Son el principal motor de la industria del deporte, representan a países enteros que no esperan de ellos y de ellas nada más que la excelencia, pero la nueva realidad climática está poniendo al límite su rendimiento físico y su salud y, de momento, las medidas de adaptación en su sector siguen siendo insuficientes.
No es un escenario probable sino ya real. El pasado 12 de julio, la dirección del Tour de Francia decidió recortar en 30 kilómetros la novena etapa por la previsión de altas temperaturas. Durante la carrera se vio a los corredores echarse constantemente agua por encima mientras las asistencias ofrecían bidones sobre la marcha. El número uno mundial de los pedales, el esloveno Tadej Pogacar ha dicho estos días: “Cambiaría el calendario para que no hubiera carreras en sitios calurosos en julio y agosto”.
Héctor Bellerín, futbolista del Real Betis, entrena y juega en la comunidad autónoma más cálida de España y, para él, las temperaturas récord que sufre el mundo son un tema serio dentro y fuera del fútbol, explica a elDiario.es: “El calor extremo tiene una repercusión demasiado grande a la hora de poder hacer mi trabajo. Cuanto más fatigado estás física y mentalmente, más difícil es tomar decisiones correctas en el campo. Esto lo notamos especialmente al final de los partidos”.








