Análisis Exclusivo suscriptores El país enfrenta alta vulnerabilidad por su dependencia de la energía hidroeléctrica y por las presiones sobre los sistemas de abastecimiento de agua.Colombia podría enfrentar nuevamente desafíos similares a los observados durante las recientes crisis hídricas, aunque posiblemente en una escala mayor. Foto: Juan Pablo Rueda Bustamante. Archivo EL TIEMPOPERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD13.06.2026 22:01 Actualizado: 13.06.2026 22:01
El fenómeno de El Niño llegó cerca de tres meses antes de lo previsto y las proyecciones más recientes sugieren que podría evolucionar hacia un episodio de intensidad muy fuerte entre finales de 2026 e inicios de 2027. Para los científicos, no se trata simplemente de una temporada seca más ni de una variación climática habitual. Los indicadores observados en el océano Pacífico están mostrando un comportamiento que ha despertado preocupación entre meteorólogos y climatólogos de distintas partes del mundo, debido a la velocidad con la que se están fortaleciendo las condiciones asociadas al fenómeno. De consolidarse las proyecciones actuales, Colombia podría enfrentar impactos significativos sobre el abastecimiento de agua, la generación de energía, la agricultura, los ecosistemas y la salud pública. LEA TAMBIÉN La preocupación surge no solo porque las autoridades ya confirmaron oficialmente el inicio de El Niño, sino porque los modelos internacionales apuntan a un escenario poco común. Las estimaciones indican una probabilidad superior al 60 % de que alcance una intensidad muy fuerte durante los próximos meses, mientras que las condiciones cálidas en el Pacífico parecen encaminadas a persistir hasta comienzos de 2027. Si ese escenario se materializa, el episodio podría ubicarse entre los más intensos registrados desde mediados del siglo XX, un hecho que obligaría a Colombia a enfrentar nuevamente desafíos similares a los observados durante las recientes crisis hídricas, aunque posiblemente en una escala mayor.El fenómeno llegó antes de lo previsto y podría ubicarse entre los más intensos de la historia. Foto:UNGRDCarlo Buontempo, director del Servicio de Cambio Climático del observatorio europeo Copernicus, aseguró que las proyecciones actuales apuntan claramente hacia un fenómeno de gran magnitud. “En esta etapa, las probabilidades apuntan claramente a un evento de intensidad moderada a fuerte, o probablemente de fuerte a récord”, afirmó en declaraciones a la AFP. La advertencia coincide con las evaluaciones de organismos internacionales y de centros de investigación que observan con atención el acelerado calentamiento del Pacífico ecuatorial.Para Benjamín Quesada, climatólogo y director del programa de Ciencias de la Tierra de la Universidad del Rosario, la inquietud de la comunidad científica está relacionada precisamente con la velocidad a la que se está acumulando calor en el océano. “Estamos ante un fenómeno de El Niño que está asustando a los científicos y a los meteorólogos. Ellos mismos dicen que no han visto algo así en los últimos 75 años”, señala. Según explica, existe más de un 60 % de probabilidad de que las anomalías de temperatura superen los dos grados centígrados respecto a los promedios históricos, un umbral que lo ubicaría dentro de la categoría de fenómeno muy fuerte.Menos lluvias, menos aguaEn Colombia, El Niño suele traducirse en una combinación de menos lluvias y temperaturas más elevadas, especialmente en las regiones Caribe, Andina y Pacífica, donde históricamente se han concentrado algunos de sus impactos más notorios. Esa mezcla genera una mayor evaporación de la humedad disponible, reduce los caudales de ríos y quebradas y limita el ingreso de agua a los sistemas de almacenamiento. A medida que avanza el fenómeno, las reservas hídricas comienzan a disminuir y aumenta la presión sobre los embalses que abastecen tanto a las ciudades como al sistema energético nacional.“Lo que compensa esa reducción es la importación o la utilización de combustibles fósiles. Colombia tiene una vulnerabilidad histórica muy alta frente a este fenómeno”, advierte el climatólogo Quesada. A su juicio, esa vulnerabilidad se ha incrementado con el crecimiento de la población, el aumento del consumo y la persistente dependencia de fuentes energéticas sensibles a las variaciones climáticas. LEA TAMBIÉN El rápido calentamiento del Pacífico ha encendido las alarmas de la comunidad científica. Foto:Juan Carlos Escobar“Nunca estamos perfectamente preparados”, reconoce Quesada. Sin embargo, considera que la experiencia reciente dejó una enseñanza importante. A diferencia de lo ocurrido en otros episodios históricos, una parte importante de la población ya experimentó directamente las consecuencias de una sequía prolongada y comprende que los escenarios de restricción podrían repetirse si las condiciones climáticas evolucionan como lo indican las proyecciones actuales.Para el climatólogo, una de las principales enseñanzas del racionamiento vivido en Bogotá y municipios de Cundinamarca es que las crisis hídricas no pueden explicarse únicamente por la variabilidad climática. El fenómeno de El Niño desempeñó un papel determinante, pero también quedaron en evidencia problemas estructurales relacionados con la gestión del recurso.Entre ellos menciona las pérdidas en los sistemas de abastecimiento. Según recuerda, varios expertos advirtieron que entre tres y cuatro de cada diez litros de agua se pierden por fugas en la red. A ello se suman factores como el crecimiento urbano, el incremento desordenado del consumo y la sedimentación de los embalses, que reduce progresivamente su capacidad útil de almacenamiento.Quesada también advierte sobre un factor que suele recibir menos atención: la relación entre la deforestación y los patrones de lluvia. A su juicio, la pérdida de bosques, tanto en áreas cercanas como en regiones alejadas, puede alterar procesos atmosféricos que terminan afectando la disponibilidad de agua en ecosistemas estratégicos como los páramos. Por ello insiste en que las soluciones no pueden limitarse a responder a la emergencia, sino que deben incluir medidas de largo plazo para garantizar una gestión más eficiente y equitativa del recurso hídrico.El país enfrenta una alta vulnerabilidad por su dependencia de la energía hidroeléctrica. Foto:Juan Pablo Rueda Bustamante / El TiempoEl fantasma de los incendios forestalesUno de los riesgos que más preocupa a las autoridades ambientales es el incremento de los incendios forestales. Las condiciones asociadas a El Niño —altas temperaturas, menor humedad y ausencia prolongada de lluvias— crean un entorno propicio para la propagación rápida del fuego, especialmente en zonas donde existe acumulación de material vegetal seco.Durante el último episodio intenso de El Niño, Colombia registró más de 6.200 incendios forestales, cerca de 1.000 municipios afectados y más de 200.000 hectáreas consumidas por las llamas. Los impactos se sintieron en ecosistemas estratégicos, zonas rurales y áreas cercanas a centros urbanos, generando además episodios recurrentes de contaminación atmosférica. Para los científicos, el riesgo de que situaciones similares vuelvan a repetirse es elevado, especialmente si el fenómeno alcanza la intensidad que actualmente proyectan los modelos internacionales.Aunque buena parte del debate se concentra en el agua y la energía, los expertos advierten que uno de los impactos menos visibles, pero potencialmente más graves, está relacionado con la salud pública. El aumento sostenido de las temperaturas puede afectar especialmente a niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas, aumentando el riesgo de complicaciones asociadas al calor extremo.“En Colombia la sensibilidad a las olas de calor está muy subestimada”, afirma Quesada. Según explica, diferentes investigaciones han comenzado a mostrar que la mortalidad asociada a eventos extremos de calor podría multiplicarse significativamente en distintas regiones del país si no se implementan medidas de adaptación. Las zonas de menor altitud, donde las temperaturas son naturalmente más altas, podrían experimentar algunos de los impactos más severos. LEA TAMBIÉN Las proyecciones indican alta probabilidad de que el fenómeno se fortalezca hacia finales de 2026. Foto:Cortesía Comunicaciones Gobernación del AtlánticoA ello se suma el deterioro de la calidad del aire causado por los incendios forestales, que incrementa la exposición de la población a material particulado y otros contaminantes. Este fenómeno puede agravar enfermedades respiratorias y cardiovasculares, especialmente en grupos vulnerables. Además, los cambios en las condiciones ambientales podrían favorecer la expansión de algunas enfermedades transmitidas por vectores en determinadas regiones del país.Prepararse desde ahoraFrente a este panorama, las autoridades colombianas mantienen la vigilancia sobre la evolución del fenómeno. La directora general del Ideam, Ghisliane Echeverry Prieto, aseguró que la entidad continuará realizando un seguimiento permanente a los indicadores oceánicos y atmosféricos que determinan la evolución de El Niño.“Ante la confirmación de la presencia de El Niño, el Ideam mantendrá el monitoreo continuo de los indicadores oceánicos y atmosféricos y emitirá alertas oportunas. Instamos a las autoridades y comunidades a activar sus planes de contingencia y a fortalecer las medidas de gestión del agua para reducir riesgos y proteger vidas”, señaló. LEA TAMBIÉN La recomendación coincide con el mensaje de Quesada, quien insiste en que la respuesta debe combinar preparación inmediata y planificación de largo plazo. Reducir las fugas en los sistemas de acueducto, promover el ahorro de agua y energía, fortalecer la vigilancia sobre incendios, restaurar ecosistemas estratégicos y diversificar la matriz energética son algunas de las medidas que considera prioritarias para enfrentar no solo este episodio, sino los desafíos climáticos de las próximas décadas.“El mensaje es de cooperación y colaboración”, concluye el investigador. “Ya vivimos una crisis hídrica reciente y sabemos a qué nos enfrentamos. La diferencia ahora será qué tan rápido actuemos para reducir los impactos de un fenómeno que podría estar entre los más intensos de nuestra historia reciente”.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud@CaicedoUcros Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.












