Correr la millaMiguel �ngel Blanco estaba obsesionado con que Ermua tuviera un polideportivo; ETA lo asesin� en nombre del Pueblo, con may�sculaMiguel �ngel Blanco, en una imagen rescatada por el documental.Actualizado Martes,

julio

23:10Audio generado con IAHace ya algunos a�os, cuando yo era reportero y Hernani un h�rrido museo al aire libre del terror, sol�a comenzar all�, en las campa�as electorales, una serie de reportajes que hac�a a modo de �la otra caravana�. Me recib�an en la sede del PSE, que hab�a sido por dos veces chamuscada por los cachorros etarras, unos concejales que jam�s alardeaban de su valor. Lo llamativo de esa gente que era capaz de sacrificarlo todo es que cuando hablaban de pol�tica no mentaban grandes conceptos. No se perd�an en disertaciones sobre la libertad, la democracia o el progreso. Hablaban de problemas vecinales, asuntos bien poco heroicos. Era algo verdaderamente desconcertante el contraste entre su entrega y su aspiraci�n. Estaban dispuestos a darlo todo y aparentemente aspiraban a poco. No pretend�an arreglar la democracia sino la barandilla. Esto chocaba.Me acord� de ellos cuando o� a Miguel �ngel Blanco en un pleno del Ayuntamiento de Ermua, en unas im�genes que rescataron Jon Sistiaga y Juanjo L�pez en el documental que acaba de estrenar Netflix. A los que no lo conocimos, lo que nos viene a la mente de Miguel �ngel Blanco es aquel retrato que ya es una especie de icono. Congelado en una foto de fotomat�n, despeinado, y para siempre con 29 a�os, mientras los de su generaci�n, como el Rey, van envejeciendo. No recordaba haber o�do a Miguel �ngel Blanco. Su voz, supongo, solo les resultar� familiar a aquellos que lo llamaban de forma llana: M�guel.En el v�deo, M�guel habla de las denuncias de los vecinos por no s� qu� problema. Todo es de un prosa�smo consistorial muy extra�o. Uno lo imagina citando a Stuart Mill para armarse de valor ante el supremo sacrificio y resulta que el hombre andaba en los plenos revisando un plan general y diciendo cosas como: �Tambi�n pedimos que no se demore mucho el problema este, porque es un problema para los vecinos de[l barrio de] Okinzuri�.Gonzalo Fern�ndez, un compa�ero de Nuevas Generaciones, dice en una de las entrevistas del documental: ��l estaba interesado en hacer cosas para el pueblo, hablaba mucho del polideportivo�. Hay una distinci�n fundamental. Miguel �ngel Blanco hablaba y trabajaba por el pueblo, con min�scula; ETA lo asesin� en nombre del Pueblo, con may�scula, una pura abstracci�n fan�tica. Al parecer, M�guel estaba obsesionado con que Ermua tuviera un polideportivo. Qu� cosas. Creo que esta aspiraci�n tan modesta da la medida de su heroicidad.