"Participar en una liga cooperativa para mí ha supuesto una forma completamente distinta de vivir el deporte", cuenta Paula, jugadora y miembro de la asamblea de la Liga Gamberra, un colectivo deportivo centrado en el baloncesto "horizontal, asambleario y que no depende de ninguna institución". Este surgió con el fin de acercar el deporte de equipo a aquellas personas que han sido históricamente expulsadas de él por sus estructuras binarias, machistas y cisheteropatriarcales. Por el contrario, Paula asegura que "la Liga Gamberra es transfeminista, anticapitalista, antirracista, anticapacitista, antigordófoba y antifascista".PublicidadLa forma de operar de la Liga Gamberra coincide con los principios que definen al deporte cooperativo, que, según Alfredo del Río Casasola, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de una investigación sobre deportes cooperativos, "nace del rechazo tanto a las alternativas deportivas burocráticas propuestas por los municipios como a las ligas privadas que ofrece el mercado". Una distancia de las opciones institucionales que se combina con "unas normas y compromisos propios", que los convierten en una práctica "cotidiana y no esporádica".Paula, miembro de la Liga Gamberra: "El deporte también es político"Estos principios de autogestión y compromiso los comparte también la Liga Cooperativa de Basket (LCB), otro ejemplo de deporte cooperativo en la Comunidad de Madrid. "Nuestra liga está hecha por los jugadores y los equipos que la forman", declara Javier, jugador y miembro de la LCB. Tanto esta liga como la Gamberra son "gratuitas", pero "eso no significa que no tengas que aportar nada". En ambos colectivos se pide que cada equipo se implique en las tareas de gestión y organización de la temporada. Por lo tanto, "la liga sale adelante gracias al trabajo colectivo", declara el jugador.Un modelo que apuesta por la implicación y la autogestión frente a la mercantilización del deporte de base y el pago de cuotas. Además de enfrentar lo que Alfredo del Río describe como "la inflexibilidad y la falta de participación en las normas que hay en las ligas municipales".Deporte 'queer'"El deporte también es político", asegura Paula, de la Liga Gamberra. Para ella la práctica deportiva ha sido esencial en su día a día "desde bien pequeña". Tras haber jugado en distintas ligas federadas, donde podía entrar por ser "una mujer cis" que "nunca ha tenido problemas para participar en el deporte institucional", una amiga le contó que existía una liga queer "que pretendía generar un espacio seguro y accesible para todes". Paula siempre había mantenido una actitud crítica ante las ligas federadas, pues "no estaba cómoda con sus normas para participar" y entendía que estos espacios se constituían sobre violencias contra "las personas trans, no binarias o, simplemente, que no encajan en la estructura concreta de hacer deporte que nos imponen". Considera que formar parte de la Liga Gamberra le ha alejado de esas lógicas y violencias. Lo que le ha ayudado a ganar "autoconocimiento de mi manera de ser y de estar en el juego, de cuidar, de hacer comunidad y, sobre todo, me ha hecho repensar todas las normas y reglas establecidas".Publicidad"Vivimos en una sociedad dividida de forma binaria y las instituciones deportivas lo reproducen y contribuyen a intensificarlo", lamenta el investigador de la UCM Alfredo del Río. Una realidad que se observa desde las ligas infantiles, donde "estas lógicas de separar por sexo a niños y niñas empiezan muy pronto". Este pensamiento segregador en el deporte afecta directamente a aquellas personas que no pueden situarse con facilidad en el marco binario del género, lo que lleva en muchas ocasiones a su exclusión de estos eventos.Esta marginación es especialmente sangrante en el deporte de élite, que para Paula, miembro de la Liga Gamberra, "es una herramienta para imponer el género como una cuestión biológica", lo que ha llevado a "la expulsión de las personas trans e intersex de los Juegos Olímpicos".Una situación contra la que combate día a día la Liga Gamberra, un espacio deportivo "queer y transfeminista" que ocupa las canchas públicas y abre una grieta que nos permite vislumbrar una práctica deportiva que escape de estas lógicas binarias. Sin embargo, la Liga Gamberra va más allá del género, enfrentando otras barreras que se establecen en los espacios normativos de deportes como la gordofobia y el capacitismo. En relación a esto, Paula remarca que "para participar en la Liga Gamberra no se requiere una condición física, una corporalidad concreta, ni capacidad económica".PublicidadEn algunas ligas municipales y privadas también se están dando pasos para acabar con la separación por sexos dentro de los deportes de equipo. Como declara Alfredo del Río, existen ciertos eventos públicos que permiten la presencia de equipos compuestos tanto por hombres como por mujeres y "en algunas ligas privadas se está fomentando la mixticidad". Sin embargo, para Paula estas iniciativas siguen "basadas completamente en una estructura reduccionista del género binario", que obliga a las personas a entregar su "documento identificativo" y a demostrar "una identidad binaria institucional para participar". Una realidad que también lamenta Alfredo, pues considera que estos intentos de romper con la segregación "no son transinclusivos".La Liga Cooperativa de Basket también trata de abordar esta división binaria dentro del deporte, lo que ha llevado a que "todos los equipos sean mixtos"; lo que, para Javier, de la LCB, "nos enriquece mucho". Sin embargo, aún les falta bastante camino por recorrer, pues "es indudable que la mayoría de la liga es heteronormativa", declara el jugador. Para Alfredo del Río, una de las razones que dieron lugar al surgimiento de la Liga Gamberra "es el hecho de que la Liga Cooperativa de Baloncesto no supo acoger realmente la inclusión de personas trans".Alfredo del Río Casasola: las ligas cooperativas consiguen situar "de igual a igual a los diferentes grupos sociales que habitan un barrio"Sin embargo, este análisis no es condenatorio, al contrario, pues el investigador considera que algo que caracteriza a las ligas cooperativas es que son espacios especialmente "vivos y con muchas fricciones, que son positivas porque muestran que puede haber formas distintas de hacer las cosas". Por lo tanto, no son colectivos con principios inamovibles ni dinámicas cerradas, sino que mutan con el tiempo y se adaptan a las personas que los habitan.Barrios politizados por el deporteLas ligas cooperativas se caracterizan por trascender el ámbito deportivo, convirtiéndose en "un lugar de encuentro cotidiano para las personas que habitan los barrios", celebra Alfredo. Un espacio que, además, consigue ser más transversal que otras formas de deporte colectivo porque "no tiene muchas restricciones a nivel de juego, ni de forma física, ni de dinero". Por lo tanto, para el investigador estas ligas consiguen situar "de igual a igual a los diferentes grupos sociales que habitan un barrio".Estas ligas sirven además como espacio de aprendizaje político. Como cuenta Alfredo del Río, su funcionamiento permite transmitir los principios de "la autogestión" a sus participantes. Sobre todo a "la gente que viene interesada únicamente por el deporte" y que nunca han tenido la experiencia de "construir una práctica alternativa a través de juntarse, debatir, ir a asambleas y comprometerse con unos principios que se eligen en común". Javier, miembro de la Liga Cooperativa de Basket, cuenta que "la mayoría de la gente que compone la LCB no es militante", por lo que encuentra en la liga una "herramienta transformadora" donde se introducen ideas como la "horizontalidad, el asamblearismo y la autogestión"."Formar parte de la Liga Cooperativa de Basket nos llevó a conocer de primera mano el deporte popular en Palestina", asegura Javier. Hace unos años, la liga entró en el proyecto Basket Beats Borders. Una red que nació en 2017 de un grupo de jugadoras de baloncesto adolescentes habitantes del campo de refugiados palestinos de Shatila, Beirut, cuyo objetivo era dar visibilidad internacional a su realidad formando lazos con otros colectivos deportivos de todo el mundo. "Fue una experiencia muy bonita porque hicimos un encuentro con este equipo de adolescentes en Madrid". Esto llevó a los miembros de la liga a implicarse aún más con la lucha contra el genocidio sionista en Palestina. Javier cuenta que "es muy difícil ayudar", pero han "estado apoyando con actividades autogestionadas o recaudando dinero con conciertos en centros sociales".Como señala Javier, las ligas cooperativas suelen contar con conexiones que van más allá del ámbito deportivo y pueden llegar a introducirse en espacios que actúan sobre la vida política y social. Según Alfredo del Río, "se da una relación bidireccional entre el deporte cooperativo y otros actores sociales y políticos del barrio", a través de la cual se tejen "relaciones de apoyo mutuo”.PublicidadPaula indica cómo desde la Liga Gamberra han hecho lazos tanto con iniciativas deportivas afines a sus principios, participando en "la construcción de una red internacional de deporte popular y accesible", como con movimientos sociales presentes en la ciudad, formando parte de "los colectivos internos que organizan el Orgullo Crítico de Madrid". Javier, de la Liga Cooperativa de Basket, cuenta también cómo "el impacto político de la liga en nuestros barrios es alto", debido a sus redes con "el movimiento popular, las asociaciones de vecinos, los colectivos de barrio y los centros sociales ocupados"."Venimos de una sociedad muy competitiva donde se nos ha educado para ganar", comenta Javier de la Liga Cooperativa de BasketUn impacto que llega también al cuidado y la preocupación por las instalaciones públicas. Estos espacios, en muchos casos, quedan olvidados o no cuentan con grupos lo suficientemente organizados como para brindarles una atención continuada. Además, según el investigador Alfredo del Río, también existen "experiencias de generación de infraestructura propia frente a las debilidades de la pública". La Liga Gamberra es un claro ejemplo de cómo estos colectivos se hacen cargo de las instalaciones deportivas municipales. Esta ha realizado varios llamamientos públicos criticando el "deterioro de los espacios públicos" y la falta de "canchas techadas, pistas accesibles y fuentes". E incluso ha desarrollado una campaña de presión contra el Ayuntamiento de Madrid para "mejorar las canchas públicas" y combatir la privatización del espacio. Mientras, las de los pabellones "suelen estar reservadas por equipos de ligas municipales y federadas", critica Paula. Un abandono del deporte de base que contrasta con la entrega de "cantidades ingentes de dinero y recursos al deporte profesional", lamenta Alfredo.Otra forma de jugar"Venimos de una sociedad muy competitiva donde se nos ha educado para ganar", comenta Javier, de la Liga Cooperativa de Basket. Una actitud que está presente también "en eventos como el Mundial o cualquier liga profesional". Esta centralidad de la competición dentro de los espectáculos deportivos "sirve, además, como estrategia geopolítica para exaltar el sentimiento nacional", declara Paula, de la Liga Gamberra. Unos valores que afectan también a los espacios deportivos amateur, donde la competitividad deriva en que "las personas que no cumplen con el estereotipo de deportista se vean rechazadas y excluidas por la presión", asegura Alfredo del Río.PublicidadAdemás, estos principios derivan en muchas ocasiones en una deshumanización del adversario. "Ya sea en La Liga, en el Mundial, o en la NBA hay una relación con el equipo contrario donde se permiten actitudes que se ven en pocos lugares de la sociedad", asegura el investigador. Una deshumanización que, unida a la ola reaccionaria, acaba en situaciones de violencia como "los cánticos racistas y homófobos en los estadios". Para Alfredo del Río estas actitudes se insertan en unas ligas municipales que no incentivan "la creación de vínculos estrechos con los equipos contra los que se juega". Una realidad que en las ligas autogestionadas no es tan habitual porque, al organizarse de manera asamblearia, "ofrecen lugares de encuentro entre los distintos equipos". Y "cuando se considera al otro como un igual es menos probable que se den vejaciones o faltas de respeto", declara el investigador.Además, las ligas autogestionadas tienden a cuestionar abiertamente los principios basados en la competitividad. En estos espacios son habituales prácticas como la eliminación de la figura del árbitro, la transmisión de los principios del fair play (juego limpio) o la presencia de los cuidados como elemento central en los partidos. Paula cuenta cómo en la Liga Gamberra se asigna a "una figura de cuidador, que se encarga de mediar y transmitir al otro equipo las necesidades y conflictos que puedan surgir"; mientras, Javier, de la Liga Cooperativa de Basket, entiende que una de las prácticas que llevan a integrar el fair play en sus partidos es que "el máximo premio que tiene la liga es un partido de exhibición donde juegan los equipos con mayor valoración de fair play".
Deporte más allá del Mundial: las ligas cooperativas ocupan las canchas públicas de Madrid
Ahora que el espectáculo elitista del Mundial acapara la atención de las redes, es importante poner en valor el deporte de base.








