"Hay un escenario que no podríamos sentirnos cómodos, que es entrar en disputas, en provocaciones". Las palabras de Luis de la Fuente dejan claro que existe una preocupación en la selección española que va más allá de los meramente futbolísitico. El otro fútbol, que lo llamen, y donde Argentina es absolutamente imbatible. La semifinal entre la Albiceleste e Inglaterra fue tosca casi desde el primer minuto. Nada más empezar el encuentro, varias duras entradas de jugadores argentinos comenzaron a desquiciar a los Three Lions, que no entendían cómo los jugadores rivales no veían ni siquiera una tarjeta amarilla. Especialmente sangrante fue la dura entrada, bordeando la agresión, de Enzo Fernández a Elliot Anderson, codazo incluido. Jude Bellingham fue el que más entró al trapo, y entre falta y falta, Inglaterra se desconectó. La segunda parte del equipo de Thomas Tuchel fue desastrosa, aunque bien es cierto que en buena parte culpa tanto del entrenador alemán como de los propios jugadores. Tras el choque, los argentinos celebraron la victoria con provocaciones a sus rivales. Inglaterra había caído en la trampa. El 'cancherismo', la palabra que hace referencia a esa forma de jugar que mezcla la pillería, la marrullería y el 'todo vale', es un clásico del jugador argentino. Y es ahí donde los jugadores españoles no deben entrar, cuando tienen que centrarse en desarrollar su fútbol. No tiene la Roja ese perfil de jugador para ganar esa batalla, más allá de un Gavi que no parece que vaya a ser titular. "Nosotros no sabemos hacerlo. Estoy muy tranquilo, veo al equipo muy tranquilo, siendo fieles a la idea que nos ha traído hasta aquí estaremos más cerca de conseguirlo", insistió el seleccionador español, Luis de la Fuente. Un colegiado de mal recuerdoEl escenario de un partido con numerosas faltas de los jugadores argentinos es el que debe frenar el árbitro del partido. Y el designado ha sido Slavko Vincic, un colegiado esloveno que tiene una larga trayectoria internacional, pero que nunca ha tenido que dirigir un partido de tal magnitud. Cómo reaccionará Vincic ante la presión del público, que será mayoritariamente albiceleste en el Metlife Stadium de Nueva Jersey-Nueva York, es toda una incógnita. Siempre se le ha señalado como un árbitro dialogante, pero los dos grupos de aficionados mayoritarios en España no guardan buen recuerdo de él: madridistas y azulgranas. El esloveno dirigió el partido de vuelta de los cuartos de final de la Champions del Real Madrid ante el Bayern en Múnich, un duelo marcado por la rigurosa expulsión de Eduardo Camavinga cuando la eliminatoria estaba igualada. El francés se quedó con el balón unos segundos, retrasando una falta en el centro del campo, y el colegiado no lo dudó: le sacó una amarilla, que era la segunda, y le expulsó ante el enfado de la afición blanca. ¿Fruto de la presión del Allianz?También fue más que polémico el arbitraje que tuvo Vincic en un partido del FC Barcelona. Fue en la temporada 2022-23, en San Siro, donde el esloveno anuló un gol a Pedri de manera más que controvertida y después no señaló un claro penalti por una mano de Dumfries a favor de los culés. La derrota (1-0) acabó dejando fuera de la Champions al equipo de Xavi Hernández. Dos arbitrajes de tinte casero que, esperemos, no se repita en la final de la Champions ante la presión de la animosa afición argentina.