Luis BenvenutyBarcelona 14/07/2026 06:00 Actualizado a 14/07/2026 15:35 Los veranos? –responde Otilia con un gesto de ligera extrañeza, sentada en un banco de la tremendamente histórica turronería y horchatería Planelles Donat de Barcelona–, pues los veranos siempre fueron como los inviernos, trabajando, atendiendo a los clientes. Sí, bueno, en invierno pues vendes sobre todo turrones y en verano sobre todo horchatas, pero...”.“¿Pero no se iba nunca de vacaciones?”, le pregunta este cronista amamantado en los privilegios del estado del bienestar. “¿Vacaciones? ¿en verano? Bueno, a veces ibas al pueblo, cuando podías, de vez en cuando –responde Otilia–. Es que esto es un negocio familiar de siempre, y en los negocios familiares de siempre has de estar ahí, tras el mostrador, atendiendo a la gente, cuidándola... El secreto está en querer a la gente, que todo el mundo se sienta bien. ¿Le han ofrecido ya una horchata?”.“¿Vacaciones?, bueno, a veces ibas unos días al pueblo... Es lo que tienen los negocios familiares”Otilia Donet es de Xixona, y tiene 99 años, y en un par de semanas cumplirá un siglo, y cada mañana acude día sí día no a este negocio del Portal de l’Àngel para comprobar que sus nietos y demás trabajadores tienen bien dispuestos los escaparates, atienden a los clientes con la amabilidad de siempre y, sobre todo, continúan haciendo los paquetitos como Dios manda, con esos lacitos que te permiten llevarlos alegremente sin necesidad de ninguna bolsa de plástico. No pocos vienen por este negocio desde hace lustros.Otilia, en la horchatería de su familia, comenzando a trabajarArchivo familiarY aquí se refieren a Otilia como la jefa, y también como la mestressa . Y unos y otros coinciden en que lo de los paquetitos, y también los obligados buenos días y gracias religiosamente dirigidos a todo el que entre en el comercio no son ninguna tontería, que son estos detallitos el secreto que te permite atesorar tantos clientes de toda la vida que ya trajeron a sus hijos, tantos clientes de siempre que pisaron esta tienda por primera vez bien pequeñitos de la mano de sus abuelos. Gente del barrio, del resto de la ciudad, de toda el área metropolitana, y también de Andorra, de Mallorca... Gente que, si pasa por aquí, siempre se acerca. “Otilia siempre nos enseñó a tratar a la gente. En ese sentido, nos lo enseñó todo”.Otilia, ya al frente del negocioArchivo familiarAl parecer el cliente en busca de turrón requiere de más asesoramiento, atención y rato. Los detalles son fundamentales. Al fin y al cabo viene para hacerse con un elemento principal de la mesa que ofrecerá a sus familiares por Navidad. Se trata de una decisión muy importante. El cliente de verano, sin embargo, siempre tiene más prisas, va más acalorado, necesita dejar atrás la sed cuanto antes. De esta manera sienten las diferentes estaciones del año la gente que pasó tantas décadas detrás de estos mostradores.El ambiente horchatero en el Portal de l'Àngel, a mediados del siglo pasadoArchivo familiarOtrora, hace mucho, los turroneros de Xixona se venían a Barcelona por Nochebuena para vender sus productos en portales hasta la Candelaria. Hasta que las autoridades les obligaron a tener un emplazamiento fijo. Otilia tenía un año cuando su familia montó lo que vino a ser su primera tienda. Allí se crió. Era hija única y estaba llamada a tomar las riendas del negocio. A los 14 años el mostrador ya era suyo. “Yo no era mala en los estudios, pero...”.Lee tambiénY por aquel entonces, en el Portal de l’Àngel, también trabajaban otros turroneros de Xixona, los Planelles. Otilia y Pepe Planelles se enamoraron, y con su matrimonio también se unieron las dos familias y sus negocios, hasta el día de hoy. En aquellos tiempos, muchas mujeres eran desplazadas del mundo laboral en cuanto se casaban. Pero en esta historia nadie dudó de que el lugar de Otilia se encontraba tras este mostrador, donde continúa encontrándose con clientes de toda la vida.Nacido en Salamanca en 1974. Licenciado en Sociología por la Universidad de Granada. Máster en Periodismo Les Hueras de la Universitat de Barcelona. Premio Josep Maria Huertas Clavería en 2008 por su obra Mudanzas . Desde el año 2000 escribe reportajes en La Vanguardia , en su mayor parte sobre el ámbito local.