Este martes tendrá lugar uno de los grandes partidos del Mundial. Se disputa la primera semifinal del torneo, entre dos de las selecciones favoritas a levantar el título de campeón: España y Francia. Pero lo deportivo, a pesar del trascendental partido, parece haber quedado en un segundo plano después de la polvareda levantada por la frase del expresidente Mariano Rajoy , aquella en la que aseguraba que "Francia tiene un altísimo nivel, pero sin franceses". Esas declaraciones, publicadas en su columna de 'El Debate', han generado una enorme polémica, con varias altas personalidades francesas interviniendo y defendiéndose de esta falsa polémica. Y es que, si echamos un vistazo a la plantilla de los Bleus, solo tres futbolistas han nacido fuera de sus fronteras: Michael Olise (Inglaterra), Brice Samba (Congo) y Marcus Thuram (Italia). Exactamente dos jugadores más que España, donde Aymeric Laporte precisamente es francés de nacimiento y defiende los colores nacionales tras recibir la carta de naturaleza en el 2021. TE PUEDE INTERESAR Evidentemente, muchos futbolistas del combinado galo descienden de emigrantes, pero todos ellos ya han nacido en Francia. Por tanto, la pregunta es clara: ¿por qué razón no son franceses? Una polémica antigua que ha afectado tanto al fútbol como a otros deportes. En algunos casos, se han traspasado líneas rojas con la nacionalización que hacen pensar que podía existir un ánimo de engaño o trampa. Curiosamente, el inventor de una treta así para ganar un Mundial, engañando a todo el mundo, fue un fascista llamado Benito Mussolini. En 1934, Mussolini, por aquel entonces presidente del Consejo de Ministros del Reino de Italia, entendió la fuerza que podía tener el deporte para impulsar su idea de la Gran Italia, es decir, Roma volviendo a dominar todo el Mediterráneo. Tratar de demostrar la superioridad de su país sobre el resto. Y la celebración del segundo Mundial de fútbol en tierras trasalpinas era el momento donde no se podía fallar. Tocaba ganar a toda costa y de la manera que fuera posible. Más allá de arbitrajes sospechosos, que los hubo, la principal trampa estuvo en su plantilla... donde se realizaron hasta cinco fichajes. Sí, como suena, cinco incorporaciones de futbolistas de otros países sin ningún vínculo con Italia más que tratar de convertirlo en campeón: Luis Monti, Raimundo Orsi, Enrique Guaita y Atilio Demaría (Argentina), además de Anfilogino Guarisi (Brasil), los llamados oriundi. Cinco jugadores de primer nivel para tratar de darle el título a Italia. Orsi (d), junto a Magnozzi en un partido con Italia. (CC/El Gráfico) De hecho, Mussolini se saltó a la torera las normas FIFA para nacionalizar a los cinco de manera exprés, incumpliendo cualquier regla que lo prohibiera. Era una trampa en toda regla. La más flagrante ocurrió con Orsi, que venía de jugar la pasada final del Mundial 1930 con Argentina y de ser considerado uno de los mejores jugadores del momento. Y terminó siendo uno de los héroes de Italia para levantar la primera Copa del Mundo de toda su historia. Orsi no solo es el único jugador de la historia en jugar dos finales de Mundial con dos selecciones diferentes, sino que fue amenazado de muerte en ambos partidos: en el primero, ante Uruguay, con matar a toda su familia si Argentina derrotaba a los charrúas; el segundo, por el propio Mussolini en el vestuario de la final, donde les dejó claro a los jugadores que si no derrotaban a Checoslovaquia, ninguno saldría con vida por haber hecho fracasar a su país. El miedo debió recorrer la espina dorsal de más de un jugador de Italia cuando Antonin Puc adelantó al equipo rival en el minuto 71. Sería el propio Orsi, a escasos minutos del final, quien forzaría la prórroga con un gol de oportunista. En el tiempo extra, Schiavio anotaría el gol de la victoria para Italia, que había sido capaz de demostrar sobre el césped "la superioridad de los ideales del fascismo", en palabras del propio Mussolini tras lograr su gran éxito. Pero nada más lejos de la realidad: fue la primera gran trampa de los Mundiales. Aquella sí que fue una selección con la mitad del equipo titular sin haber nacido, haberse criado o tener ningún vínculo con Italia. Mussolini inventó los oriundi para ganar un título de la manera que fuera, sin respetar la normativa de la FIFA y sin que nadie actuara. La Francia que se medirá este martes a España nada tiene que ver con este caso, por mucho que algunos lo quieran ver así. Este martes tendrá lugar uno de los grandes partidos del Mundial. Se disputa la primera semifinal del torneo, entre dos de las selecciones favoritas a levantar el título de campeón: España y Francia. Pero lo deportivo, a pesar del trascendental partido, parece haber quedado en un segundo plano después de la polvareda levantada por la frase del expresidente Mariano Rajoy , aquella en la que aseguraba que "Francia tiene un altísimo nivel, pero sin franceses".