Charla larga esta semana con un amigo psiquiatra que me llama indignado por el tema de las bajas. Voy a tratar de resumir los puntos principales, aunque seguro que me dejo chicha por el camino. Cosas de la edad que no perdona. El error de partida es que la gente confunde contrariedad con enfermedad. Si las cosas no salen como quieres, si el entorno no es el que esperabas, si la vida 'te trata mal', pues hombre es lo normal. Y, o eres caracol y te encierras o eres puercoespín y te lanzas, pero no estás malo. Pero como estamos en una sociedad donde lo que importa es la felicidad, el bienestar, evitar heridas y todo eso que nos hace menos humanos y más vulnerables, pues al psiquiatra de cabeza que, básicamente, lo que te dice es 'majete, life is life, afronta los temas porque si no te vas a meter tú solito en un hoyo aún más hondo'. Pero claro, es solo una opinión; la fundada, eso sí. El siguiente escalón es el médico de familia al que bien 'llorao' se le puede sacar una baja de dos semanitas para 'recuperarse'. Pero todo el mundo sabe que encerrarse en la cueva —claro, quien no es un 'aprovechao' de libro, que a ese no le pillas en casa ni 'atao'— no esquiva los problemas o las circunstancias, que van a seguir ahí. Y, por tanto, se inicia el bucle: aumenta la ansiedad cuando se acerca la fecha de enfrentarse a la realidad y, más lloros y lamentos, prórroga al canto. Y, al cabo del año, la incapacidad. Esto es lo que pasa con los que realmente tienen esa sensación de miedo, angustia o inseguridad. Capítulo aparte merecen los 'jetas' profesionales a los que a uno le cuesta entender cómo no son sus propios compañeros, que sufren sus ausencias, los que les ponen en su sitio. Eso no es solidaridad, es estulticia. Al final, miles de millones de euros que se van por el desagüe. No es un problema fácil de resolver. Como todo lo que afecta a la psique, tiene sus aristas. Dicho esto, bastaría con aplicar un poco de sentido común. Haciendo evaluaciones profesionales, monitorizando personas y bajas para ver si hay cadencia y si esta está o no justificada, facilitando al empleador negociación y salida, limitando contraprestación pública y así sucesivamente. Estamos en un modelo social que desincentiva el empleo, precisamente, por las ayudas y coberturas. El mundo al revés. Hay que romper con esto. En fin que, seguro, hay casos y casos. Muchos, seguro, justificados. Pero provocar es vivir. Ahí queda el debate. Doctora con una paciente. (Servimedia/123RF/fizkes) Por lo demás, en 'La Mañana de McCoy' de esta semana nos hemos entretenido en alguna otra cosa que lo mismo les sirve para liderar la conversación (para estar en la lista, lean hasta el final del post). Al hilo de lo anterior, las mentiras de los 'progres' les acaban deprimiendo… Hay gráficos que uno lleva esperando toda la vida porque no dejan de ser la constatación de una intuición. Y hoy me lo trae John Burn-Murdoch en FT. Resulta que la izquierda ha abrazado banderas como la identidad líquida, el igualamiento por abajo o el derecho frente a la obligación. Pero somos lo que somos y nos movemos —social y profesionalmente— donde nos movemos. Y cuando ese camelo se desvanece, y la teoría choca con la realidad, surgen entre sus huestes más jóvenes la depresión, la ansiedad o la frustración que, por sí solas o sumadas entre ellas, pueden catalogarse como 'enfermedad mental'. Los principios no se negocian, los datos no se discuten. Ahí están, en ese 'chart'. A partir de aquí, como nadie va a apearse de su burro a quien, tras el fracaso de la utopía comunista, necesita otras banderas y agravios a los que abrazarse, habrá que buscar vericuetos distintos para hacer caer a esta gente del guindo que tanto daño les hace. Se me ocurre que les digan a sus chavales que sexo y género van normalmente de la mano, que quien no se prepara es carne de fracaso y que para recibir es mejor empezar dando. Tres cositas de ná ligadas con lo anterior. Ya verán cómo les cambia el cuento. (post del 13-07-2026) Gráfico 1. …en un mundo en el que las guerras son la norma y no la excepción. Uno, que es más optimista de lo que la gente cree, lleva tiempo diciendo que no hay más conflictos en el mundo, sino que ahora los vivimos en tiempo real. Tranquilidad, pues, en el frente, nunca mejor dicho. Error. En ningún momento desde finales de la Segunda Guerra Mundial ha habido tantas contiendas que involucren a, al menos, un estado soberano (fuente: WSJ). Es verdad que hemos vivido épocas recientes de extraordinaria calma pero ahora, a los hechos me remito, la cosa está más loca que nunca. Y lo que te rondaré morena, me temo. No es de extrañar que las acciones de defensa o de ingeniería dual se hayan disparado en bolsa. Razones no faltan. Autócratas, lucha por los recursos, disputas fronterizas seculares, afanes expansionistas, auge de los nacionalismos, discusión frente a dialéctica, crisis internas y necesidad de enemigo externo, populismo… las causas son múltiples. Y no tienen, en el mundo mediocre de hoy donde prima el yo frente al nosotros, fácil solución. Keep calm and carry on, aunque cueste. No hay otra. (post del 16-07-2026) Gráfico 2. Adiós a las estaciones intermedias: inviernos heladores y veranos ardientes. Soy de los que piensan que el clima tiene ciclos y que, aunque sin duda el incremento de actividad humana tiene un impacto sobre el mismo, no es ni mucho menos la causa principal de su 'cambio', trola que nos han colado algunos para forrarse. Todos los que tenemos una cierta edad hemos vivido años de sequía, de calores extremos o de lluvias interminables antes de que Al Gore nos anunciara que íbamos a morir si no hacíamos algo con el planeta. Incluso hemos vivido amenazas que nunca llegaron a concretarse en los términos previstos, como esa lluvia ácida que iba a esquilmar los bosques centroeuropeos. Pero, dicho esto, a un invierno excepcionalmente frío y lluvioso está siguiendo un verano extremo por los calores. Los mapas del FT adjuntos así lo ponen de manifiesto. ¿Entonces? Uno tiene la intuición de que vamos, precisamente, a un mundo en el que las estaciones intermedias, primavera u otoño, son cada vez más cortas y las 'core', verano e invierno, más largas e intensas. Con todo lo que eso supone. Pero, ¿quién sabe? De momento… 'ozú, quillo, qué caló'. (post del 17-07-2026) Gráfico 3. Y mientras, los mercados a su bola, pongan el adjetivo antes que quieran. Pues nada, que hoy la cosa va de correlaciones. Mejor dicho, de la falta de ellas. El gráfico es de James Mackintosh del WSJ y puedes encontrar el artículo original tanto aquí como en la versión traducida (sin gráfico) que publicó EC hace un par de días. Estamos ante una situación anómala. Y lo que viene a decir es que en un mundo de gobiernos híper endeudados, de tensiones geopolíticas que generan inflación y de una oferta monetaria aún abundante con impacto potencial en precios, la capacidad de acción de gobiernos y bancos centrales en momentos de crisis financiera es, al menos en teoría, más limitada. Y, por tanto, el riesgo de ajuste brusco mayor. Dicho esto, como escribimos hace poco, los mercados se han convertido desde hace tiempo en problema de ricos, el Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. Allá ellos con sus problemitas. (post del 15-07-2026) Gráfico 4. Así son las cosas y así se las hemos contado. La semana que viene más y, seguro, mejor. Y si alguno no aguanta hasta el sábado y quiere 'La Mañana' cada día en su móvil a primera hora por w'app, que me mande su teléfono por mensaje de LinkedIn y le meto en la lista cuando pueda. Porque lo que no se da se pierde. Siempre.
Lo que dice un psiquiatra sobre el cachondeo de las bajas (y cuatro historias más)
Estamos en un modelo social que desincentiva el empleo, precisamente, por las ayudas y coberturas. El mundo al revés. Hay que romper con esto









