EntrevistaEl climatólogo Benjamín Quesada afirma que el país debe fortalecer el ahorro de agua y combatir las fugas en los sistemas de abastecimiento.PERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD12.06.2026 11:55 Actualizado: 12.06.2026 11:55

El inicio anticipado del fenómeno de El Niño encendió las alertas de las autoridades ambientales y de la comunidad científica. Las proyecciones más recientes indican que el evento climático no solo llegó varios meses antes de lo esperado, sino que además tiene una alta probabilidad de fortalecerse hacia finales de 2026, hasta alcanzar una intensidad fuerte o incluso muy fuerte. De concretarse ese escenario, Colombia podría enfrentar uno de los episodios más severos de las últimas décadas, con efectos sobre la disponibilidad de agua, la generación de energía, la agricultura y los ecosistemas. LEA TAMBIÉN El Niño se traduce en menores lluvias en la región Andina, Caribe y Pacífica. Foto:Juan Pablo Bustamante. EL TIEMPO.Para Benjamín Quesada, climatólogo y director del programa de Ciencias de la Tierra de la Universidad del Rosario, el país enfrenta este fenómeno en medio de condiciones que aumentan su vulnerabilidad. La reducción de lluvias, las temperaturas más altas y una mayor evaporación favorecen el descenso progresivo de los niveles de los embalses, una situación especialmente sensible en una nación donde entre el 70 % y el 80 % de la electricidad depende de fuentes hidroeléctricas. Según advierte, durante episodios fuertes de El Niño ese aporte puede caer significativamente, obligando a compensar la demanda con combustibles fósiles y aumentando la presión sobre el sistema energético.El científico también señala que la amenaza no se limita al sector eléctrico. Menores precipitaciones implican riesgos para el abastecimiento de agua potable, la producción agrícola y los ecosistemas. Los antecedentes son recientes: durante el último episodio intenso de El Niño, Bogotá y varios municipios del centro del país enfrentaron restricciones en el suministro de agua, mientras cientos de municipios registraron problemas de abastecimiento. Para Quesada, esa experiencia dejó una lección clara: la crisis no puede atribuirse únicamente al clima, sino también a problemas estructurales como las fugas en los sistemas de distribución, el crecimiento desordenado del consumo y la falta de una gestión más eficiente y equitativa del recurso hídrico.Según los patrones históricos asociados a El Niño, Colombia aparece entre las regiones con tendencia a registrar menos lluvias. ¿Qué tan vulnerable es el país frente a este escenario? ¿Qué impactos podrían presentarse sobre los embalses, los ríos y las fuentes de abastecimiento de agua potable?Cuando se presenta un fenómeno de El Niño observamos una reducción de las precipitaciones, un aumento de la evapotranspiración debido a las altas temperaturas y condiciones atmosféricas más anticiclónicas, es decir, con mayor radiación solar y poca nubosidad. Todo esto favorece un vaciado progresivo de los embalses.Actualmente entre el 70 % y el 80 % de la electricidad que se produce en Colombia proviene de fuentes hidroeléctricas. Sin embargo, durante fenómenos fuertes de El Niño este porcentaje puede reducirse hasta cerca del 50 %.Cuando disminuye la generación hidroeléctrica, lo que termina compensando esa reducción es la importación o la utilización de combustibles fósiles. Por eso Colombia tiene una vulnerabilidad histórica muy alta frente a este fenómeno, una vulnerabilidad que además aumenta con el crecimiento poblacional y el incremento del consumo.Mapa que muestra el impacto del fenómeno de El Niño por regiones. Foto:Fews NetLos embalses colombianos se encuentran actualmente alrededor del 60 % al 65 % de su capacidad, lo que resulta preocupante. En materia de agua potable, durante episodios anteriores más de 200 municipios sufrieron racionamientos. Eso ocurrió durante el evento de 2015 y es un antecedente que debe tenerse muy presente.También existe una vulnerabilidad energética. La Contraloría General de la República advirtió que las estimaciones indican un déficit importante que equivale aproximadamente al 20 % de la demanda nacional de gas durante este tipo de eventos.El último fenómeno de El Niño estuvo asociado a una de las peores crisis hídricas recientes y derivó en el racionamiento de agua en Bogotá y varios municipios del centro del país. ¿Qué lecciones dejó esa experiencia?La crisis hídrica de 2024 fue un verdadero choque de realidad para Bogotá y Cundinamarca. Hace poco más de un año vivimos uno de los eventos de El Niño más intensos de los que se tiene registro en términos de impactos para Colombia.Hubo fuertes sequías en la región andina y una reducción significativa de los niveles del sistema Chingaza debido a la alta evaporación. Sin embargo, es importante entender que El Niño no fue el único factor detrás de la crisis del agua.También existen problemas estructurales. Tenemos fugas importantes en el sistema de abastecimiento de Bogotá. Se estima que entre tres y cuatro de cada diez litros de agua se pierden. Ese es un problema muy grande que ha sido señalado por expertos.A esto se suma un crecimiento urbano acelerado, aumentos desordenados en el consumo y la sedimentación de los embalses, que reduce sus volúmenes útiles.Hay además un aspecto que suele recibir menos atención: la deforestación. Tanto la que ocurre localmente como la que se registra a cientos o miles de kilómetros puede afectar los patrones de lluvia que alimentan los páramos. LEA TAMBIÉN El climatólogo, Benjamín Quesada. Foto:Universidad del RosarioLa principal lección es que la ciudadanía sintió en carne propia la vulnerabilidad frente a la escasez de agua. Eso demostró la necesidad de implementar estrategias de corto y largo plazo para garantizar un uso racional y justo del recurso.También es necesario evaluar el consumo industrial y sancionar los sobreconsumos indebidos. No todos los ciudadanos tienen la misma responsabilidad frente al uso del agua y esa diferenciación debe ser tenida en cuenta.La crisis nos recordó que el agua no es un recurso infinito ni completamente garantizado y que el acceso a ella también plantea desafíos de equidad y justicia.La Organización Meteorológica Mundial afirma que no hay evidencia de que el cambio climático aumente la frecuencia de El Niño, pero sí que puede amplificar sus impactos. ¿Cómo debe entenderse esa afirmación?La distinción es fundamental desde el punto de vista científico. El cambio climático es una tendencia de fondo asociada al aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera, principalmente por la quema de combustibles fósiles y la deforestación. Es un fenómeno ampliamente originado por actividades humanas.En cambio, El Niño y La Niña existirían incluso sin la presencia humana. Son parte del funcionamiento natural del sistema Tierra y de la interacción entre océanos, atmósfera y continentes, que redistribuyen el exceso o déficit de calor en el planeta.Hasta ahora la ciencia no ha demostrado que el cambio climático aumente significativamente la frecuencia o la intensidad de los episodios de El Niño. Lo que sí ocurre es que ambos fenómenos pueden combinarse.Cuando esto sucede, la tendencia de fondo del cambio climático —que implica temperaturas más altas, modificaciones en los regímenes de lluvia y una mayor capacidad de la atmósfera para almacenar humedad— puede amplificar los impactos de fenómenos meteorológicos extremos asociados a El Niño. LEA TAMBIÉN Si tuviera que enviar un mensaje a los colombianos sobre la llegada de El Niño, ¿cuál sería?El miedo no es un buen consejero, pero sí es importante comprender por qué debemos preocuparnos. Las autoridades deben garantizar total transparencia sobre los consumos de agua, identificar claramente los sobreconsumos y promover campañas de ahorro desde ahora.Colombia necesita reducir las fugas en sus sistemas de abastecimiento, controlar los consumos injustificados y avanzar hacia una gestión más equitativa del recurso. No tiene el mismo valor de uso un metro cúbico de agua destinado al consumo de una familia que uno utilizado para regar un campo de golf o para actividades que no son esenciales.Lo que estamos viendo puede ser apenas un anticipo de los desafíos que vienen. Por eso necesitamos más investigación científica, mejores proyecciones sobre la disponibilidad futura del recurso hídrico y una planificación que permita dimensionar adecuadamente la infraestructura, la regulación y las medidas necesarias para garantizar el acceso al agua en los próximos años.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud@CaicedoUcros Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.