La crisis del consumo llegó a las panaderías, donde los clientes dejaron de comprar el pan por kilo, redujeron las cantidades a una o dos flautas y prácticamente eliminaron las facturas, las tartas y las tortas. Pero la señal que más preocupa al sector es otra: los jubilados, históricamente parte de la clientela cotidiana, prácticamente desaparecieron de los locales.
“La situación de los panaderos de la República Argentina es crítica. Seguimos en caída libre. Hace dos años y medio nos sentamos en un tobogán y no paramos de caer”, describió Martín Pinto, presidente de la Federación de Panaderos de Merlo y referente de CIPAN.
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Según explicó, el deterioro del poder adquisitivo modificó por completo la forma de comprar. Los consumidores ya no llegan al mostrador para pedir medio kilo o un kilo de pan, sino que entran con una cantidad determinada de dinero y consultan qué pueden llevar.
“Hoy vienen y compran todo fraccionado, una o dos flautitas. La gente ya no compra por kilo, compra por lo que le alcanza en el bolsillo”, señaló Pinto.







