajes importantes. El último episodio fuerte obligó a implementar medidas extraordinarias para proteger el recurso hídrico, especialmente en Bogotá, donde el racionamiento de agua se convirtió en parte de la rutina de millones de ciudadanos. David Celeita, profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de La Sabana, considera que esas experiencias permitieron desarrollar herramientas de respuesta más rápidas. “Hoy contamos con mejores sistemas de monitoreo y eso permite una mayor coordinación institucional. Lo que se puede medir es lo que se puede mejorar”, señala. LEA TAMBIÉN Sin embargo, inmediatamente advierte que esa capacidad sigue siendo insuficiente para enfrentar un fenómeno de gran intensidad. “La gran debilidad estructural continúa siendo nuestra alta dependencia de la hidrología, tanto para el abastecimiento de agua potable como para la generación de energía. A eso se suma el retraso en la incorporación de nuevas capacidades de generación y de infraestructura”, afirma.El experto recuerda que cerca del 65 % de la electricidad del país depende de las hidroeléctricas. Cuando disminuyen las lluvias y los embalses reducen sus niveles, el sistema eléctrico necesita aumentar considerablemente la participación de las plantas térmicas, alimentadas principalmente por gas natural y carbón. En episodios anteriores, explica, la generación térmica llegó a representar cerca del 60 % del suministro eléctrico durante los momentos de mayor estrés hídrico. Pero el contexto actual incorpora un elemento adicional de preocupación.Celeita advierte que Colombia enfrenta ahora un escenario de mayor tensión por la disponibilidad y el costo del gas natural, situación que podría reducir el margen de maniobra frente a una sequía prolongada. Desde su perspectiva, el país no solo necesita incorporar más fuentes de generación, sino fortalecer la infraestructura de transmisión, distribución y almacenamiento energético.La NOAA prevé una alta probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte. Foto:Juan Carlos Escobar“La discusión ya no debe centrarse únicamente en instalar más energías renovables. También debemos fortalecer la infraestructura y garantizar energía firme que permita responder cuando lleguen eventos extremos como este”, sostiene. El académico considera que el mayor aprendizaje de los últimos años consiste precisamente en comprender que las decisiones no pueden tomarse cuando la emergencia ya está instalada. “El momento de actuar no es mañana; tiene que ser ahora”, resume.A dichas preocupaciones se suman las del especialista internacional en gestión del riesgo y cambio climático Juan Carlos Orrego, quien fue exsubdirector de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y ve con preocupación la posible fragmentación de la entidad con la llegada del nuevo Gobierno.El presidente electo Abelardo de la Espriella y su equipo han manifestado su intención de reorganizar la entidad luego del escándalo de corrupción que afectó a la UNGRD durante los últimos años. Para Orrego, aunque es comprensible revisar la institucionalidad tras esa crisis, las decisiones deben estar respaldadas por evidencia técnica y no responder únicamente a la coyuntura política.Orrego, quien fue subdirector general de la UNGRD entre 2018 y 2020 y actualmente dirige la Corporación Colombia sin Desastres, advierte que desde el inicio de la nueva administración el país deberá enfrentar simultáneamente la preparación para el fenómeno de El Niño y la recuperación de los territorios afectados por el reciente frente frío, especialmente en regiones donde convergen altos niveles de vulnerabilidad y pobreza, como La Guajira, Chocó, Córdoba, Sucre y Bolívar.El especialista recordó que, de acuerdo con cifras de la Defensoría del Pueblo, durante diciembre de 2025 se detectaron más de 4.100 focos de incendio en bosques naturales del país, casi tres veces más que en el mismo mes del año anterior. También señaló que cerca de 12 millones de personas enfrentan actualmente condiciones de inseguridad alimentaria moderada o grave, situación que podría agravarse si se intensifican los efectos de la sequía asociados a El Niño. LEA TAMBIÉN El agua y la electricidadSi existe un punto donde convergen la mayoría de las preocupaciones de los expertos es el sistema hídrico. No se trata únicamente del agua que llega diariamente a los hogares. También está en juego el funcionamiento del sistema eléctrico colombiano. El climatólogo Quesada recuerda que durante un fenómeno intenso disminuyen los aportes de agua a los embalses. Eso obliga a depender en mayor medida de fuentes térmicas para producir electricidad.En los episodios más severos, explica, la participación de las hidroeléctricas puede descender incluso hasta representar apenas entre el 40 % y el 50 % de la generación nacional, mientras el resto debe ser suplido mediante combustibles fósiles. “Colombia todavía no está preparada para depender menos de esos combustibles durante un fenómeno de El Niño. Hace falta seguir desarrollando fuentes renovables y hacerlo de manera descentralizada, especialmente en las zonas más apartadas”, advierte.El investigador Celeita coincide en que la principal vulnerabilidad continúa siendo la fuerte dependencia del agua tanto para producir electricidad como para abastecer a las ciudades. Desde su perspectiva, el riesgo no proviene únicamente de la intensidad del fenómeno climático, sino del contexto energético que enfrenta actualmente el país.Si volverán los racionamientos es quizá la pregunta que más inquieta a millones de colombianos. Después de la experiencia reciente con las restricciones de agua, la posibilidad de que vuelvan medidas similares empieza nuevamente a instalarse en el debate público. Para Quesada, la experiencia vivida representa una ventaja. “Nunca estamos perfectamente preparados, pero ya pasamos por un racionamiento de agua. Eso quedó muy grabado en la memoria de la ciudadanía y puede facilitar que las personas comprendan la importancia de ahorrar desde ahora”, dice.Sumado a ello, el aumento de las temperaturas y la reducción de las lluvias crean las condiciones ideales para la propagación de incendios forestales. Para los expertos, este será nuevamente uno de los principales desafíos del país. Quesada advierte que el incremento térmico afectará incluso regiones donde la disminución de lluvias no será tan marcada. “Todo el territorio nacional aumentará de temperatura y eso incrementa el riesgo de incendios forestales prácticamente en todo el país”.Expertos coinciden en que existen avances frente a eventos anteriores. Foto:Juan Carlos EscobarCeleita recuerda que durante el episodio de 2023-2024 las consecuencias fueron visibles. Más de mil incendios forestales y más de treinta mil hectáreas afectadas obligaron a desplegar recursos extraordinarios y llevaron a varias ciudades a adoptar medidas de ahorro de agua para proteger los niveles de los embalses. Por eso considera que las autoridades locales deben comenzar desde ahora a fortalecer los sistemas de vigilancia y respuesta.El reto ya no es reaccionar, sino anticiparseColombia ha avanzado. Hoy existen mejores sistemas de monitoreo, una mayor coordinación institucional y una ciudadanía que ya vivió los efectos de una sequía prolongada y conoce la importancia del ahorro de agua. Sin embargo, también coinciden en que el país continúa enfrentando vulnerabilidades estructurales que no desaparecerán antes de la llegada del fenómeno.La dependencia del recurso hídrico para abastecer de agua potable a millones de personas y para producir la mayor parte de la electricidad sigue siendo uno de los principales factores de riesgo. A ello se suma la necesidad de fortalecer la infraestructura energética, acelerar la incorporación de nuevas capacidades de generación y ampliar las inversiones en transmisión, almacenamiento y gestión del recurso hídrico.Las regiones Caribe, Andina y Pacífica concentrarían la mayor reducción de lluvias; los incendios forestales podrían incrementarse por el aumento de las temperaturas; el sistema energético enfrentaría una presión adicional por la menor disponibilidad de agua para las hidroeléctricas y sectores como la agricultura, la ganadería y el abastecimiento de agua potable tendrían que prepararse para condiciones más exigentes. LEA TAMBIÉN La prevención será determinante para evitar una emergencia de gran escala. Foto:Juan Pablo Rueda Bustamante / El TiempoLa pregunta inicial —si Colombia está preparada para un fenómeno de El Niño potencialmente histórico— no admite una respuesta absoluta. El país llega con más experiencia, mejores sistemas de monitoreo y mayor capacidad institucional que hace algunos años. Pero también enfrenta un fenómeno que, de acuerdo con los modelos climáticos, podría convertirse en uno de los más intensos observados en décadas y poner nuevamente a prueba la resiliencia de sus sistemas de abastecimiento de agua, generación de energía y atención de emergencias.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud@CaicedoUcros Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.






