Aena ha puesto ya en marcha las esperadas obras de la T2 del aeropuerto de Barcelona. Por ahora son trabajos puramente técnicos, invisibles para el pasajero, aunque en los próximos meses empezarán a notarse los primeros cambios de una reforma que se ejecutará en dos fases y que Aena prevé tener completamente rematada entre 2031 y 2032.Diecisiete años después de que la T1 le robara el protagonismo, la Terminal 2 de Barcelona-El Prat tendrá por fin su necesaria reforma integral. La directora del aeropuerto, Eva Valenzuela, presentó este viernes el plan de actuaciones para la terminal más veterana del recinto, que desde 2009 ha ido tirando de mantenimiento e inversiones puntuales sin someterse a una remodelación en profundidad.La directora del aeropuerto, Eva Valenzuela, presentando el proyecto Aena“La idea es tener una terminal completamente nueva cuando los trabajos estén rematados”, reconoció Valenzuela, ingeniera aeronáutica mallorquina que lleva las riendas del aeropuerto desde la primavera de 2023. “Los trabajos que llevaremos a cabo en los próximos años serán los más importantes y profundos que se realizarán en el edificio desde los tiempos en que se preparaban los Juegos Olímpicos”.Lo que persigue Aena, más allá de la puesta al día de las instalaciones, es recuperar la unidad de un conjunto que ha ido creciendo a trozos, al ritmo del tráfico y de las necesidades de cada época, hasta que la apertura de la T1 la liberó de ser la única puerta aérea de la ciudad y, de paso, también la eclipsó. Porque eso es lo que le ocurrió a la T2 a principios de siglo: la nueva terminal se comió el peso de un edificio que había sido, durante décadas, el orgullo del aeropuerto y de la ciudad.Se buscan espacios más fáciles de interpretar y recorridos simplificadosLa actuación se centrará en renovar redes eléctricas, climatización y sistemas técnicos, además de reorganizar espacios interiores para ganar operatividad en una terminal que hoy acoge principalmente a aerolíneas de bajo coste. Sin embargo el objetivo va más allá de lo puramente técnico: Aena, gestora de la instalación, dice querer unos espacios más fáciles de interpretar, con recorridos simplificados que eliminen la sensación de laberinto que arrastra la T2 desde que se fue ampliando por partes a lo largo de más de medio siglo. Los trabajos afectarán tanto a las zonas accesibles al público como con la circulación de pasajeros y áreas de servicio, como a los espacios operativos del lado aire y del lado tierra.“La inversión prevista para todos los trabajos será de casi 154 millones de euros”, informó la directora, quien recordó además que la actividad aeroportuaria será totalmente compatible con las obras de armonización y coherencia de todas las áreas a renovar del edificio, que recuperará varias zonas simbólicas construidas por el Taller de Ricardo Bofill a finales de los 80 y principios de los 90, entonces grandes novedades para el transporte aéreo.Lee tambiénLa T2A, inoperativa desde hace 17 años tras la apertura de la T1 (hoy solo se usa parcialmente para llegadas de fuera del espacio Schengen), recuperará su función de facturación y salidas, aliviando la presión sobre el resto de los mostradores. Por el lado aire, tras los controles de seguridad, también se recuperará el peso que tuvo La Rambla, el gran pasillo acristalado que mira a las pistas y conecta todos los módulos: una reforma integral que llegará al suelo, la señalética, el wayfinding y el mobiliario, y que dará a la terminal un aspecto totalmente renovado que no lucía desde la última década del siglo pasado.La reforma ganará también en intermodalidad, y lo hará de forma notable. La estación de la futura línea ferroviaria R-Aeroport y la parada de metro quedarán integradas en el propio edificio, de modo que el acceso a la terminal se hará directamente desde ambas infraestructuras, sin necesidad de pasarelas ni trayectos añadidos. Todo quedará ubicado en el sótano de la zona de facturación que une la T2A y la T2B, un espacio que vivió su última reforma en 2007.Recreación virtual de los nuevos espacios exteriores de la T2 de El Prat Aena“Era necesario coser todas las piezas de una terminal que ha crecido a trozos en diferentes momentos y que ahora maneja el 35% de los pasajeros que llegan o salen del aeropuerto”, explicó Valenzuela. Los pasajeros notarán también la renovación de la fachada exterior, que ganará luz natural sin perder el estilo de los años 60: la carpintería metálica de la T2B, el edificio original, no se ha tocado desde su inauguración en 1968.Puede ser que el cambio más visible para quien llegue en coche o en autocar sea otro: la transformación paisajística del lado tierra. Hoy, entre el edificio terminal y las zonas de aparcamiento solo hay viales de asfalto, un espacio funcional y sin ninguna vocación estética. Aena quiere convertir esa tierra de nadie en una zona verde, concebida no como un gesto cosmético sino como una transición real entre los aparcamientos, el futuro hotel, que por fin se construirá frente a la T2A y que operará la cadena Hyatt, y el gran edificio terminal, que así recuperará parte del brillo perdido tras el eclipse que supuso la llegada de la T1.Lee tambiénEse brillo tiene, además, una pieza que ninguna otra terminal del mundo puede exhibir: el inmenso mural cerámico que Joan Miró instaló junto a Josep Artigas en su fachada en 1970, un icono que ha acompañado a la T2 desde hace más de medio siglo y que la distingue de cualquier otro aeropuerto del mundo. Aena plantea trasladar algún día esa obra a la nueva terminal, pero el propio proceso, técnico, patrimonial y de conservación, llevará bastante tiempo. Así que, paradójicamente, la “nueva” T2 se estrenará reformada de arriba abajo luciendo todavía, en su fachada del lado tierra, la misma obra de arte que ha visto pasar generaciones de viajeros desde que el edificio abrió sus puertas.La visita coincide además con la presentación esta semana del 55º Observatori de Tràfic Aeri de la Cambra de Comerç de Barcelona, que sitúa a El Prat como segundo aeropuerto europeo en tráfico origen-destino, solo por detrás de Heathrow, con la capacidad programada para este verano un 5,7% por encima de la del año pasado. Un contexto que explica, en parte, la urgencia del plan: una terminal que maneja más de un tercio del tráfico de pasajeros del aeropuerto no puede seguir esperando.