15/07/2026 a las 13:10h.

No se habla de otra cosa este miércoles que de la increíble exhibición de España en las semifinales del Mundial contra Francia. El equipo de Luis de la Fuente, que no era favorito antes del duelo para muchos, dio una auténtica lección de juego colectivo para dejar sin opciones al mejor ataque de la competición y golpear en los momentos oportunos.

Primero, aprovechando un fallo infantil de Lucas Digne con ese penalti provocado por Lamine Yamal y transformado por Mikel Oyarzabal. Y después, con un jugadón de Pedro Porro que se ha convertido en uno de los futbolistas revelación del torneo.

Sin embargo, el triunfo de España desprendió, por encima de los nombres individuales, una sensación de obra coral y colectiva que ha generado un gran impacto en todo el mundo. Pocos partidos se recuerdan de la Selección con esta trascendencia, sobre todo por la superioridad mostrada. En función de gustos a muchos se les han venido a la cabeza partidos como la semifinal ante Rusia en la Eurocopa 2008, la semifinal ante Alemania en el Mundial 2010 o la final de la Eurocopa 2012 contra Italia.

Duelos todos ellos de una generación pasada que está teniendo en la actual un reflejo que cada vez desentona menos. Son dos Españas muy diferentes. Una, la del toque. Y otra, la camaleónica, porque se adapta a todo tipo de contextos. En la pasada Eurocopa fueron un equipo vertical que atacaba con dos puñales por las bandas. Ahora, fruto de las ausencias y la baja forma de algunos futbolistas, ha tenido que reinventarse en forma de gran bloque defensivo que después se suelta en ataque con jugadores como Mikel Oyarzabal, Dani Olmo o Mikel Merino.