M+.- Hace unos 2 mil años, el filósofo romano Séneca advirtió de una crisis de atención. El problema no lo causaban los celulares ni TikTok, sino que el papiro se había vuelto más accesible. Como resultado, los rollos abundaban y los lectores adinerados tenían acceso a más textos que nunca.Séneca observó que las mentes de quienes leían demasiados rollos demasiado rápido se volvían inquietas e inestables. Este tipo de mente era menos capaz, señaló, de “poder fijarse en un lugar y de morar consigo misma”.La lección era tan cierta entonces como lo es ahora, en nuestra era de distracciones constantes, adicción a las pantallas y las multitareas. Cuando dejamos que las ideas vayan y vengan a toda velocidad, mantenemos nuestras mentes demasiado ocupadas y las agotamos. Nada se queda grabado. “Quien está en todo lugar no está en parte alguna”, advertía Séneca.Séneca no tenía acceso a estudios científicos modernos ni a datos de encuestas, pero nuestra situación no le habría sorprendido.Tic tac, cada vez menos minutos frente la pantallaLos profesores cuentan que a los estudiantes les cuesta ver películas de larga duración, y ni hablar de terminar un libro. En promedio, revisamos nuestra bandeja de correo electrónico 77 veces al día, y a menudo no es por una notificación: nos interrumpimos a nosotros mismos.Ni siquiera somos capaces de concentrarnos en nuestros dispositivos: hace dos décadas, una tarea determinada podía mantener nuestra atención durante dos minutos y medio; hoy, según las investigaciones, sólo aguantamos 47 segundos en una pantalla antes de sucumbir a la tentación de cambiar.Nuestra sociedad tiende a ver esto como un problema tecnológico que exige soluciones tecnológicas como lo son:Aplicaciones antidistracciones que actúan como guardias digitales y nos impiden acceder a otras apps.“Cárceles” de plástico para el celular equipadas con temporizadores de cocina.Teléfonos minimalistas de 500 dólares que tienen la revolucionaria característica de no tener ninguna función.Pero complicamos en exceso un reto muy antiguo que es más moral que digital. Séneca veía acertadamente la distracción como un fallo de carácter.No necesitamos otro algoritmo ni artilugio para evitar que nuestras mentes corran de un lado a otro como niños revoltosos, habría argumentado. Necesitamos volver a aprender a quedarnos quietos con nuestros propios pensamientos.