NoticiaUn nuevo estudio plantea la existencia de "objetos cuasi-interestelares" que regresan al sistema solar.El Observatorio de Dinámica Solar captó una imagen de bucles coronales en una región activa del Sol en enero de 2012, utilizando luz ultravioleta extrema (171 angstroms). Foto: Página oficial NasaSUBDIRECTOR VIDA13.07.2026 09:48 Actualizado: 13.07.2026 09:48
Durante los primeros millones de años de su existencia, el Sol expulsó al espacio profundo una cantidad descomunal de material: cerca de 10.000 billones de cometas y asteroides primordiales, según un nuevo estudio publicado como preprint en el repositorio científico arXiv. La mayoría de esos cuerpos helados nunca regresó, pero los investigadores plantean ahora una posibilidad inesperada: una fracción de ellos podría estar volviendo, tras un viaje de miles de millones de años a través de la Vía Láctea. LEA TAMBIÉN El fenómeno cobra relevancia en momentos en que la comunidad astronómica ha centrado su atención en objetos interestelares como 1I/'Oumuamua, 2I/Borisov y, más recientemente, 3I/ATLAS, cuerpos que atraviesan el sistema solar procedentes de otras estrellas y que ofrecen pistas sobre cómo se forman los sistemas planetarios en otros puntos de la galaxia. El nuevo estudio plantea la hipótesis inversa: si otras estrellas envían objetos hacia nuestro entorno, el Sol también podría estar recuperando parte del material que él mismo expulsó en sus primeras etapas.Los autores de la investigación bautizaron a estos posibles visitantes como "objetos cuasi-interestelares". A diferencia de los cometas interestelares genuinos, que nacieron alrededor de otras estrellas y jamás estuvieron ligados gravitacionalmente al Sol, estos cuerpos se habrían formado en nuestro propio sistema planetario, viajaron después por el espacio interestelar y, con el paso de eones, volvieron a caer bajo la influencia gravitacional solar.Según los modelos usados en el estudio, cerca del 95 % de los cometas y asteroides que se formaron en las regiones externas del sistema solar fueron expulsados durante las etapas iniciales de su evolución, un proceso que dispersó por distintas zonas de la Vía Láctea a unos 10.000 billones de cuerpos, cada uno de mayor tamaño que un rascacielos. Pese a esa dispersión masiva, la gravedad del Sol nunca deja de ejercer una influencia, aunque débil, sobre parte de ese material lanzado al espacio.Un hallazgo casi imposible de confirmarEncontrar uno de estos objetos, sin embargo, será extremadamente complicado. Los cálculos del equipo investigador indican que, en promedio, entra menos de un objeto cuasi-interestelar por año dentro de la órbita de Júpiter, lo que reduce drásticamente las probabilidades de detección incluso para instrumentos de última generación. Entre ellos se menciona el Legacy Survey of Space and Time (LSST), del Observatorio Vera C. Rubin, que enfrentará el reto adicional de distinguir estos cuerpos de la población mucho más numerosa de cometas que llegan desde la nube de Oort.Esta última es una región teórica ubicada en el borde extremo del sistema solar, a unas 100.000 unidades astronómicas del Sol —es decir, unas 100.000 veces la distancia que separa a la Tierra de nuestra estrella—. Se le atribuye el origen de la mayoría de los cometas de largo período, aquellos capaces de tardar hasta millones de años en completar una órbita solar. Su naturaleza teórica se debe, precisamente, a la enorme distancia y a la escasa densidad de objetos, lo que dificulta observarlos de forma individual incluso con los telescopios más potentes disponibles actualmente.La clave para diferenciar un objeto cuasi-interestelar de un cometa ordinario, o de un verdadero visitante interestelar, estaría en la velocidad de ingreso. Los objetos genuinamente interestelares —como 3I/ATLAS, detectado en 2025 y que hoy se encuentra en fase de salida definitiva del sistema solar tras superar su punto de máxima aproximación al Sol— entran con trayectorias hiperbólicas y velocidades altas, producto de haber sido expulsados de otra estrella mucho antes de que existiera nuestro propio sistema planetario. Los objetos cuasi-interestelares, en cambio, se moverían de forma considerablemente más lenta, al tratarse de cuerpos que hacen un viaje de ida y vuelta dentro de la misma esfera de influencia gravitacional del Sol.Esa diferencia de velocidad no solo serviría para identificarlos, sino que también los convertiría en una fuente de información única: mientras los objetos interestelares aportan una muestra química de sistemas planetarios ajenos, los cuasi-interestelares conservarían un registro directo de la composición original del propio sistema solar en sus primeros millones de años de existencia, antes de que ese material fuera expulsado hacia el espacio profundo.Una ventana al pasado remoto del sistema solarSi en el futuro los astrónomos logran identificar y confirmar uno de estos cuerpos, el hallazgo permitiría reconstruir parte de la historia más temprana del sistema solar, en particular las condiciones que existían durante la etapa de formación del Sol y los planetas. Se trata de un periodo del que aún queda mucho por entender, pese a los avances recientes en el estudio de cometas y asteroides primitivos, incluidas misiones espaciales como Stardust y Deep Impact, que ya han aportado evidencia sobre la complejidad química de estos cuerpos helados.Por ahora, la existencia de los objetos cuasi-interestelares sigue siendo una hipótesis respaldada por modelos matemáticos y no por una detección confirmada. Pero de comprobarse, added a la creciente lista de descubrimientos relacionados con visitantes cósmicos de los últimos años, ofrecería una perspectiva inédita: la posibilidad de que el sistema solar, literalmente, se esté reencontrando con fragmentos de su propio pasado remoto.REDACCIÓN CIENCIA Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.







