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Nadie se para a pensarlo. Nos hemos acostumbrado a mirar al cielo nocturno y pensar en nuestro vecindario cósmico como en un reloj de precisión. Un Sol imponente en el centro y una serie de mundos girando a su alrededor en un delicado equilibrio, todos ... ordenados y silenciosos. Pero no siempre fue así. Hace miles de millones de años, nuestro rincón de la Vía Láctea fue un auténtico infierno, un lugar violento, denso y turbulento en el que los mundos chocaban, se empujaban unos a otros y, en ocasiones, eran expulsados para siempre al oscuro abismo interestelar.

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