Hay una escena que ilustra la situación demográfica que vive Moldavia: "Cuando alguien muere, según la tradición local, ocho hombres deberían cavar la tumba, pero en algunos pueblos moldavos apenas se pueden encontrar ocho hombres adultos", cuenta el sociólogo y periodista Vitalie Sprînceană. En Moldavia, faltan sepultureros, faltan médicos; la población está envejeciendo y, en el futuro, podría no haber suficientes contribuyentes para sostener unas pensiones bajas y unos servicios públicos insuficientemente financiados. Debido a la emigración masiva, es uno de los países que más rápidamente pierden población en el mundo: uno de cada cuatro moldavos vive en el extranjero. Ahora, el Estado intenta atraer a sus ciudadanos para que regresen. Escasez de médicos y sepultureros Si en 1991 Moldavia tenía casi cuatro millones y medio de habitantes, hoy viven en el país menos de tres millones. Uno de cada cinco niños crece con un solo progenitor o incluso sin padres. El país sufrió una grave y prolongada crisis económica poco después de obtener su independencia de la Unión Soviética y fue durante mucho tiempo considerado el país más pobre de Europa. Sigue estando entre los más pobres, aunque hoy, en términos de PIB per cápita, Ucrania —devastada por la guerra— y si se considera Kosovo –cuya independencia es reconocida por solo aproximadamente la mitad de los miembros de la ONU— presentan peores cifras. Un vecino observa desde un balcón de Chisináu, la capital moldava (P.D) La emigración masiva por motivos laborales comenzó en la década de 1990. Inicialmente, emigraban sobre todo los hombres, que se iban principalmente a Rusia para trabajar en la construcción, donde podían viajar sin visado y hablaban el idioma. Tras la crisis financiera rusa de 1998, la población empezó a emigrar cada vez más hacia Occidente, especialmente a Rumanía e Italia. Allí, las mujeres moldavas cubrieron la creciente demanda de cuidadoras. Al principio, la única opción era cruzar las fronteras de forma ilegal. Esto cambió en 2007, con la entrada de Rumanía en la UE, lo que desencadenó una nueva ola masiva de emigración. Rumanía permite conceder la ciudadanía a aquellos que fuesen ciudadanos rumanos antes de 1940 —cuando la Unión Soviética anexó Besarabia, el territorio de la actual Moldavia— y a sus descendientes hasta la tercera generación. Hoy, un tercio de la población moldava posee doble nacionalidad. "Los mejores se han ido" Otra ola de emigración golpeó a Moldavia en 2014, impulsada por la introducción de los viajes sin visado a la Unión Europea y por una pérdida generalizada de confianza tras el escándalo de corrupción conocido como 'el robo de los mil millones'. Entre los artífices del fraude —mediante el cual se desvió mil millones de dólares del sistema bancario moldavo— figuraban los oligarcas Ilan Shor y Vladimir Plahotniuc, sancionados por la UE, así como el ex primer ministro Vlad Filat, líder del Partido Liberal Democrático de Moldavia, que llegó al poder en 2009 con la promesa de sacar al país de la pobreza y acercarlo a la UE. TE PUEDE INTERESAR Los chistes sobre rumanos con los que arrasan estos 'influencers' riéndose de sí mismos POR Lola García-Ajofrín Sebastian Pricop (Hotnews. Rumanía) Vídeo: Lucía Cencerrado Edición vídeo: Marta Abascal En aquella época, los hijos de los emigrantes que habían partido a comienzos del milenio para desempeñar trabajos precarios en Occidente también empezaron a marcharse en gran número. A diferencia de sus padres, no abandonaban el país únicamente por su miserable situación económica, sino también por las esperanzas políticas frustradas y por el deficiente estado de los servicios públicos. Vlada Ciobanu, directora y consultora en participación ciudadana en la Coalición del Sector Cultural Independiente (P. D) "La educación universitaria era un negocio cuando yo estudiaba; los títulos se vendían", explica Vlada Ciobanu desde la austera oficina blanca del Centro de Políticas y Reformas, una organización que trabaja en transparencia y la participación ciudadana. Como confirma el sociólogo y experto en migración Alexandr Makuhin, emigrar, entoces, era simplemente algo "normal". "Si querías desarrollar una carrera concreta, triunfar en la investigación científica o trabajar para una multinacional, no tenías otra opción". Sprînceană explica que, justo cuando las redes sociales comenzaban a desempeñar un papel cada vez más importante, llegaron al poder partidos cuyo principal programa era una rápida integración en la Unión Europea. Como consecuencia, el debate público moldavo sobre la emigración cambió de manera fundamental. "Uno de los relatos dominantes es la afirmación de que 'los mejores se han ido", explica Sprînceană. Dice que hay algo de verdad en ello: "Desde los 90, médicos, ingenieros, profesores y científicos se marcharon para desempeñar en Occidente trabajos muy por debajo de sus cualificaciones". Sin embargo, hasta 2010 ni siquiera se utilizaba la palabra 'diáspora'; la gente simplemente hablaba de los Gastarbeiter moldavos (inmigrantes laborales). TE PUEDE INTERESAR Durante la década de 2010, gracias a la creciente influencia de las nuevas tecnologías, una parte de la diáspora moldava comenzó a participar en los asuntos políticos nacionales desde la distancia. "Empezaron a comentar la situación interna, expresando su enfado, tristeza o alegría por lo que ocurría aquí. Y, lo más importante, comenzaron a participar en las elecciones", continúa Sprînceană. Explica que las llamadas fuerzas proeuropeas se dieron cuenta de que se trataba de un enorme electorado muy fiel a determinados aspectos de su programa. Y empezaron a dirigirse a la diáspora en sus campañas". Por ello, el relato de que 'los mejores se han ido' también expresa el descontento de una parte de las élites con la población que permanece en el país. En 2012, bajo el gobierno retóricamente proeuropeo de Vlad Filat, se creó la Oficina de Relaciones con la Diáspora con el objetivo de fortalecer los vínculos entre los emigrantes moldavos y su país de origen y, de manera crucial, facilitar su regreso al país que se estaba despoblando, en caso de que así lo desearan. Fiebre del oro "Volver a Moldavia es como regresar al Lejano Oeste, como ir a California durante la fiebre del oro. No es nada fácil. Pero ahora es el mejor momento para regresar. Tienes que trabajar como un caballo durante uno o dos años, demostrar lo que vales, y empezarás a ganar suficiente dinero para llevar una vida más cómoda que la que tendrías en Estados Unidos o en Europa", dice Vlad Vedrașco, un hombre de 38 años vestido con una camisa blanca de rayas azules, en un restaurante de la capital, en el que una botella grande de agua mineral, un café latte, una tortilla y una bruschetta de roast beef cuesta el equivalente a más de 20 euros. El salario medio ronda los 800 euros. TE PUEDE INTERESAR Este es el retrato robot del migrante que Europa odia (y su preferido) POR José Ramón Pérez Ilustración: Emma Esser Infografía: Blanca Casanova Vedrașco, hijo de viticultores y licenciado en Economía, emigró a Estados Unidos en 2013 para perseguir su "sueño americano". Dice que heredó de sus padres el "gen emprendedor" y que, en apenas dos años, se convirtió en un exitoso empresario del comercio electrónico. "Pero espiritualmente no me sentía realizado; había algo vacío dentro de mí. Creo que estuve esperando una razón para regresar todo ese tiempo", relata. Encontró esa razón en 2018, cuando sus padres ya no podían gestionar la bodega familiar. Hoy exporta vino desde su pueblo natal a la Unión Europea y comparte sus conocimientos con otras personas del sector. "Cumplí mi sueño americano en Moldavia: me convertí en un empresario próspero que influye positivamente en la vida de los demás", declara. Construir una 'Moldavia europea' sin mano de obra La administración pública moldava intenta activamente promover historias similares de retornados exitosos que 'encontraron oro' en su tierra natal para atraer de vuelta a jóvenes profesionales. La mayoría de los programas de retorno están dirigidos a pequeños empresarios y ofrecen ventajas fiscales y subvenciones. Además, el Estado intenta atraer a ciudadanos residentes en el extranjero destacando la oportunidad de influir de forma rápida en los asuntos internos y contribuir a la construcción de una 'Moldavia europea moderna'. Los fondos europeos están llegando al país, el Estado necesita personas y es posible ascender en la administración pública de manera relativamente rápida y sencilla. "Si quieres hacer algo por tu comunidad o implicarte en la sociedad civil, ves resultados con relativa rapidez", conviene Vlada Ciobanu. Especialmente ahora, cuando los ayuntamientos y el Gobierno son algo más abiertos que antes. "Aquí experimentas más que en el extranjero la sensación de que importas y de que tu voz tiene peso", apunta. TE PUEDE INTERESAR Ciobanu regresó al país en 2013, cuando ya era evidente el deterioro de la democracia debido a la corrupción de alto nivel durante el gobierno de Vlad Filat. "Todo el mundo me miraba de forma un poco extraña; volver del extranjero se veía entonces como un fracaso". Cuenta que, los tres años siguientes, la mayoría de sus amigos se marchó: "Algunos decían que regresarían cuando el país estuviera en orden"; pero, si nadie vuelve, "¿quién va a hacer que eso ocurra?", pregunta con una sonrisa. Mejor pobre en casa que rico en el extranjero Sin embargo, las condiciones salariales en los sectores público y social siguen siendo insatisfactorias en comparación con el sector privado. Especialmente en el contexto de la guerra en Ucrania, que provocó una crisis energética y una elevada inflación, Moldavia ha recurrido a préstamos del Fondo Monetario Internacional, que exige a sus deudores 'disciplina fiscal', es decir, austeridad. TE PUEDE INTERESAR ¿Pánico agrícola u oportunidad en la UE? La próxima batalla de Ucrania será el grano POR Oxana Bodnar. Moldavia (Hotnews) Lola García-Ajofrín. Bucarest Alicia Alamillos. Lviv (Ucrania) Gráficos: Ana Somavilla Desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, la situación geopolítica ha dominado el debate público en Moldavia. Muchos temían que, si Ucrania caía, la siguiente en la lista sería la vecina Moldavia, un país casi veinte veces más pequeño en superficie. Aunque eso no ocurrió, la guerra en el país vecino afecta directamente a Moldavia. A mediados de marzo, el Gobierno declaró el estado de emergencia debido a la contaminación por combustible del río Dniéster tras un ataque ruso contra una central hidroeléctrica ucraniana. Del mismo modo, Moldavia sufre cortes de electricidad como consecuencia de los ataques rusos contra la infraestructura energética de Ucrania. La Unión Europea abrió negociaciones de adhesión con Moldavia en diciembre de 2023. Mientras que Macedonia del Norte o Serbia han permanecido como países candidatos durante más de una década y su adhesión a corto plazo parece improbable, el Gobierno moldavo está adoptando apresuradamente las reformas exigidas por la UE con la esperanza de concluir un tratado de adhesión antes de 2030. TE PUEDE INTERESAR La continuidad de la integración europea fue confirmada por un estrecho margen, aunque finalmente de manera decisiva, en 2024 mediante dos procesos electorales simultáneos: un referéndum para consagrar en la Constitución moldava el compromiso de integración en la UE y unas elecciones presidenciales en las que Maia Sandu, del gobernante Partido de Acción y Solidaridad (PAS), de centro-derecha liberal, obtuvo un segundo mandato consecutivo. Esta orientación volvió a confirmarse en 2025, cuando el PAS ganó las elecciones parlamentarias. Esos resultados electorales habrían sido diferentes de no haber sido por los votos de la diáspora moldava, que actualmente cuenta con aproximadamente un millón de personas. Stela Crudu, una de las moldavas que han regresado, se fue a Italia a trabajar como cuidadora. Pidió un préstamo y no podía hacer frente a los pagos; le llevó dos años saldar las deudas. "Durante otros tres años intentó ahorrar algo de dinero y, después de cinco años, regresó a nuestro pueblo", agrega su hermano, Dumitru. Como cuidadora en Italia ganaba unos 1.300 o 1.400 euros al mes. Hoy, en una fábrica moldava, su salario es de entre 400 y 500 euros. TE PUEDE INTERESAR Pero dice que prefiere ser pobre en su patria que rica en el extranjero. "Además, en nuestro pueblo puede vivir en su propia casa y tener animales", puntualiza Dumitru. La mayoría no regresará Sin embargo, no se está produciendo una inversión de la tendencia emigratoria, como explica el experto en migración Alexandr Makuhin. Entre 2020 y 2025 el país perdió más de 200.000 habitantes. Y, "quienes regresan lo hacen principalmente por razones personales", especifica. Muchos de los que se fueron, por el contrario, ya se sienten más vinculados a sus países de acogida, donde tienen trabajo, vivienda o una familia. Entre 2020 y 2025 el país perdió más de 200.000 habitantes (P.D) Makuhin cuestiona que los programas gubernamentales dirigidos a la diáspora suelen apelar a la nostalgia: eres moldavo, vuelve a tu país, ¡te recibiremos con los brazos abiertos! "Puede sonar cínico, pero la forma más eficaz de conseguir que la diáspora regrese es mediante apoyo económico", advierte. Y no se puede atraer a la gente únicamente con la promesa de un buen empleo: "Necesitamos mejor transporte público, un sistema de protección social y viviendas asequibles, algo de lo que no se habla". "La inmensa mayoría de los emigrantes moldavos nunca regresará", advierte Sprînceană, quien cree que no tiene sentido gastar recursos públicos intentando convencer a quienes no pueden ser convencidos. "Sí, Moldavia necesita gente, pero en muchas regiones del mundo la vida es mucho más difícil que aquí, y para ellos, Moldavia puede ser un destino atractivo", agrega. En el centro comunitario Casa Zemstvei, en Chisináu, preguntamos una mujer de pelo corto, por qué regresó de Italia. –¿Qué había que hacer allí? --sortea la pregunta. –¿Y en Moldavia? –replicamos –Es un país muy pequeño y dinámico, Estamos constantemente construyendo, reconstruyendo, destruyendo y buscando algo nuevo. Es el país perfecto para desaprender y deconstruir. Mucho mejor que Occidente", concluye. * Este artículo es parte del resultado de una colaboración periodística transfronteriza europea dentro del proyecto EU NEIGHBOURS east.