La historia de la semaglutida (medicamento agonista del receptor GLP-1 que mejora el control glucémico en la diabetes tipo 2 y favorece la pérdida de peso significativa al aumentar la saciedad y reducir el apetito) ha sido descrita como uno de los mayores avances de la medicina moderna. Hablamos de un hallazgo que no solo ha cambiado la forma de tratar la diabetes y la obesidad, sino que también ha alterado la economía global de la salud. Lo que hoy se conoce como una molécula revolucionaria que comenzó como un arriesgado salto científico desde los reptiles, hoy apunta hacia un mercado que apuesta a obtener una facturación global de 100.000 millones en los próximos seis años.Hace casi 24 años. el investigador danés Thomas Kruse aceptó un desafío que inicialmente le generaba dudas: abandonar la química orgánica para adentrarse en el estudio de péptidos. Junto a Jesper Lau y Paw Bloch, inició un proyecto impulsado por Novo Nordisk con un objetivo claro pero complejo: crear una versión modificada del GLP-1, una hormona clave en la regulación del azúcar en sangre y el apetito.

El principal obstáculo era que el GLP-1 natural se degrada en cuestión de minutos dentro del cuerpo humano. Para convertirlo en un tratamiento eficaz, los científicos necesitaban prolongar su duración hasta una semana completa sin perder su potencia. La tarea implicaba resolver simultáneamente problemas de estabilidad, eficacia y administración.