Intento afrontar la última etapa de mi vida disfrutando al máximo de todas las horas del día”, suelta a modo de bienvenida un risueño Jordi Pons, con 93 primaveras y media a sus espaldas. De verbo fácil prosigue relatando que a estas alturas no tiene que demostrar nada a nadie, que después de una apasionante trayectoria dedicada a la montaña, a recorrer los Alpes, el Himalaya, los Pirineos o los Andes con queridos compañeros, ahora tocan tiempos más relajados, pero sin dejar de buscar alguna que otra aventura. “Tengo una pequeña lesión que me provoca un hormigueo en el pie y me resta seguridad, lo que no me priva de andar, pero debo escalar con más cuidado; la semana pasada ascendí la aguja de la Trona, en Montserrat, y me divertí a medias”, comenta para proclamar acto seguido que nadie le pone 93 años y que él se siente como si tuviera bastantes menos, no más de 80.“Con la edad pierdes facultades, pero lo más importante es la memoria, saber quién eres”Casi todos los martes acude a la hora del almuerzo a la cita con otros veteranos montañeros en un restaurante del Eixample. “Desgraciadamente me van dejando los amigos, recientemente Josep Manuel Anglada, Àlex Alom y Joan Garrigós. Estoy en la primera línea de salida, pero nada me hace pensar que tenga prisa por irme y esto hace que en mi día a día sea feliz”, reflexiona en la terraza de su casa del Guinardó una calurosa mañana de finales de junio.Escalando en el parque natural de Sant Llorenç del Munt, en el 2019 Xavier Cervera /ArchivoLee tambiénCuando la temperatura lo permite sube a los búnkeres del Carmel y dos veces al día hace estiramientos para trabajar la flexibilidad. Cuidar el cuerpo le permite seguir practicando sus aficiones, y mantener una rica vida social le insufla energía y bienestar. Con lo que más disfruta es reuniéndose con amigos, dando conferencias, presentando sus documentales y planificando viajes. “En octubre regreso a Katmandú, asistiré a una reunión de la Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo (UIAA) de la que soy miembro de honor, he estado por todo el mundo, de Australia a Tanzania, pero Nepal es como mi segunda patria, es un país que te cambia”. Luce en el cuello un collar típico nepalí con turquesa y piedras de coral y señala las banderas de oración tibetanas colgadas en la terraza al tiempo que recita el mantra budista de la compasión, Om mani padme hum . Retentiva no le falta. “Con la edad pierdes facultades, pero lo más importante es la memoria, saber quién eres, por eso poseo todo lo que puedo desear, un entorno de amigos, salud e ilusión por las actividades del día, este invierno aún esquié, todo esto hace que me sienta feliz”.Jordi Pons revisa artículos de diarios sobre sus expediciones Andreu EstebanVive a fondo el presente, pero le complace recordar sus logros alpinísticos. “Todos tenemos ego y a mí me produce satisfacción haber conseguido en los años sesenta las primeras ascensiones del estado español de tres paredes norte carismáticas de los Alpes: el Eiger y las Grandes Jorasses, con Anglada, y el Cervino, con Heinz Pokorski. Y el hito más romántico es el Annapurna Este, con Anglada y Emili Civis, el primer ochomil hollado por una expedición española”.Jordi Pons con Josep Manuel Anglada, a la izquierda, Emili Civis y Xavi Pérez, en el 2024, el año que celebraron el 50 aniversario del Annapurna Este Alex Garcia / ArchivoJordi ha preparado para la entrevista los libros en los que se detallan sus históricas ascensiones, álbumes de fotos, añejo material de escalada y cuatro pequeñas esculturas de los ochomiles que ha coronado –Annapurna Este, Dhaulagiri, Cho Oyu y G-II–, obra de su amigo Emili Armengol. Atiende diligente las peticiones del fotógrafo y posa sin rechistar con viejos piolets y otras reliquias en la terraza donde, unas horas después, practicará su segunda sesión de estiramientos.Periodista.
“Intento disfrutar al máximo todas las horas del día”
Para Jordi Pons la felicidad es su entorno de amigos, la montaña y no dejar de hacer planes: en octubre regresa a su querido Nepal










