Actualizado 17/07/2026 - 06:16h.

No voy a negar que el votante que observa cuanto ocurre en el mundo contemporáneo tiene motivos para estar preocupado, incluso alterado y hasta paranoico. La nueva política ha engendrado personajes estridentes y delirantes, que apelan sin pudor a estrategias salvajes de autopromoción y ... cuyo mayor atractivo es volcar toneladas de suspicacia sobre sus adversarios y los viejos consensos que cimentaron la paz social o el tránsito de gobiernos autoritarios a otros democráticos. Ese votante alarmado tiene razón: la política se ha convertido en un terreno propicio para los megalómanos y desquiciados, y al menos en el mundo hispano –aunque los sajones tampoco están muy allá– empieza a ser difícil dar con un presidente cuya falta de responsabilidad pública no irrite o escandalice.

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