Si Javier Milei busca la reelección y no logra ganar en la primera vuelta, será difícil que se imponga en el balotaje, a menos que su rival acumule un rechazo muy intenso. La clave para el triunfo de Milei radica en alcanzar el 40% de los votos y que la oposición se fragmente, permitiéndole obtener una ventaja mayor a diez puntos sobre el segundo candidato. Este escenario es posible, no inevitable. Su núcleo duro de votantes se ubica en el 30% de la primera vuelta, un piso de aceptación del que no ha caído. Es claro que no cumplió con sus promesas de campaña más visibles: no dolarizó, el Banco Central sigue en funciones y el país registra una de las inflaciones más altas de América Latina. Sin embargo, se ve que sus seguidores no lo apoyaron –ni lo apoyan– por esas propuestas. Esto abre una interrogante: ¿será que en la Argentina es popular incumplir las promesas electorales, o es que los ciudadanos votan por razones que no entiende el análisis político tradicional? Su modelo no permite entender por qué sectores importantes de la sociedad respaldan o rechazan a un presidente o candidato. Se suele decir que tal o cual candidato ganó porque representa una ola de derecha o de izquierda, aunque a cerca del 80% de los electores latinoamericanos les resulta indiferente la ideología del presidente.
La inestabilidad democrática
El respaldo electoral no depende del cumplimiento de las promesas, la identidad ideológica o la conducta moral de los candidatos. Desde la Argentina de Javier Milei hasta Chile, Bolivia, Ecuador y Colombia, los votantes parecen decidir por razones que el análisis político tradicional no alcanza a explicar. Al mismo tiempo, presidentes y opositores interpretan cada victoria como un mandato absoluto y cada derrota como un resultado susceptible de ser desconocido. Entre promesas incumplidas, gobiernos que pierden rápidamente popularidad y dirigentes que intentan forzar las instituciones, la democracia latinoamericana enfrenta una creciente distancia entre la voluntad expresada en las urnas y el respeto por las reglas que deberían sostenerla.








