La movilización popular, la referencia europea, la estrategia de Adolfo Suárez, la libertad de prensa y el papel de Juan Carlos I: todos fueron imprescindibles
El régimen franquista tuvo unos pilares esenciales que permitieron cuatro décadas de ausencia de libertad y el gobierno omnímodo de un autócrata de raíces fascistas. Para la aparición de un régimen democrático fue necesario destruir esos pilares, que aún existían inercialmente después de la muerte de Franco.
El núcleo del franquismo, lo que lo sostenía fácticamente, era el Ejército africanista que ganó en la Guerra Civil. No tenía por objeto la defensa de la integridad territorial de España —a quien nadie amenazaba— sino combatir lo que se llamó “enemigo interior”. Una suerte de continuidad de la contienda entre españoles. El Ejército era complementado por los aparatos de seguridad. Estaban formados con la obsesión de perseguir y usar cualquier medio, incluyendo la tortura sistemática, para reprimir a la oposición política al régimen.
El Estado español nacido de la guerra estaba absolutamente aislado del mundo exterior, incluso del más cercano, Europa. La derrota de Hitler y Mussolini en 1945 arrinconó aún más a un régimen cuya personalidad autoritaria era frontalmente opuesta a la ideología democrática liberal de los países europeos vencedores en la II Guerra Mundial.







