Miércoles, 12 de agosto de 2026. Esa es la fecha que tienen marcada en el calendario millones de empresas e instituciones públicas y privadas de toda la Unión Europea. Será entonces cuando eche a andar el nuevo Reglamento Europeo de Envases y Residuos de Envases (PPWR, por sus siglas en inglés), que aspira a sentar las bases para la reducción, reutilización y reciclaje de envases en todo el territorio común. Una normativa que se marca varios objetivos concretos. Entre ellos, uno especialmente llamativo, el del descenso de envases por habitante, con una caída del 5% en 2030, del 10% en 2035 y del 15% en 2040. Las fases de aplicación Para conseguir todos sus objetivos, el nuevo reglamento establece una implementación escalonada, a través de tres fases distintas: 1. 12 de agosto de 2026: nuevos roles y responsabilidades Todo comenzará el próximo 12 de agosto. En esta primera fase, las empresas deberán definir nuevos roles y responsabilidades, a través de cuatro figuras principales (si bien una persona puede asumir varios de estos roles): Productor. Será quien pone por primera vez a disposición un envase o producto envasado en un territorio, adquiriendo responsabilidad financiera. Se diferenciará, eso sí, entre los envases de venta (comercializador), los de servicio (quien comercializa el envase vacío, salvo que lleve marca propia) y los de transporte (quien pone el envase en el mercado). Fabricante. Será el encargado de controlar el diseño a través de una evaluación de conformidad. Esta figura corresponderá a toda persona física o jurídica que fabrique envases o productos envasados o que ordene su diseño y los comercialice bajo su marca. Importador. En el caso en que se venda fuera de la Unión Europea, esta figura verificará la conformidad europea, asumiendo la responsabilidad legal de la misma, además de responsabilidades subsidiarias del fabricante. Deberá incluir, asimismo, sus datos de contacto en el envase o documentación. Distribuidor. Será el responsable de controlar el cumplimiento (etiqueta unificada armonizada de la UE), retirando del mercado aquellos que no cumplan y avisando a productor y autoridades. Actuará como punto de recogida física dentro de los Sistemas de Depósito, Devolución y Retorno (SDDR) de latas y botellas y facilitará que los clientes puedan usar sus propios recipientes en establecimientos de comida y bebida, ofreciendo, progresivamente, alternativas reutilizables sin coste añadido. Imagen: Magnific. 2. Año 2028: etiquetado y oferta reutilizable 2028 será el año en el que, además, llegarán los cambios que el ciudadano podrá ver por sí mismo. Para empezar, los envases deberán incluir un pictograma en el que se informe de su composición, los materiales con que han sido fabricados y el contenedor en el que deben ser reciclados. Esto implicará, asimismo, un nuevo etiquetado de los contenedores de reciclaje que agrupen varios materiales. Todavía no existe un etiquetado definitivo, pero, en este sentido, el reto de los Estados miembros será el de comunicar debidamente a los ciudadanos dichos cambios para no generar confusión ni desincentivar una práctica, la del reciclaje, que ya está asentada en muchos hogares. En paralelo, el sector Horeca (Hoteles, Restaurantes y Cafeterías/Catering) deberá ofrecer a sus clientes la opción de usar su propio envase reutilizable dentro de las opciones de take-away. Imagen: Ecoembes. 3. Año 2030: objetivos de reciclabilidad En 2030 comenzará la última fase de este proceso. Como principal novedad, veremos la desaparición de varios formatos: el envoltorio de plástico de fruta y verdura fresca, las monodosis de plástico, la agrupación plástico (el film que lleva dentro otras latas o botellas), las amenities de un solo uso en hoteles (champús, geles...), las bolsas de menos de 15 micras de peso y los plásticos de un solo uso en el sector Horeca. Por otro lado, los envases deberán ocupar el mínimo volumen posible, con lo que no podrán tener más de un 50% de espacio vacío. Además, los puntos de venta deberán tener un 10% de cuota de envases reutilizables para bebidas, mientras que todos los envases, de manera progresiva (y aún por definir), deberán aumentar sus posibilidades de reciclabilidad. "El mayor cambio en 30 años" El nuevo Reglamento Europeo de Envases y Residuos de Envases viene a ser "el mayor cambio en 30 años en la normativa que afecta a los envases y a su gestión como residuo", afirma Ovidio Soler, coordinador de Asuntos Regulatorios y Europeos de Ecoembes, ya que, además de regular la gestión del residuo, algo que ya se hacía, se fija también en "el diseño y en la materialidad del envase: su ecodiseño, su puesta en el mercado, el etiquetado y las obligaciones de las empresas". Y es que "para tener un impacto real, hay que ir al ciclo de vida completo del envase. Hasta ahora estábamos solo en la 'muerte' del envase, así que es muy positivo que, ahora, se den normas claras y una hoja de ruta común a todas las empresas para abordar todo el ciclo de vida". "Para tener un impacto real, hay que ir al ciclo de vida completo del envase" Soler reconoce que, sin duda, esto va a ser "un reto para las empresas, porque muchas de las obligaciones requieren tanto la anticipación necesaria para poder cumplir con ellas como las inversiones y la coordinación con otros operadores". También es consciente de que "muchas pequeñas empresas quizá no tienen un conocimiento de toda la normativa". Por ello, desde Ecoembes "llevamos años ayudando a todas las empresas que lo necesiten. Para empezar, haciéndoles entender la normativa, explicándoles cuáles son las fechas de implantación, qué detalles quedan aún por definir, etc.". Desde su plataforma Circular Campus, de hecho, empresas de todo tipo disponen de "muchos materiales (webinars, vídeos, infografías...) para que puedan conocer el nuevo reglamento y adaptarse a él". Imagen: Magnific. Todo ello, sin olvidar algo que al coordinador de Asuntos Regulatorios y Europeos de Ecoembes le resulta esencial: "Que las empresas sigan siendo competitivas. La nueva normativa tiene una ambición muy grande y tendrá un impacto muy importante en cómo gestionamos nuestros envases, pero también debe ser lo menos lesiva posible, para que ninguna empresa vea afectada su competitividad", concluye.