El sistema inmunitario actúa tanto de centinela como de mecanismo de reparación del organismo, y cuando falla, deja de reconocer las amenazas y de responder a las infecciones, perdiendo eficacia en su labor defensiva. Pero cuando ocurre, lo hace en silencio y sin que se perciba, hasta que, a veces, es tarde. Este deterioro también se ha relacionado con el envejecimiento y hay quien busca cómo retrasarlo, pero el doctor Manel Juan Otero, uno de los inmunólogos clínicos más destacados de nuestro país, defiende que no hay fórmulas mágicas, sino que “el envejecimiento saludable debe tener como objetivo mejorar la salud de la persona, incluida la de su sistema inmune, no solo incrementar los años de vida”.Desde el Hospital Clínic de Barcelona, donde dirige el Servicio de Inmunología, y la Plataforma conjunta de Inmunoterapia de este centro junto al Hospital Sant Joan de Déu, de la que es responsable, Juan Otero ha estado en la primera línea de una de las revoluciones más disruptivas que ha vivido la oncología: el desarrollo de las CAR-T, capaces de reprogramar genéticamente los linfocitos del paciente para atacar tumores muy concretos con una gran precisión.Lee tambiénEn ese sentido, su trabajo combina laboratorio y clínica, o lo que es lo mismo: ciencia básica y ciencia traslacional, en un ámbito donde la inmunología sirve tanto para diagnosticar como para tratar. Ese auge de las terapias CAR-T, precisamente, ha puesto de manifiesto que el sistema inmunitario es más moldeable de lo que se pensaba, lo que ha abierto la puerta a pensar que podría ser posible incidir sobre él para conseguir que nuestras defensas sean eficaces durante más tiempo y, por tanto, frenar su deterioro y corregir ciertos mecanismos asociados al envejecimiento. Justo ahí, entre la inmunoterapia de vanguardia y la biología del envejecimiento, el también profesor agregado de la Universidad de Barcelona sostiene que “la mejor medicina para tener un buen sistema inmunológico es simplemente mantener unos hábitos de vida saludables”.Cuando pensamos en envejecer solemos fijarnos en la piel o las articulaciones. ¿Por qué deberíamos empezar a pensar también en el sistema inmunitario?Porque todo envejece a la vez. El sistema inmunitario es extraordinariamente preciso, pero también muy sensible, y también se ve afectado por el paso del tiempo. Aun así, dada su importancia vital, suele encontrar mecanismos para sustituir o compensar defectos parciales y evitar que tengan consecuencias graves. De hecho, una de las características más fascinantes del sistema inmunitario es su enorme capacidad de adaptación. En cualquier caso, en etapas avanzadas de la vida, las respuestas inmunes se debilitan o se descontrolan y nos volvemos más vulnerables a las enfermedades. Las defensas frente a las infecciones funcionan peor, la vigilancia frente a los tumores disminuye y aparecen con más facilidad fenómenos de autoinmunidad. Como consecuencia, las personas mayores se vuelven más vulnerables. Todos recordamos lo que ocurrió durante la pandemia de COVID-19, donde los mayores fueron los más afectados.¿Qué significa exactamente que “el sistema inmune envejece”?Desde el punto de vista fisiopatológico, los cambios son muy amplios. El sistema inmunitario tiene muchos componentes y prácticamente todos experimentan modificaciones con los años. Por ejemplo, el timo, un órgano esencial para la maduración de los linfocitos T, comienza a atrofiarse muy pronto en la vida. Aunque en determinadas circunstancias puede recuperar parte de su función en la edad adulta, parece que hacerlo resulta más complicado a medida que envejecemos. También cambian las respuestas inmunes específicas. Frente a infecciones o vacunas, aparecen células más exhaustas, más agotadas, que responden peor. A esto se suman alteraciones en la inmunidad innata, la más básica. Esa inmunidad puede desarrollar lo que a veces se denomina “inmunidad entrenada”, pero con el paso del tiempo también pierde parte del control sobre su función.¿Y desde el punto de vista clínico?Las consecuencias son que tenemos más infecciones, respondemos peor a algunas vacunas, tardamos más en resolver determinados procesos infecciosos, aumenta la incidencia de tumores —no solo por la acumulación de mutaciones, sino también por la pérdida de eficacia de la vigilancia inmunitaria— y aparecen más enfermedades autoinmunes.Igual que la piel o las articulaciones no envejecen igual en todas las personas, el sistema inmunitario tampoco lo haceManel Juan OteroSin embargo, hay personas que parecen envejecer mejor que otras. ¿Existe una edad inmunológica distinta de la edad cronológica?El envejecimiento tiene muchas dimensiones y una de ellas se refiere al envejecimiento epigenético, y también existen las mutaciones somáticas y otros procesos biológicos que no se correlacionan linealmente con la edad cronológica. Igual que la piel o las articulaciones no envejecen igual en todas las personas, el sistema inmunitario tampoco lo hace; envejece en función de sus interacciones con el entorno, y esas interacciones son diferentes para cada individuo. Por eso hablamos de envejecimiento funcional más que cronológico.Uno de los conceptos que ha cobrado relevancia es el de inflammaging. ¿Qué significa realmente?La inflamación es la expresión visible de la actividad del sistema inmunitario innato y condiciona la funcionalidad general de las células. Uno de los aspectos más evidentes del envejecimiento es precisamente la acumulación de biomarcadores relacionados con ese agotamiento. La inflamación está diseñada para solucionar problemas concretos que la desencadenan, pero cuando se cronifica y se mantiene durante años, pasa a formar parte del propio proceso de envejecimiento. Esa inflamación crónica de bajo grado contribuye al deterioro funcional del organismo y se relaciona con muchas enfermedades asociadas a la edad.¿Hasta qué punto el envejecimiento inmunitario influye en el aumento del riesgo de infecciones o cáncer?Influye de manera evidente. Las infecciones son más frecuentes y, además, suelen ser más graves o más prolongadas; el organismo tarda más tiempo en recuperar el control sobre los efectos del microorganismo. En el caso del cáncer ocurre algo parecido; no solo importa la acumulación progresiva de mutaciones, también influye que el sistema inmunitario pierda capacidad para reconocer y eliminar células potencialmente peligrosas. Por eso es importante insistir en que hablamos de envejecimiento funcional porque no todas las personas mayores tienen el mismo riesgo ni la misma capacidad de respuesta.Usted lleva décadas tratando de restaurar la función inmunitaria en pacientes con enfermedades graves. ¿Qué le ha enseñado esa experiencia?Que existen opciones. De hecho, los mecanismos del sistema inmunitario, aunque son compensatorios y, muchas veces, redundantes, en la mayoría de los casos son efectivos. Aunque algunos procesos del envejecimiento inmunitario comienzan muy pronto, como en el caso de la regresión tímica, la mayoría de las personas mantienen durante décadas una función inmunitaria suficiente precisamente porque esos cambios son compensados. Es decir, el sistema inmunitario tiene una enorme capacidad de adaptación y, en la mayoría de la gente, muchos de estos defectos potenciales no llegan a convertirse en enfermedad.Lee tambiénSi tuviera que señalar los hábitos con mayor impacto para preservar la salud inmunológica, ¿cuáles serían?Es difícil simplificar porque intervienen muchas variables, pero hay aspectos que conocemos bien. Por ejemplo, sabemos que la malnutrición tiene consecuencias devastadoras sobre el sistema inmunitario. Gran parte de la mortalidad asociada a la malnutrición en el mundo se explica por infecciones secundarias derivadas de una inmunodeficiencia causada por esa falta de nutrientes. Por tanto, una buena nutrición ayuda a mantener la función inmunitaria. Comer de forma saludable, especialmente por su efecto sobre la inflamación crónica, es beneficioso; hacer ejercicio también; dormir adecuadamente, alrededor de ocho horas, igualmente… En realidad, los hábitos saludables son beneficiosos para el sistema inmunitario porque sin una buena función inmunitaria no hay salud.Mucha gente recurre a suplementos para “subir las defensas”. ¿Qué evidencia científica hay realmente detrás de esas promesas?No hay datos científicos que demuestren de manera irrefutable esos beneficios. Muchas veces se extrapolan conclusiones a partir de datos parciales, pero el sistema inmunitario es un todo y reforzar un aspecto concreto puede romper el equilibrio entre todas las partes implicadas. La salud no necesita suplementos si ya es funcional, y los mecanismos inmunitarios son tan numerosos y redundantes que no existe un producto “mágico”. Y hay otra idea importante que la gente debe entender: las defensas no se deben “subir”, se deben mantener en su nivel óptimo. De hecho, si una respuesta inmunitaria normal se incrementa artificialmente, deja de ser normal y puede provocar fenómenos de hipersensibilidad o incluso autoinmunidad. Lo que necesitamos es una función equilibrada del sistema inmunitario y, para conseguirlo, los hábitos saludables suelen ser suficientes.Si una respuesta inmunitaria normal se incrementa artificialmente, puede provocar fenómenos de hipersensibilidad o incluso autoinmunidadManel Juan Otero¿Cree que en el futuro mediremos nuestra edad inmunológica igual que hoy medimos el colesterol?Tengo mis dudas. Creo que existe una presión económica importante relacionada con toda la industria que rodea estos suplementos y productos asociados al envejecimiento, y probablemente eso hará que se desarrollen este tipo de controles. Pero no tengo claro que sea lo que realmente necesitamos como sociedad. El equilibrio inmunitario se consigue, en gran medida, mediante hábitos sanos que deberían aplicarse siempre, independientemente de si alguien decide medirse o no determinados biomarcadores.La inmunoterapia ha revolucionado la oncología. ¿Podría utilizarse también para combatir el deterioro inmunitario asociado a la edad?Sin duda. Ya se están desarrollando inmunoterapias inmunosenolíticas e incluso CAR-T con esta finalidad. Ahora bien, por el momento son estrategias más experimentales que una necesidad clínica. El objetivo debería ser resolver problemas concretos de salud, dado que el envejecimiento saludable debe orientarse a mejorar la salud y la calidad de vida, no simplemente a incrementar el número de años vividos.En el ámbito de la longevidad abundan las promesas extraordinarias. ¿Qué está respaldado hoy por la ciencia y qué sigue siendo especulación?Hay poca ciencia sólida detrás de muchas de esas afirmaciones. Existen algunos datos orientativos, pero poco más. De hecho, a menudo hay más búsqueda de beneficio económico que resultados demostrados. En cambio, aquello que sí sabemos que funciona, los hábitos saludables, son simples y generan poco beneficio económico, y eso quizá explica por qué cuesta tanto que reciban la misma atención.Para terminar, si una persona de 50 años le pidiera un único consejo para llegar a los 80 con un sistema inmune fuerte y funcional, ¿qué le respondería?Le diría que siga los hábitos saludables convencionales: alimentación equilibrada y variada, ejercicio físico, descanso adecuado –dormir entre seis y nueve horas; ocho sería perfecto– y que procure vivir con menos miedo. Y, en la medida de lo posible, buscando la felicidad.
Manel Juan Otero, inmunólogo: “A las defensas no hay que ‘subirlas’, sino mantenerlas en equilibrio; los hábitos saludables suelen ser suficientes”
Mientras la industria de la longevidad promete fórmulas para retrasar el envejecimiento, el director del Servicio de Inmunología del Hospital Clínic de Barcelona recuerda que la salud de nuestras defensas depende, principalmente, de hábitos tan básicos como comer bien, moverse y...







