Las selecciones de fútbol de España y Argentina disputarán hoy a las nueve de la noche la final del Mundial 2026 en el estadio MetLife, en East Rutherford (Nueva Jersey), unos ocho kilómetros al oeste de Nueva York. La expectación entre los aficionados al balompié es máxima. Si el partido que enfrentó a Francia y España, y dio a la selección dirigida por Luis de la Fuente el pase a la final, fue seguido en nuestro país por 14,6 millones de personas (el 81% de la audiencia televisiva), es probable que esta noche el número de seguidores ante el televisor sea aún más elevado.Antes de empezar, esta vigésima tercera edición del Mundial organizado por la FIFA había dado ya mucho que hablar. Entre otras razones, por ser la primera que iba a disputarse en tres países –Canadá (dos ciudades), Estados Unidos (once) y México (tres)–, y también por ser la primera que incluyó a cuarenta y ocho equipos, dieciséis más que en la anterior convocatoria.Asimismo, ha dado que hablar por la introducción obligatoria, aunque ya ensayada en el Mundial del 2014 en Brasil, de las llamadas “pausas de hidratación”, que suspenden el juego durante tres minutos en cada una de las dos partes del encuentro. Su objetivo oficial es permitir a los jugadores refrescarse y recuperar fuerzas. Aunque no es menos cierto que abren unas cotizadísimas ventanas a la publicidad televisiva, de alta rentabilidad para los organizadores. Nada raro, por cierto, en una competición caracterizada por las cifras desorbitantes, que en Qatar 2022 reportó a la FIFA ingresos por 7.600 millones de dólares, cifra que este año, al haber más participantes y partidos, podría ser mayor. El jueves se estaban adquiriendo entradas para la final por 40.000 dólares.La España de Lamine Yamal y la Argentina de Leo Messi compiten hoy por el Mundial de fútbolAunque esta edición del Mundial ha sido presentada como la de la introducción de distintas novedades, unas más reglamentarias que otras –todo indica que el espectáculo previsto para la media parte se prolongará casi 30 minutos, frente a los 15 habituales en el descanso–, inevitablemente se asociará a una inadmisible injerencia que desvirtúa su esencia deportiva. Nos referimos a la acción, con ribetes de cacicada, protagonizada por el presidente estadounidense. Es decir, al caso Balogun, así llamado por el jugador de la selección de EE.UU., merecedor de tarjeta roja en el partido de dieciseisavos contra Bosnia, que mediante una llamada de Donald Trump a Gianni Infantino, presidente de la FIFA, fue injustificablemente perdonado y pudo disputar el partido de octavos contra Bélgica (en el que EE.UU. fue eliminado).Este y otros sucesos pasarán esta noche a un segundo plano cuando el árbitro esloveno Slavko Vinčić haga sonar por primera vez su silbato y el balón eche a rodar. Los dos equipos sobre el terreno han llegado a este último encuentro tras disputar una sucesión de partidos vibrantes. Argentina, campeona vigente –y ganadora también del título en 1978 y 1986– ha pasado por trances difíciles, casi agónicos, que ha sabido superar a base de corazón y talento, inspirada por Leo Messi, quien a sus 39 años sigue siendo un jugador decisivo.España, que logró su primer y hasta la fecha único Mundial en el 2010, en Sudáfrica y frente a Holanda, ha jugado un muy buen campeonato, gracias a su calidad, su entrega y su condición de equipo cohesionado y solidario, capaz de tumbar, como se vio en la semifinal, a escuadras que confían ciegamente en algunas de sus individualidades.La cacicada de Trump e Infantino, al perdonar la tarjeta a Balogun, mancha la imagen de este torneoEl resultado del partido de esta noche es, al escribir estas líneas, imprevisible. Los dos contendientes tienen posibilidades de alzarse con el preciado trofeo. Y aunque la victoria es, claro está, el objetivo principal, puede decirse que la selección de España tiene ya muchos motivos de satisfacción, también de orgullo, por la tarea realizada hasta la fecha. Su trayectoria ha sido positiva y regular, salvo el sorprendente empate inicial ante Cabo Verde, sumando seis victorias y ninguna derrota, y logrando un resultado global muy elocuente con trece goles a favor y solo uno en contra.Este motivo de satisfacción, compartido por todos los aficionados españoles, puede ser aún mayor para los seguidores del Barça. Porque Lamine Yamal es el delantero más creativo y desinhibido de la selección, que se beneficia de otros talentos como Cubarsí, Olmo o Cucurella, también formados en la Masia, al igual que Messi, la estrella argentina, y beneficiarios por tanto de una escuela futbolística que hunde sus raíces en el legado de Cruyff y ha dado figuras como Guardiola.
Una final con raíces comunes en la Masia, por Editorial
Las selecciones de fútbol de España y Argentina disputarán hoy a las nueve de la noche la final del Mundial 2026 en el estadio MetLife, en East Rutherford (Nueva Jersey), unos ocho kilómetros al oeste de Nueva York. La expectación entre los aficionados al balompié es máxima. Si...










