13 de agosto, 2026 - 07h00El populismo prospera en la izquierda y en la derecha. Su discurso apela a los sentimientos y ha desplazado a la “racionalidad” de las ideologías. El voto no responde a propuestas doctrinarias. El debate sobre ideas ha caído en desuso; hoy están de moda el radicalismo y la descalificación. Las masas se han ausentado de las calles, las plazas y las concentraciones; ahora están en las redes y son la masa crítica de las sugestiones de la inteligencia artificial (IA).El partidismo apuntó a la tesis de que la democracia operaba en torno a estructuras de pensamiento, a ideas. Pero, superado el mundo de la racionalidad, los partidos entraron en crisis, perdieron los referentes y se transformaron en carátula del populismo y en organizaciones vaciadas de contenido, en discursos que aluden a realidades superadas, a formalismos electorales, a retórica. Y prosperaron así el personalismo y los partidos de caudillos.La historia del Ecuador de los últimos 25 años es la evidencia de la caducidad del sistema de partidos, y de su suplantación por otras formas de acceder y de ejercer el poder. Los partidos son ahora fórmulas precarias. Desapareció la democracia cristiana, se extinguió la socialdemocracia, la izquierda radical es una confusa masa de antiguas dirigencias y del sindicalismo de vieja data. ¿Y el PSC? En la derecha no hay partidos; hay gestiones personalistas del poder. Por su parte, los eternos aspirantes al retorno buscan camuflajes para operar electoralmente. Las opciones, en todos los casos, están en las personas, en caudillos, no en estructuras ni en ideas.La sociedad civil, hace tiempo ya, no tiene militancias claras. Hay tendencias electorales que responden al personalismo de los dirigentes, a sus estilos. No hay ideas que constituyan factores de movilización social, y sobre esa realidad no pueden funcionar los partidos. Desde hace bastantes años, no han actuado sobre ideas; se han organizado y operado tras membretes a veces alquilados, y se han transformado en agencias que periódicamente gestionan elecciones. La Asamblea Nacional es el acabado ejemplo de la forma en que se practica la representación nacional. Sus debates corresponden a la naturaleza de un sistema de gestión electoral y de sobrevivencia coyuntural del respectivo régimen.En semejante crisis, con instituciones que son enunciados y no realidades al servicio de la gente, con una democracia que afirma cada día su tendencia hacia el electoralismo, entendido como recurso cargado de demagogia, cuya meta es llegar al poder, quedarse, articular intereses de grupos de presión y expresar la “sociedad peligrosa” que ha suplantado a la casi inocente sociedad civil, en esas circunstancias, cabe preguntarse si será posible volver al viejo sistema de partidos políticos que parece agotado. Y la pregunta está también cargada de la duda de si las generaciones de jóvenes saben lo que el partido significa, si será posible suscitar entusiasmo sobre un régimen que para muchos de ellos resultará incomprensible, cargado de pasado, arcaico.Para pensar más allá de la coyuntura. (O)