Hay presidentes que marcan una época y otros que parecen ser llevados puestos por la historia. En general, salvo la excepción de Alfonsín, quien encarnó la recuperación democrática, los mandatarios precisan ser reelectos para que un período adquiera el prefijo de su apellido. Menemato, kirchnerismo. ¿Milei será ese tipo de presidente o se parecerá más a De la Rúa o Macri, líderes a los que la sociedad terminó pasando por encima? Finalmente, volverse un gobierno histórico, un presidente que tuerce los destinos de la sociedad, requiere que, además de ganar la batalla cultural, en términos del actual gobierno, se alinee la expectativa de la mayoría de los argentinos con un modelo económico. Es decir, con la batalla cultural se define lo deseable y con el modelo se lo posibilita. Un gobierno de este estilo que no sea un mero accidente de la historia redefine una época: el "deme dos", las cuotas, el individualismo y la farandulización menemista, o el "Frávega y Derechos Humanos", como explicó Martín Rodríguez al ethos del consumo kirchnerista. ¿Qué vida nos propone el mileísmo? ¿Qué consumo nos vende para redefinir lo deseable? ¿Con qué utopía posible nos puede enamorar para ser reelecto? Y podemos preguntarnos: ¿por qué estamos hablando de esto a pesar de que falta casi un año y medio para las elecciones? El gobierno parece haber cambiado de chip. El hecho de dejar de perder capital político sosteniendo a Adorni y cambiarlo por Santilli al frente de la Jefatura de Gabinete evidencia un viraje que vemos en una muy buena tapa del Buenos Aires Times del pasado sábado 4 de julio.