Victoria González (20 años) acaba de conseguir su primer empleo. Estudia Arquitectura y vive junto a sus padres en San Sebastián de los Reyes, al norte de Madrid. Confeccionó su primer currículum, lo imprimió y salió a repartirlo por todos los comercios de su barrio. “¿Vives por aquí?”, le preguntó la encargada de una cadena de comida rápida. “A la vuelta”, respondió Victoria. “La cercanía es un plus, estás contratada”, le dijo la mujer. Victoria cobra 700 euros por 20 horas semanales. Trabajará hasta septiembre, cuando comience el nuevo curso universitario. Su caso no es una excepción. Más del 45% del empleo juvenil creado en verano en el país se concentra en la restauración y la hostelería, según las estadísticas del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) y el Ministerio de Trabajo. El salario medio de los jóvenes menores de 24 años es de 1200 brutos mensuales.
Elton Björkholm (17 años) también ha conseguido este verano su primer trabajo remunerado. Vive al norte de Estocolmo, en Suecia, en la región de Uppland. Su situación es similar a la de Victoria: universitario, no emancipado y con necesidad de ganar algo de dinero durante las vacaciones. Pero su primera incursión en el mundo laboral es bastante diferente. Trabaja en medio de la naturaleza, construyendo casas para pájaros, necesarias para la cría de los polluelos por la tala masiva de árboles por la industria maderera. Su salario es de 40.000 coronas suecas, unos 3.600 euros (el salario medio para los jóvenes menores de 24 años en ese país es de unos 3.200 euros al mes).












