Hay ciudades que se reconocen por sus edificios, otras por sus plazas o sus monumentos. Resistencia eligió otro camino: convertir el arte en parte de la vida cotidiana. Basta caminar unas cuadras para comprenderlo. Una escultura aparece en una esquina, otra dialoga con un lapacho en flor, otra más acompaña el paso de quienes cruzan una avenida. No se trata de un museo encerrado entre paredes, sino de una colección viva que respira al ritmo de la ciudad. A partir de hoy, 17 de julio, esa identidad volverá a renovarse con una nueva edición de la Bienal Internacional de Escultura, uno de los encuentros de escultura a cielo abierto más importantes del mundo. Durante diez días, el Parque 2 de Febrero será el corazón de un acontecimiento que hace casi cuatro décadas dejó de ser un concurso para convertirse en un rasgo constitutivo de la cultura chaqueña. La historia comenzó en 1988, cuando un grupo de artistas encabezados por Fabriciano Gómez impulsó un modesto concurso de escultura en madera en la Plaza 25 de Mayo. Nadie imaginaba entonces que aquella iniciativa terminaría modificando para siempre la relación de una ciudad con el espacio público. Desde entonces, cada edición de la Bienal deja un legado tangible: diez nuevas esculturas que pasan a integrar un patrimonio que hoy supera las 700 obras distribuidas en calles, plazas y parques, consolidando a Resistencia como la Capital Nacional de las Esculturas.