Fue un amerizaje forzoso hace 74 años. Un accidente que cambió la manera de entender la seguridad aérea y cuyo protagonista mecánico se ha encontrado, por fin, esta semana cerca de Puerto Rico. El avión, un Douglas DC-4 de Pan Am, mítica compañía estadounidense que ya entonces cubría todas las rutas imaginables. La Pan Am fue símbolo de un mundo moderno y de un planeta que se hacía pequeño. Llamada inicialmente Pan American World Airways, fue epítome del glamour aéreo en su tiempo, y también la responsable involuntaria de que la seguridad en cabina de todos los aviones comerciales cambiase radicalmente desde el accidente de ese avión.El vuelo del Viernes SantoEl aparato se llamaba Clipper Endeavor y cubría el vuelo 526A: San Juan de Puerto Rico–Nueva York. Despegó del aeropuerto de Isla Grande, en San Juan, la madrugada del 11 de abril de 1952, Viernes Santo. A bordo viajaban 69 personas: 64 pasajeros y 5 tripulantes. Poco después de salir, dos de sus cuatro motores fallaron. La tripulación no logró mantener el avión en el aire y tuvo que amerizar en el Atlántico, a unos 18 kilómetros de la costa.El impacto no fue lo peor. Todos los ocupantes sobrevivieron al choque contra el agua, aunque el DC-4 se hundió en apenas tres minutos, mucho antes de lo que cualquiera esperaba de un avión de ese tamaño. En la oscuridad y sin instrucciones claras sobre dónde estaban los chalecos salvavidas ni cómo abandonar la aeronave, la mayoría de los pasajeros no logró salir a tiempo. Murieron 52 personas y 17 sobrevivieron, rescatados por barcos que acudieron a la zona.Entre los supervivientes que aún viven hoy, hay dos historias que se han recuperado estos días: una mujer que entonces era una joven enfermera (ahora tiene 102 años), que ayudó a abrir la puerta del avión para que otros pudieran escapar, y un bebé que fue hallado flotando en la superficie del agua y reanimado por los equipos de rescate.De la tragedia a la normaLa investigación posterior, a cargo de la Civil Aeronautics Board (precursora de la actual FAA estadounidense), concluyó que la falta de instrucciones de seguridad previas al despegue había sido determinante en el número de víctimas. El organismo propuso entonces una batería de cambios normativos para reforzar la seguridad en los vuelos sobre el agua: chalecos salvavidas más accesibles, balsas y, sobre todo, una explicación obligatoria a los pasajeros, antes de cada despegue, sobre dónde están las salidas de emergencia y cómo usar el equipo de flotación.El ritual que hoy vemos ejecutado por la tripulación de cabina cada vez que volamos con la demostración cinturón, el chaleco, las salidas de emergencia y las máscaras de oxígeno, nace en buena medida de lo que ocurrió aquella madrugada frente a Puerto Rico.Setenta y cuatro años bajo el aguaDurante décadas, la ubicación exacta del Clipper Endeavor fue un misterio. Un primer intento de localizarlo con sonar de arrastre fracasó por el mal tiempo. Este año, la fundación Air/Sea Heritage, en colaboración con Deep Sea Vision y el programa Expedition Unknown del canal Discovery, retomó la búsqueda apoyándose en las antiguas actas de una vista judicial celebrada en Puerto Rico tras el accidente y en un mapa elaborado por pilotos militares que presenciaron el siniestro por casualidad, durante entrenamientos nocturnos.Con esos datos acotaron una zona de búsqueda de apenas diez millas náuticas cuadradas. Un dron submarino equipado con sonar de alta resolución localizó los restos el pasado 2 de junio, a casi 600 metros de profundidad, partidos en dos secciones: el fuselaje y la cola. Un posterior estudio fotográfico confirmó la identificación al mostrar el logotipo alado de Pan American todavía legible sobre el metal. El hallazgo se hizo público el 21 de julio. No hay planes de recuperar los restos pues los responsables de la expedición han señalado que consideran el lugar como una tumba y no será perturbado.La compañía que fue sinónimo de modernidadPan American World Airways nació en 1927, fundada por Juan Trippe, un joven empresario con una obsesión: unir el mundo por aire antes que nadie. Empezó con un correo aéreo entre Florida y Cuba desde Key West y en apenas una década ya operaba los legendarios hidroaviones Clipper que cruzaban el Pacífico y el Atlántico, convirtiendo trayectos de semanas en barco en saltos de uno o dos días. Durante décadas, junto a la TWA de Howard Hughes, fue la otra gran cara de la aviación estadounidense: mientras la TWA dominaba buena parte de las rutas domésticas, Pan Am se reservó el cielo internacional y con él la representación, casi diplomática, de Estados Unidos en el mundo.La casa de madera donde nació Pan Am en 1927 sigue en pie en Key West, Florida. Un cartel lo recuerdaJavier Ortega FigueiralFue Pan Am quien impulsó la era de los reactores comerciales con el Boeing 707 en 1958, y quien en 1970 estrenó el Boeing 747, el “jumbo” que democratizó, a su manera, el vuelo transatlántico. Sus azafatas y comandantes eran figuras casi de cine, y volar en un Clipper fue, para varias generaciones, la máxima expresión del glamour y del progreso: la promesa de que el planeta se había hecho, por fin, pequeño y accesible.Sin embargo, ese mismo mundo que Pan Am ayudó a construir acabó por dejarla atrás. La desregulación del sector en Estados Unidos en 1978 abrió la puerta a nuevas aerolíneas con estructuras más ligeras y rompió el modelo de rutas protegidas del que la compañía dependía. En 1988, el atentado contra su vuelo 103 sobre Lockerbie, en Escocia, con 270 muertos, fue un golpe reputacional y económico del que ya no se recuperaría. Pan Am se declaró en quiebra en 1991, el mismo año, casi simbólicamente, en que la aviación comercial empezaba a parecerse a la que conocemos hoy: rutas abiertas a la competencia y un mercado masivo muy diferente al que ella misma había inventado.Lee tambiénQueda, sin embargo, su huella más duradera, y es precisamente la que ha vuelto a salir a la superficie esta semana frente a Puerto Rico. Cada chaleco salvavidas que se explica antes de despegar, cada salida de emergencia que se señala es una consecuencia directa de aquel amerizaje de 1952. Y no es casualidad que, pese al aumento constante del tráfico aéreo, volar siga siendo, proporcionalmente, el medio de transporte más seguro que existe: ese historial se ha construido accidente a accidente, investigación a investigación.Encontrar los restos del Clipper Endeavor después de 74 años es, en ese sentido, más que un hallazgo arqueológico. Es un recordatorio de cómo funciona realmente la seguridad aérea: no buscando culpables, sino causas. Cada siniestro investigado a fondo (desde aquel DC-4 hundido en tres minutos hasta los accidentes que se analizan hoy), ha servido históricamente para cerrar un fallo y evitar que se repita.Pan Am ya no existe, aunque el reflejo automático de escuchar las instrucciones de seguridad antes de cada despegue, ese gesto que pocos miran ya con atención sigue siendo, setenta y cuatro años después, su legado más importante, junto a las nostálgicas fotos en blanco y negro, los hidroaviones, los Boeing 707 y aquellos primeros jumbos.
Pan Am, del glamour a la tragedia: Azafatas de cine, un aterrizaje mortal y el atentado de Lockerbie
Sin instrucciones sobre como evacuar el avión, 52 personas murieron y solo 17 sobrevivieron, rescatados por barcos que acudieron a la zona.











