Todo comienza con el olfato de un perro. Entre robles y encinas, recorre lentamente una arboleda hasta detenerse en un punto exacto. Allí, bajo la superficie, se encuentra la trufa negra, uno de los productos gastronómicos más valorados de todo el mundo.
Aunque suele asociarse a los bosques europeos, este tesoro subterráneo también forma parte del paisaje bonaerense y la temporada invernal los presenta en su punto máximo. Una experiencia distinta para planear las próximas vacaciones. En Chillar, partido de Azul, y en Espartillar, partido de Saavedra, dos establecimientos especializados abren sus puertas para que personas de todas las edades descubran de cerca cómo se cultiva, se encuentra y se recolecta el llamado “diamante negro”.
La trufa negra (Tuber melanosporum) crece bajo tierra en asociación con las raíces de robles y encinas. Su aroma intenso, su escasez y los años de espera que requiere su desarrollo la convierten en uno de los ingredientes más apreciados de la alta cocina internacional. Detrás de cada pieza, una historia de tradición, de innovación y de vínculo profundo con la naturaleza.
En búsqueda del tesoro
Desde hace más de una década, en Chillar, partido de Azul, Trufas La Esperanza -IG @trufaslaesperanza- lleva adelante una de las iniciativas pioneras de Argentina, donde la actividad productiva se complementa con recorridos guiados que permiten conocer cada etapa del proceso:desde los árboles micorrizados hasta la cosecha.







