18 de julio. Franco convirtió ese día, fecha del inicio del golpe de Estado, en fiesta nacional. Año tras año, se sucedían desfiles militares, misas, folklore, y una paga extra a los trabajadores -llamados “operarios” en ese tiempo como se vuelve a hacer ahora-, “la extra del 18 de julio”. Poca alegría, sin embargo, cuando la atan las cuerdas del silencio impuesto. Y así década tras década, hasta los setenta, cuando el dictador murió. Dejaron enorme poso. La derecha española nunca ha superado las inclinaciones de sus genes golpistas y corruptos. Añade ahora, encima, viejos fascismos con traje trumpista y millones de sistemas para poder comunicar insidias, trampas y mentiras.

El PP español, con las portavocías de Feijóo y Ayuso, íntimos colaboradores como el presidente del PP europeo y representantes de las derechas de 42 países se ha lanzado a un descabellado discurso de ataque a España -a su gobierno legítimo-. Demostrando dónde tiene su decencia -bajo la suela de sus zapatos- y dónde su corazón -en sus cuentas corrientes y en las de sus cómplices-. Titánico esfuerzo por hundir España, a su gobierno, para levantarla ellos. Su ministro de la Hacienda corrupta, Cristóbal Montoro, ya lo dijo, solo que lo que presuntamente “se levantó” fue una pasta gansa que a la justicia tuerta de España le cuesta ver a un ritmo coherente.