EDITORIALPoco a poco, el futbol “soccer” —como le llaman en Estados Unidos, para diferenciarlo del futbol americano— ha ido ganando seguidores.

Dos selecciones de países de habla hispana llegan a la final de la Copa del Mundo en el Estadio Met Life Nueva York-Nueva Jersey: uno es europeo; el otro, latinoamericano, en un camino que está flanqueado por las inevitables polémicas y también por las teorías conspiracionistas. Pero a fin de cuentas es un encuentro con el cual culminará el evento deportivo y cultural más famoso y seguido del mundo, que en esta edición estuvo compartido entre Canadá, México y Estados Unidos.

Poco a poco, el futbol soccer —como le llaman en Estados Unidos, para diferenciarlo del futbol americano— ha ido ganando seguidores, aunque no tanto allí como los de otros deportes como el basquetbol y el beisbol. De hecho, buena parte del público del balompié se encuentra entre los pobladores hispanos, ya sea migrantes o nacidos en suelo estadounidense. Según el US Census, los hispanos constituyen ya una quinta parte de la población total: es la minoría más grande, con variantes multiculturales diversas, pero unidas por el puente del idioma español.

También es uno de los grupos poblacionales más afectados por los operativos federales antimigrantes indocumentados. Más del 80 por ciento de los detenidos son hispanos, mayoritariamente sin récord criminal. En algunos casos existe apoyo de agentes estatales, sobre todo en estados republicanos. Sin embargo, las acciones de agentes enmascarados, a menudo con lujo de fuerza, también han vulnerado derechos de residentes legales e incluso ciudadanos estadounidenses de ascendencia hispana. El caso más reciente, que sacudió a la opinión pública, fue el confuso incidente en el que murió el mexicano Lorenzo Salgado, un emprendedor que llevaba más de tres décadas viviendo y trabajando en Houston.