El poder ya no reside �nicamente en quienes gobiernan territorios, ejercen la diplomacia o controlan ej�rcitos. La creciente influencia de estas compa��as tecnol�gicas plantea importantes desaf�os.Tradicionalmente, la geopol�tica y la diplomacia han sido �mbitos reservados a los Estados. Presidentes, primeros ministros y diplom�ticos negociaban alianzas, acuerdos comerciales o cuestiones de seguridad internacional. Sin embargo, algunas im�genes recientes sugieren que esta realidad est� empezando a cambiar.En las �ltimas semanas, varios de los principales ejecutivos de las grandes tecnol�gicas estadounidenses han comenzado a ocupar un lugar cada vez m�s visible en escenarios tradicionalmente asociados al poder pol�tico. La visita del presidente Trump a Pek�n en mayo para reunirse con Xi Jinping ofreci� una imagen especialmente significativa: algunos de los empresarios m�s influyentes del mundo formaban parte de una delegaci�n habitualmente integrada por responsables gubernamentales y diplom�ticos. Elon Musk (Tesla) o Jensen Huang (Nvidia) no viajaban �nicamente en representaci�n de sus compa��as. En un contexto de creciente rivalidad tecnol�gica entre Estados Unidos y China, estos directivos se han convertido en interlocutores clave en �mbitos que afectan directamente a la seguridad econ�mica, el comercio, la innovaci�n y la competitividad estrat�gica de ambos pa�ses.Pocas semanas despu�s, durante la cumbre del G7 celebrada en �vian, Francia, del 15 al 17 de junio, el presidente Emmanuel Macron reuni� a l�deres internacionales con los directivos de compa��as como OpenAI, Google DeepMind, Anthropic o Mistral AI para debatir sobre inteligencia artificial, infraestructuras digitales y soberan�a tecnol�gica en un almuerzo de trabajo paralelo a las conversaciones oficiales. La imagen de Sam Altman, Demis Hassabis, Dario Amodei o Marc Benioff sentados junto a los l�deres de las principales econom�as del mundo habr�a resultado dif�cil de imaginar hace apenas unos a�os.Desde la toma de posesi�n de Donald Trump en enero de 2025, en la que los l�deres de las principales tecnol�gicas ocuparon un lugar destacado en primera fila, se han ido acumulando las se�ales de un mismo fen�meno: el creciente protagonismo de las big tech en los asuntos internacionales. La cuesti�n ya no es si estas empresas ejercen influencia pol�tica, sino hasta qu� punto est�n empezando a participar en �mbitos de decisi�n tradicionalmente reservados a los Estados.M�s all� de estas im�genes, la pregunta de fondo es si estamos asistiendo a un cambio estructural en la distribuci�n del poder internacional. El creciente peso econ�mico, financiero y tecnol�gico de estas compa��as plantea la posibilidad de que algunas de ellas est�n evolucionando desde su papel tradicional como actores econ�micos hacia una posici�n cada vez m�s pr�xima a la de actores geopol�ticos. El control de activos estrat�gicos como los datos, la capacidad computacional, las infraestructuras digitales o la inteligencia artificial les permite ejercer una influencia cada vez mayor sobre cuestiones que afectan a la seguridad, la competitividad y la soberan�a de los Estados.Dependencia tecnol�gica y poder estrat�gicoLa guerra de Ucrania ha proporcionado uno de los ejemplos m�s claros de este nuevo poder. Apenas dos d�as despu�s del inicio de la invasi�n rusa en febrero de 2022, el Gobierno ucraniano solicit� p�blicamente a Elon Musk la activaci�n de la red Starlink para mantener las comunicaciones del pa�s ante los ataques rusos contra sus infraestructuras digitales. Lo que inicialmente parec�a una respuesta tecnol�gica de emergencia termin� convirti�ndose en una infraestructura cr�tica para la coordinaci�n militar, el uso de drones, las comunicaciones en el frente y el funcionamiento de los servicios esenciales. Con el paso del tiempo, la dependencia de esta red fue otorgando a SpaceX una influencia in�dita sobre un recurso estrat�gico para la seguridad nacional de Ucrania. La principal lecci�n de este episodio es que, cuando los Estados pasan a depender de infraestructuras controladas por empresas privadas, la frontera entre poder tecnol�gico y poder geopol�tico comienza a difuminarse.Nvidia se ha convertido, por su parte, en un actor cr�tico en la carrera global por la inteligencia artificial. La compa��a norteamericana ocupa una posici�n dominante en el mercado de los chips avanzados necesarios para entrenar y desplegar los modelos m�s sofisticados de IA, concentrando en torno al 80% del mercado mundial de aceleradores avanzados. Su capacidad para dise�ar y suministrar estos componentes le ha otorgado una influencia que trasciende el �mbito empresarial y la sit�a en el centro de la rivalidad tecnol�gica entre Estados Unidos y China. No resulta casual que las restricciones a la exportaci�n de chips avanzados al mercado chino se convirtieran en uno de los asuntos abordados durante la cumbre entre Trump y Xi. La presencia de Jensen Huang en la delegaci�n estadounidense evidenci� que los semiconductores han dejado de ser un producto tecnol�gico m�s para convertirse en un activo estrat�gico sobre el que se disputa una parte sustancial del liderazgo econ�mico, tecnol�gico y geopol�tico del siglo XXI.Por �ltimo, OpenAI ilustra c�mo algunas big tech est�n empezando a desempe�ar funciones pr�ximas a las de un actor de gobernanza. La creciente relevancia estrat�gica de la inteligencia artificial generativa ha convertido a compa��as como la dirigida por Sam Altman en interlocutores habituales de gobiernos y organismos reguladores, capaces de participar en debates sobre normas, est�ndares y marcos regulatorios. La velocidad de desarrollo e implantaci�n de estas tecnolog�as ha situado a las empresas que las lideran en una posici�n in�dita: adem�s de crear la tecnolog�a, contribuyen cada vez m�s a definir las reglas bajo las que �sta debe desarrollarse y utilizarse.Las conversaciones mantenidas con la Administraci�n Trump sobre una posible participaci�n p�blica en el capital de las empresas de inteligencia artificial, entre ellas OpenAI, reflejan hasta qu� punto esta tecnolog�a ha dejado de considerarse un simple negocio para convertirse en una cuesti�n de inter�s nacional. En la medida en que la inteligencia artificial se percibe como un factor clave de competitividad, seguridad y poder, quienes desarrollan estas tecnolog�as pasan a ocupar un lugar cada vez m�s relevante en la definici�n de las reglas del juego.La creciente influencia de estas compa��as tecnol�gicas plantea adem�s importantes desaf�os para otras regiones del mundo. La Uni�n Europea ha respondido, como en otras ocasiones, mediante una intensa actividad regulatoria, impulsando iniciativas como el AI Act, el Digital Markets Act o el Digital Services Act con el objetivo de preservar la competencia, proteger a los ciudadanos y reforzar su soberan�a digital. Europa busca fundamentalmente definir las reglas bajo las que la tecnolog�a debe desarrollarse, aunque contin�a rezagada en la creaci�n de grandes actores tecnol�gicos capaces de competir con sus rivales estadounidenses.El caso chino, sin embargo, sigue una l�gica diferente. Aunque China cuenta con gigantes tecnol�gicos de primer nivel (Alibaba, ByteDance o DeepSeek), estas compa��as contin�an operando bajo una relaci�n mucho m�s estrecha y subordinada al poder pol�tico del Partido Comunista Chino. A diferencia de sus hom�logas estadounidenses, rara vez aparecen como actores visibles de la diplomacia internacional o como interlocutores aut�nomos en las grandes cumbres internacionales.El poder ya no reside �nicamente en quienes gobiernan territorios, ejercen la diplomacia o controlan ej�rcitos. Tambi�n empieza a concentrarse en quienes dominan los datos, la computaci�n, los chips y la inteligencia artificial. Y, a diferencia de �pocas anteriores, muchos de esos actores ya no son Estados, sino empresas tecnol�gicas.Ar�nzazu Narbona, Doctora en Econom�a, profesora en Esade y directora del Programa de Geoestrategia de CEOE
La nueva diplomacia tecnol�gica: el poder de las 'big tech'
Tradicionalmente, la geopol�tica y la diplomacia han sido �mbitos reservados a los Estados. Presidentes, primeros ministros y diplom�ticos negociaban alianzas, acuerdos...










