La parte contraria ni siquiera hab�a comparecido al juicio. Aun as�, cada vez que el juez le ped�a que explicara aquel accidente de tr�fico, el conductor se empe�aba en asumir toda la culpa: �Yo iba con mi coche, me despist� y choqu� con el de delante�. El magistrado intent� detenerle y le record� que la persona con la que hab�a chocado no hab�a comparecido. �l asinti� y volvi� a confesarlo todo.La escena se repiti� �tres o cuatro veces�, seg�n recuerda su abogada, Ana Hern�ndez Guirado, hasta que el juez termin� advirti�ndole: �Como me vuelva usted a decir esto, le condeno�. Incapaz de captar la indirecta, el hombre, confuso, espet�: �Yo cre�a que aqu� se ven�a a decir la verdad�. Entonces, seg�n recuerda la letrada, toda la sala estall� en risas por la ingenuidad del declarante.Es una de las vivencias acumuladas desde que la Ley de Asistencia Jur�dica Gratuita entr� en vigor en 1996. Treinta a�os de guardias, calabozos, acusados que se declaran inocentes, clientes que hablan idiomas para los que resulta dif�cil encontrar int�rprete, reconciliaciones en mitad de un divorcio y confesiones que ning�n abogado habr�a querido escuchar.Seg�n el balance presentado por el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid con motivo de la conmemoraci�n de la ley, entre 1996 y 2025 el turno de oficio madrile�o gestion� m�s de 6,5 millones de solicitudes y designaciones y realiz� 2.554.422 asistencias letradas a personas detenidas y v�ctimas de delitos. El servicio pas� de 48.179 asistencias en 1996 a 120.184 en 2025, m�s del doble y el segundo dato m�s alto de la serie, s�lo por detr�s de las 122.685 intervenciones de 2009. En 2025 se contabilizaron adem�s 162.673 designaciones de abogado y 37.125 guardias de 24 horas, el m�ximo hist�rico.Hern�ndez Guirado recuerda tambi�n un divorcio contencioso en el que, una vez sentados delante del juez, los c�nyuges comenzaron a declararse su amor. �Yo la quiero�, dijo �l. �Yo le quiero tambi�n�, respondi� ella. �Se�ora, no es el momento�, trat� de frenar el magistrado. Hab�an entrado para divorciarse y salieron reconciliados. �Salimos todos casados. Despu�s de todo el tiempo que llev�bamos con aquel divorcio, salieron de all� s�per enamorados�.M�s complicada resulta la defensa cuando ni el abogado ni el juez ni el int�rprete tienen demasiado claro qu� est� diciendo el acusado. Hern�ndez Guirado ha hablado fuera de la sala con clientes que se expresaban en un �castellano aut�ntico� y que, una vez comenzado el interrogatorio, abr�an los ojos como si no entendieran una sola palabra. Otras veces, el problema estaba en la traducci�n: �Se preguntaba una cosa, se entend�a otra y se iba haciendo el tel�fono escacharrado�.En alg�n procedimiento lleg� a encadenar �cuatro o cinco suspensiones� porque nadie encontraba a una persona capaz de traducir el idioma del acusado. En uno de esos casos, el cliente hablaba una lengua minoritaria de una zona de Somalia para la que no lograban encontrar int�rprete. La defensa termin� comunic�ndose con �l gracias al poco franc�s que el acusado hab�a aprendido mientras trabajaba en otro pa�s.Jos� Le�n tuvo menos motivos para re�r cuando acudi� a una comisar�a para asistir a un detenido. Los agentes, en lugar de dejarlo a solas con su cliente, decidieron quedarse cerca. �Es peligroso�, le advirtieron. Le�n comenz� a preguntarle qu� hab�a ocurrido y recibi� una explicaci�n dif�cil de encajar en cualquier estrategia de defensa: �Nac� en un monasterio. Los monjes me estaban diciendo todo el rato que ten�a que quitarme de en medio a la familia y eso es lo que intent� hacer�.El abogado comprendi� que no se trataba de una simple excusa y avis� al juzgado de que el detenido deb�a ser examinado por un m�dico forense. La reacci�n inicial de la jueza fue, seg�n recuerda, la de quien piensa: �Ya est� aqu� el listo�. Despu�s hicieron pasar al acusado y �ste volvi� a hablar del monasterio y de las �rdenes que recib�a de los supuestos monjes. �La jueza, la secretaria y la fiscal abrieron los ojos como b�hos�.El hombre hab�a intentado matar a varios miembros de su familia y algunos hab�an recibido navajazos. Le�n sostuvo que se trataba de �un esquizofr�nico de libro� que acab� ingresado en un centro psiqui�trico donde finalmente se recuper�.Despu�s de d�cadas asistiendo a detenidos, Le�n escucha con cierta distancia las explicaciones de quienes aseguran que todo es un error. �Todos los dem�s mienten m�s que hablan. Siempre son todos inocentes�, ironiza. La experiencia le ha ense�ado a creerse �la mitad� de lo que oye.Sala en los juzgados de Plaza de Castilla.CARLOS GARC�A POZOFelipe R�os conoce el turno de oficio desde antes incluso de la aprobaci�n de la ley que ahora cumple 30 a�os. Comenz� en 1979 y entre sus casos recuerda el de un hombre acusado de participar en el asesinato de un taxista. Su cliente pas� �dos o tres meses en prisi�n preventiva� hasta que la defensa consigui� demostrar que no hab�a intervenido en el crimen. �Pudimos acreditar que no hab�a participado�, explica.Tambi�n conserva los casos que no se convierten en an�cdotas para contar durante una cena. �Hay cosas m�s dram�ticas, como mujeres o ni�os que han sido maltratados, y eso te preocupa y te deja un poco tocado�. El aliciente, sostiene, consiste en asistir a personas que �no pueden pagar un servicio jur�dico� en situaciones en las que una defensa puede determinar que alguien entre o no en prisi�n.