España es uno de los países europeos con peores perspectivas demográficas. Sin embargo, la población todavía no es consciente del cambio tan drástico que se avecina, porque la situación actual es relativamente confortable. España tiene actualmente 36 personas en edad de jubilación (de 66 años o más) por cada 100 en edad de trabajar (de 20 a 65 años). Es el séptimo país de la UE en mejor situación, pero esto cambiará rápidamente en las próximas décadas. Según las proyecciones de población de la Comisión Europea, España es el país que más va a envejecer hasta el año 2050. La tasa de dependencia aumentará en 29 puntos, lo que significa que prácticamente se va a duplicar en un cuarto de siglo. Pasará de estar en una de las posiciones más confortables de toda la UE a ser el cuarto país con la peor ratio de dependencia. Los datos de la Comisión Europea muestran que el problema va a llegar de una forma muy drástica. Actualmente hay una buena parte de la población concentrada en edades previas a la jubilación (la generación del baby boom) que va a superar los 65 años de forma inminente. Ningún otro país europeo va a envejecer tan rápido. Y algunas provincias van a vivir una situación dramática, hasta el punto de que el número de jubilados supere al de trabajadores. Un desequilibrio de la pirámide poblacional que pondrá al límite a las cuentas de la Seguridad Social. España tiene 10 provincias entre las 50 de Europa con peores perspectivas demográficas (nuts3 en nomenclatura europea). Son provincias que tendrán una tasa de dependencia superior a 80 mayores de 65 años por cada 100 en edad de trabajar. Se trata de Zamora, León, Ourense, Asturias, Salamanca, Lugo, Cáceres, Ávila, Palencia y Pontevedra. Las dos peores son Zamora y León, a quienes les espera un futuro mucho más dramático. La Comisión Europea prevé que en 2050 tengan más personas en edad de estar jubiladas que en edad de trabajar. De hecho, el caso de León es uno de los más dramáticos, ya que la ratio de dependencia se va a disparar en 50 puntos en apenas 25 años. Vivirá uno de los procesos de envejecimiento más dramáticos de toda Europa. Esta situación no sólo pondrá a prueba las cuentas de la Seguridad Social, sino también la propia supervivencia de estas provincias. O, al menos, de las zonas rurales. El problema no sólo será pagar las pensiones (que están sostenidas por todo el Estado), sino conseguir mantener la actividad económica mínima para retener a la población en esas zonas. Con más de la mitad de la población dependiente, será difícil que existan trabajadores suficientes como para poder proveer de todos los servicios básicos, como sanidad, educación, cuidados de larga duración o, incluso, limpieza. Este nivel de envejecimiento no sólo es un problema para la sostenibilidad de las cuentas públicas, sino para la supervivencia de las provincias. Una situación límite Comparar un mapa de envejecimiento de hoy y de 2050 muestra la magnitud del reto al que se enfrenta España. De hecho, España tiene 15 provincias entre las 50 europeas en las que más va a empeorar la tasa de dependencia. Son León, Zamora, Cáceres, Asturias, Pontevedra, Ciudad Real, Salamanca, Jaén, Ávila, Valladolid, Albacete, Badajoz, Cantabria, Córdoba y Segovia. En términos generales, el deterioro de la tasa de dependencia está correlacionado con el punto de partida. Las regiones que están más envejecidas en 2025 son también las que más van a empeorar hasta 2050. Esta situación se observa en el siguiente gráfico. Las provincias que están más a la derecha (tasa de dependencia en 2025) están también más arriba (mayor incremento de la tasa de dependencia hasta 2050). Sin embargo, España es un país particular, porque va a sufrir un envejecimiento de todas las provincias independientemente de su punto de partida. Por ejemplo, la tasa de dependencia en Ourense y en Guadalajara va a empeorar prácticamente en la misma cuantía, casi 35 puntos porcentuales. En otros países, como es el caso de Francia, la mayor parte de sus provincias están por debajo de la línea de tendencia. Esto significa que el deterioro de su pirámide poblacional va a ser inferior al de la UE, sea cual sea su punto de partida. En España, sólo hay una provincia que queda claramente por debajo de la línea de tendencia, Barcelona. Es la única que tiene un comportamiento mejor al que tendría dada su posición de partida. Y la explicación está en los flujos migratorios que recibe, tanto del extranjero como del resto de España. Ni siquiera las provincias que albergan a las grandes capitales conseguirán escapar de este envejecimiento. España hizo una transición demográfica acelerada (del baby boom al desplome de la natalidad) que ha provocado este desequilibrio actual. El país pasó de tener cerca de 700.000 nacimientos al año hasta mediados de los 70 a tener menos de 350.000, en los años 90. Esto es, en apenas 15 años, el número de nacimientos se hundió a la mitad. TE PUEDE INTERESAR Las proyecciones demográficas de la Comisión Europea muestran que la llegada de inmigrantes será insuficiente para compensar el gran deterioro de la tasa de dependencia que va a vivir el país. Por ejemplo, la provincia de Madrid (una de las que más inmigrantes recibe), sufrirá un deterioro de su tasa de dependencia de casi 20 puntos, empeorando la media de la UE, que es un deterioro de 18 puntos. Hoy por hoy, la pirámide poblacional sigue sin apretar a España, pero esto cambiará drásticamente en el próximo cuarto de siglo. Y, como suele ocurrir, el problema no se abordará hasta que estalle. España es uno de los países europeos con peores perspectivas demográficas. Sin embargo, la población todavía no es consciente del cambio tan drástico que se avecina, porque la situación actual es relativamente confortable. España tiene actualmente 36 personas en edad de jubilación (de 66 años o más) por cada 100 en edad de trabajar (de 20 a 65 años). Es el séptimo país de la UE en mejor situación, pero esto cambiará rápidamente en las próximas décadas.