Primer plano de la sección delantera del fuselaje. Los paneles de cierre salieron despedidos tras la explosión del aviónTodo estaba en la cinta de video. Fueron necesarios más de dieciséis meses de investigaciones con un costo superior a los 40 millones de dólares para que el 21 de noviembre de 1997, a las tres de la tarde, el jefe de la División Antiterrorista del FBI James Kallstrom pudiera pararse frente a los periodistas, abogados y familiares de las víctimas y anunciar que el caso del Vuelo 800 de TWA, que el 17 de julio de 1996 había explotado en el aire y caído en el Atlántico causando la muerte de 230 personas, estaba cerrado. “Estamos plenamente convencidos de que el desastre del Boeing 747 no fue producto de un atentado sino de una falla propia del avión. Por lo tanto, la continuación de la investigación ya no es competencia de esta oficina. La Comisión Nacional de Seguridad del Transporte seguirá adelante con las pericias hasta determinar la naturaleza de la falla que provocó las explosiones que lo derribaron”, dijo.El miércoles 17 de julio de 1996, el Vuelo 800 de Trans World Airways con destino al Aeropuerto Internacional Charles De Gaulle, en París, despegó del Aeropuerto John F. Kennedy con una hora de demora. El avión había llegado a Nueva York procedente de Atenas y durante la travesía sobre el Atlántico unas fallas en el motor derecho causaron preocupación en la tripulación. Era un Boeing 747-100, un gigante del aire de 334 toneladas de peso y capacidad para 425 pasajeros, capaz de alcanzar una velocidad de 958 kilómetros por hora y elevarse a más de 13.000 metros. Costaba 170 millones de dólares y era uno de los 1.082 aparatos de toda la línea 747 que estaban en operaciones ese año. El modelo de TWA tenía 25 años de antigüedad, pero era considerado uno de los más confiables del mundo: a mediados de la década de los ’90, el promedio de accidentes de los 747 era de 1,64 cada millón de despegues, el más bajo de toda la industria aerocomercial.PUBLICIDADLos mecánicos de Boeing en Nueva York trabajaron a conciencia, pero contra el reloj: cada minuto de retraso se medía en dinero. El motor estuvo reparado casi a tiempo para que el vuelo despegara en el horario previsto, pero entonces surgió otra dificultad: entre el equipaje había una valija sospechosa, cuyo dueño no se había presentado a embarcar. Llevó tiempo comprobar que era una falsa alarma, porque en su interior solo había ropa. Superados todos los inconvenientes, a las 21.35, el capitán Steven Snyder inició el despegue, asistido por el copiloto Ralph Kevorkian. A bordo, incluyéndolos, había 230 personas: 169 estadounidenses. 42 franceses, 11 italianos, dos noruegos, un inglés, un chino, un español, un portugués y un alemán. Entre los pasajeros había famosos como el saxofonista Wayne Shorter, el productor ejecutivo de deporte de la cadena ABC Jack O’Hara, el guitarrista de música country Marcel Dadi, el fotógrafo de modas alemán Rico Puhlmann y el jugador de la selección francesa de hockey sobre hielo Michel Breistoff, que volvía a su país para casarse.El Boeing despegó con normalidad y comenzó a ganar altura para tomar su ruta sobre el Atlántico. Cinco minutos después, a las 21.40, el controlador de Boston perdió contacto con el avión, que sin embargo siguió apareciendo en las pantallas de una docena de radares que monitoreaban el área. La explosión se produjo a las 21.45, cuando el Boeing había alcanzado los 4.100 metros de altura y estaba frente a Fire Island, a 112 kilómetros de Nueva York. Mientras caía hubo por lo menos otra explosión. Segundos después el 747 se hundió en el mar, arrastrando consigo una interminable lista de interrogantes.PUBLICIDADEl Boeing 747-131 de Trans World Airlines fotografiado en el aeropuerto Charles de Gaulle en 1995. El 17 de julio de 1996, un año después, operaba como el vuelo 800 de TWA cuando explotó y se estrelló frente a la costa de East Moriches, Nueva York. Las 230 personas a bordo fallecieron en el accidente, que sigue siendo el tercer siniestro aéreo más mortífero en la historia de los Estados Unidos
La explosión del vuelo 800 de TWA en Estados Unidos: 230 muertos, mil teorías conspiranoicas y un misil que no existió
El 17 de julio de 1996, poco después de despegar de Nueva York rumbo a París, un Boeing 747-100 de Trans World Airways estalló en el aire. Cientos de testigos vieron una luz que ascendía hacia él y creyeron que era un misil. Corrieron las versiones más descabelladas hasta que, más de un año después, una investigación conjunta de la CIA, el FBI y la Dirección Nacional de Seguridad del Transporte reveló la verdad














