En 2012, un jurado popular absolvió a Francisco Camps de un delito de cohecho pasivo impropio por haber aceptado trajes y otras prendas de vestir de la trama corrupta de la Gürtel. El veredicto estuvo reñido (cinco votos a cuatro) y tuvo algunas incongruencias curiosas: el jurado señaló, por ejemplo, que la relación entre Álvaro Pérez, El Bigotes, y Camps (que le llamaba “amiguito del alma”) había sido meramente “comercial”. No se tuvo en cuenta que dos de los imputados en su día en la causa, el exvicepresidente de la Generalitat Víctor Campos y el exjefe de gabinete en Turismo Rafael Betoret, fueron condenados tras aceptar que cometieron ese mismo delito. Tampoco que cinco empleados de las tiendas de las que salieron las prendas, aparte del sastre José Tomás, declararon que, sin lugar a dudas, se hacían prendas para Camps y Costa y que las pagaba el lugarteniente de la trama, Pablo Crespo, junto a las suyas propias, las de Álvaro Pérez y las del expresidente de Radio Televisió Valenciana Pedro García.

La absolución de Camps fue confirmada por el Tribunal Supremo de Marchena, y fue el inicio de una serie de absoluciones en todos los juicios en los que estaba acusado (Nóos, Fórmula 1, la visita del Papa Benedicto XVI, Valmor, Gürtel) por falta de pruebas o prescripción. En aquel 2012 y dado la sonrojante acumulación de pruebas en el caso de los trajes, se decía que era imposible que un jurado popular valenciano condenara a Camps, dado el abultado volumen de “campistas” entre la población de la comunidad.