Como era previsible, el apagón ha cambiado la política energética del Gobierno y también de la Comisión de la Competencia, que tiene mucha relevancia reguladora en España y es corresponsable del caos que llevó al apagón. Los políticos construyen relatos, pero la realidad es como un grifo mal cerrado. Al principio mancha el fregadero, pero con el tiempo consigue perforar el acero. España es un experimento mundial en el desarrollo renovable, comparable al de California. California tiene una población de unos 40 millones de personas, 11 millones de latinos de primera o segunda generación y una extensión un 15% inferior a España, y un salario medio más del triple que en España, y ha instalado 47 gigavatios de energías renovables, la mitad que en España. España fue pionera en el desarrollo de energía eólica y consiguió también desarrollar un ecosistema industrial que hoy es uno de nuestros sectores de exportación con mayores ventajas competitivas. Pero el desarrollo de la energía fotovoltaica ha sido un caos y un ejemplo para otros países de errores que no deben cometer. Primero, con los Gobiernos de Zapatero, se llegaron a pagar primas disparatadas de más de 300 euros por megavatio hora solo para tener el relato de ser un gobierno verde. Luego dejó un déficit de tarifa cercano a 3.000 millones de euros anuales y una deuda acumulada que hubo que titulizar de unos 40.000 millones, el 4% del PIB de la época. Los Gobiernos de Rajoy tuvieron que reducir ese agujero fiscal, tras el rescate de 2012, y los cambios regulatorios provocaron un grave problema de inseguridad jurídica en España que aún seguimos padeciendo. Un fondo nos acaba de embargar la sede del Instituto Cervantes en Utrecht porque el Estado español es un moroso que no cumplió sus contratos y sus compromisos, y el centro de arbitraje internacional le dio la razón al fondo. El segundo Gobierno de Rajoy aprobó subastas de energía solar, principalmente, y esa ha sido la base del desarrollo posterior. La fotovoltaica es ya la fuente primaria de generación de electricidad con más potencia instalada en España, 55 gigavatios, un tercio del total de capacidad instalada y más que todas las renovables que ha instalado California. El desarrollo desde 2015 ha sido privado y sin subvención del Estado, y a costes inferiores a 40 euros el megavatio hora, gracias a la facilidad de crédito y a tipos muy bajos en la última década. Pero, a diferencia de la energía eólica, no ha habido desarrollo industrial y tecnológico, ya que China ha conseguido el monopolio de la producción de placas fotovoltaicas en el mundo. El 40% de la inversión en fotovoltaica se produce en España, la mayoría en estructuras metálicas y gastos de instalación, mientras en la energía eólica el 90% de un parque se genera en nuestro país, y eso ha servido para que la mayoría de las empresas de ese sector sean multinacionales que venden electricidad, bienes industriales y servicios de ingeniería desde California hasta Japón y Australia. TE PUEDE INTERESAR Opinión En el apagón ya fue evidente que había un exceso de producción fotovoltaica en horas de sol que supera la demanda y genera problemas de estabilidad en la red y graves problemas de rentabilidad a las empresas que han invertido, ya que se ven obligadas a verter su electricidad a la red a precios por debajo de los 40 euros que les costó la inversión, la mayoría de las horas que producen. Tenemos un problema de cambio climático y es necesario reducir las emisiones contaminantes, pero la transición energética no será sostenible si las inversiones no dan una rentabilidad al capital superior a la que da la deuda pública más el riesgo asumido, y eso en España no está pasando. La solución es sencilla: aumentar la demanda y desarrollar sistemas para almacenar el exceso de electricidad generado. El Gobierno lo reflejó bien en su planificación energética, que envió a Bruselas en 2020, pero ha sido un estrepitoso fracaso en su ejecución y la imagen internacional del experimento renovable español deja mucho que desear. Hay demanda en firme para crecer en nuevas fábricas y centros de datos, pero el Gobierno y Red Eléctrica no han construido la red necesaria para conectarlas; llevan un retraso de unos ocho años en la ejecución de sus planes. TE PUEDE INTERESAR Opinión En almacenamiento se ha avanzado en la regulación, principalmente eliminando y/o simplificando la regulación y la burocracia ambiental, como pedía el informe Draghi. Pero el desarrollo se hace donde se puede y no donde se debería y, de nuevo, favoreciendo la política industrial china y sin ninguna visión estratégica de largo plazo para hacer desarrollo industrial en España, como se hizo con los Gobiernos de Felipe González en los años ochenta con la energía eólica. El Gobierno ha concentrado unos mil millones de euros, la mayoría con fondos europeos, en subvencionar baterías de acumulación que son producidas en China y que usan tierras raras, de las que la mayoría de las reservas del mundo están en manos chinas. Repetimos la historia y los errores de la fotovoltaica, subvencionamos una tecnología aún inmadura y asumimos el coste del desarrollo tecnológico chino con dinero de los contribuyentes europeos. La parte positiva es que el desarrollo se hace a demanda, donde hay hueco para conectarlas a la red, y para hibridar plantas, principalmente de fotovoltaica, que les permite a sus propietarios aumentar la rentabilidad del capital y, por lo tanto, reducir la insostenibilidad del modelo de transición energética anterior. California nos lleva la delantera, ya que tiene instalados unos 16 gigavatios de almacenamiento, la mayoría en baterías, un 15% de su capacidad instalada de renovables, mientras en España solo hay instalados 5 gigavatios de almacenamiento, la mayor parte en centrales de doble bombeo. Pricewaterhouse acaba de publicar un informe muy interesante al respecto. En California, el desarrollo de baterías ha ayudado a reducir la ineficiencia del sistema eléctrico, pero al tercer año de arbitrar esas ineficiencias, acumular en baterías y consumir después es menos rentable y, de nuevo, da problemas de sostenibilidad en la transición climática a largo plazo. Además, su uso es muy limitado en horas de uso y no sirven para conseguir estabilizar la red y evitar sobretensión y apagones. TE PUEDE INTERESAR Opinión Por el contrario, las centrales de doble bombeo tienen infinita más capacidad de almacenamiento que una batería, y eso permite regular mejor cuándo se sube el agua y a qué coste, y cuándo se vierte y a qué coste. Y la energía hidráulica fue la que permitió recuperar la electricidad tras el apagón, ya que, además de sincrónica, tiene generación instantánea: basta con abrir las compuertas, y no genera emisiones contaminantes. Mientras la vida útil de una batería de litio está próxima a los 20 años, los proyectos de doble bombeo duran más de 60 años. Esto es una ventaja y un gran inconveniente, ya que eso exige seguridad jurídica en la inversión y, lamentablemente, España sigue siendo el país que los inversores perciben con mayor inseguridad jurídica de Europa en desarrollo de energías renovables, según Exane, el bróker de bolsa de BNP Paribas. Al contrario que las baterías, España es líder mundial en tecnología, ingeniería y construcción de centrales de doble bombeo y el desarrollo de centrales en España sería el equivalente a la compra innovadora que recomienda el informe Draghi para mejorar la competitividad de la industria europea, y lo que estamos haciendo es financiar el desarrollo tecnológico de la industria china. El Estado ha concentrado 200 millones en ayudas a las centrales de doble bombeo, una quinta parte de lo que ha metido en las baterías. El problema principal en las centrales de doble bombeo es que exigen obras en presas y eso provoca el rechazo de ecologistas y asociaciones locales, que hacen que los políticos españoles no las desarrollen. De nuestra estupidez se está aprovechando Portugal, que recibe agua de nuestros ríos y la usa para mejorar sus centrales de doble bombeo, reducir su coste energético y su competitividad industrial, y también para regar y desarrollar la agricultura y la industria agroalimentaria. España ha tenido la fortuna de tener las mejores condiciones de sol, viento y agua de Europa para aprovechar la revolución tecnológica en renovables, disponer de un coste energético más barato para hacer desarrollo industrial que mejore, además del empleo, los salarios. Lo que nos hace falta es algo de vida inteligente de las personas que tienen que decidir y planificar la economía española para la próxima década.