Sabía que lo iban a matar y, aun así, se quedó. Esta podría ser una de las frases que resumiera quien fue Ángel Pascual, un hombre (casi) olvidado por la historia. Uno más entre las 853 víctimas mortales de ETA, según datos del Ministerio de Interior. Pero Pascual fue mucho más un número. Ángel Pascual era un ingeniero nuclear de la central de Lemóniz (Vizcaya). Una central que empezó a construirse en 1972 por la empresa Iberduero (luego Iberdrola) y que nunca llegó a ponerse en marcha tras múltiples protestas de grupos ciudadanos, ecologistas y antinucleares en una España que empezaba a despertar del letargo de la dictadura.

La central nunca llegó a ponerse en marcha porque, a fines de los 70, la organización terrorista decidió sumarse a las protestas con su habitual forma de actuar, a base de Goma-2 y arrebatando vidas, con el objetivo de detener las obras a cualquier precio. Una de las vidas segadas fue la de Pascual, que también era la mano derecha de Jose María Ryan, el ingeniero jefe; secuestrado y asesinado antes que él. Por eso, Pascual, que recibió múltiples amenazas, sabía que lo iban a matar. Ángel Pascual fue la última y novena víctima mortal de Lemóniz.

Este episodio negro de la historia reciente de España es el que han elegido el guionista Florentino Flórez (1961, Avilés) y el dibujante Guillermo Sanna (1976, Palma) para rendir homenaje a aquellos hombres a los que mataron por ir a trabajar. “No hemos hablado con las familias, no hemos hablado con nadie involucrado directamente hasta ahora”, explica Flórez a elDiario.es frente a una jarra de agua y rodeado de cómics en la madrileña librería Generación X.