16/07/2026 00:01 Actualizado a 16/07/2026 00:54 Pocas veces se ha podido escuchar en mi barrio barcelonés un “goool” tan estruendoso como los dos de anoche. Argentina estará en la final gracias a ocho minutos postreros de locura, un hecho positivo para el fútbol y adverso para los intereses de España porque cuesta apuntillar a la albiceleste y menos con el ejercicio ultraconservador de Inglaterra. Algo nos dice que, a Tuchel, dirán en Inglaterra que es alemán. Una traición monumental al espíritu del fútbol inglés, aunque nunca les sirviera de mucho.Por cuarta vez en este Mundial, Argentina resolvió en el tramo decisivo. Estas cosas no suceden por casualidad. Y en esta ocasión no fue ante una selección tierna –casos de Cabo Verde, Egipto y Suiza– sino ante una Inglaterra que se adelantó en el minuto 55 y está plagada de tipos con experiencia. El fortalecimiento defensivo trasmitió debilidad a una Argentina cuyo fútbol se basa en la falta de opciones: solo vale ganar.Messi se despedirá en una final y España es incapaz de repetir el ejercicio ultraconservador de InglaterraLionel Scaloni es la versión argentina de Luis de la Fuente: perfil bajo en lo público, intervencionistas en los cambios, a los que siempre les sale cara. A por la victoria, fue el mensaje de la banda cuando Argentina estaba a cinco minutos de la eliminación.Y Lionel Messi, la estrella que iba a seguir en el Barça a base de un asado, como si el tipo fuese tonto y Joan Laporta un genio. Ahí estuvo, jugando los 90 minutos, y clarificando el ataque argentino frente a lo que parecía una muralla infranqueable. El pase a Enzo, solo en la frontal, y un centro –otro más– tan medido y acaramelado que parecía un beso agigantaron la figura del 10 , garantía de cabeza en los momentos trascendentales. Su despedida no podía ser en unas semifinales o, peor, en el partido por la tercera plaza, una charlotada más de la FIFA que se desvive en EE.UU. por perjudicar al fútbol. Las medallas de bronce mejor para los Juegos Olímpicos. Y ya no digamos del disparate de un descanso de treinta minutos. No estaría de más que los dos finalistas se quejaran de tamaño dislate.Elliot Anderson disputa el balón con Lionel Messi Octavio Guzmán / EFEEl Mundial 2026 ha tenido las primeras partes más soporíferas de la historia y el Inglaterra-Argentina no fue la excepción. Si los partidos fuesen una película, los cines se vaciarían a mitad de proyección porque, básicamente, no pasa nada. El balón circula de un pie a otro, un pasito adelante, dos pases atrás no sea que los equipos asuman riesgos y los seleccionadores lo pasen mal por las cosas del descontrol. Salvo las primeras entradas duras –los llamados “avisos”– de los argentinos, la nada. Ni un disparo a puerta, ninguna situación de peligro y nada menos que 19 faltas.No fue, sin embargo, una batalla. tampoco la guerra. Inglaterra tocó a retirada a las primeras de cambio, algo que difícilmente hará España el domingo. Grandiosa final.Nacido en Barcelona, licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra y becado un curso en la Missouri-Columbia University, entró en 'La Vanguardia' en 1982, donde ha hecho casi de todo. Corresponsal en Hong Kong (1987-1993), Washington (1993-96) y París (1996 al 2000). Ha cubierto tres elecciones presidenciales en EE.UU., tres en Francia, las guerras de Kuwait, Irak, Ucrania y Gaza, los funerales de Hiro Hito, Rajiv Gandhi, Deng Xiaoping, Nixon o Hassan II, el 11-S de Nueva York, el accidente nuclear de Fukushima así como tres mundiales de fútbol y los JJ.OO de Seúl, Barcelona, Atlanta y Atenas. Redactor jefe de Internacional y actualmente articulista del diario. Ha perpetrado tres libros: 'Menuda tropa', 'Esta ronda la pago yo' y 'Cuando de dejan'.