En El factor emoción en la España nueva, opúsculo de “agitación y propaganda de guerra”, el psiquiatra fascista Antonio Vallejo Nájera llegó a sostener que la sonrisa equilibrada del Caudillo atraía a los seguidores del bien. Por otro lado, intentó patologizar las ideas de la izquierda. Los resultados de sus investigaciones proporcionaron al alto mando militar los argumentos "científicos" necesarios para justificar por qué presentaban a sus adversarios como una especie infrahumana. Antonio Vallejo Nájera pretendía crear una raza social donde los valores fundamentales fuesen: aristocracia, militarismo y catolicismo. Por dicho motivo, quería extirpar el “gen social rojo” que se había extendido por España. Nada mejor para convertir a alguien en delincuente que tratarlo como a un delincuente. El comisario Scalambri de la novela “Todo modo” de Leonardo Sciascia presumía de ser capaz de doblegar al Papa y al mismo Dios metiéndoles en una sórdida comisaría y mandándoles quitarse los cordones de los zapatos y el cinturón de los pantalones. Cualquiera, por muy poderoso que sea, -concluía el comisario- se desmorona cuando se le trata como a un ladronzuelo de gallinas.

Los problemas políticos dejan de estar en el ámbito de la política y la vida pública entra en una espiral de descomposición democrática