Graham Platner es uno de los fen�menos pol�ticos m�s extra�os y reveladores de la actualidad. El pasado 11 de junio, gan� con claridad las primarias dem�cratas en Maine pese a una cascada de pol�micas que, en circunstancias normales, habr�an hundido a cualquier candidato al Senado. Ex marine y miembro de la Guardia Nacional, con varios despliegues en Irak y Afganist�n, el ahora pol�tico trabaj� como contratista de seguridad del Departamento de Estado antes de regresar a Maine y comprar una peque�a granja de ostras.Cuando decidi� dar el salto, se supo que varias ex parejas le han acusado de comportamientos abusivos, amenazas y actitudes intimidatorias. �l niega que hubiera nunca violencia f�sica, y s�lo reconoci� haber sido "un mal compa�ero" en determinadas etapas de su vida por secuelas del servicio militar, como el estr�s postraum�tico y el abuso del alcohol. Pero hay mucho m�s. En la campa�a salieron a la luz mensajes sexuales enviados a varias mujeres mientras estaba casado, se han encontrado mensajes suyos en Reddit y otras plataformas muy ofensivos, sexualmente expl�citos o impropios para un candidato a la C�mara Alta. El lunes, Platner cancel� sus actos de campa�a tras una denuncia de agresi�n sexual y, horas despu�s, arroj� la toalla.El elemento principal, al menos hasta esa denuncia, hab�a sido un tatuaje de una calavera y huesos cruzados que sus cr�ticos enlazan con la simbolog�a de unidades nazis o grupos de extrema derecha. Platner ha dicho que nunca tuvo intenci�n pol�tica, que nunca ha sido nazi o antisemita, y que, al ver que pod�a ser entendido err�neamente, opt� por tap�rselo. Pero fue un esc�ndalo inmenso en una campa�a gestionada de forma poco profesional.El asunto es que Platner gan�. A pesar de todo. O quiz� gracias a ello. La combinaci�n de veterano de guerra y agricultor de ostras ha resultado ser una biograf�a muy atractiva en su estado, donde est� considerado casi antisistema, cercano al populismo y la mejor opci�n para derrotar a la senadora republicana Susan Collins. Los rumores y denuncias, lejos de ahuyentar a los votantes, han provocado lo contrario.El electorado (sin que se conociese la denuncia de agresi�n sexual y antes de que todas las figuras dem�cratas se lanzaran a exigir su renuncia) parec�a haber interpretado las pol�micas como elementos personales, una fisura del car�cter m�s que algo que descalifique pol�ticamente. En cierto modo, como grupos religiosos han aupado a Donald Trump, dif�cilmente un ejemplo de �tica, moralidad o fe. Los analistas hablan de Platner como una mezcla entre Bernie Sanders y Trump: un candidato nuevo, con toques populares y populistas, muy poco convencional y durante mucho tiempo inmune a esc�ndalos que habr�an destruido a candidatos m�s tradicionales. El pol�tico del futuro. El pol�tico del presente.La pol�tica de los extremosEl gran debate en Estados Unidos ahora mismo, tras una d�cada de trumpismo, es si s�lo un populista puede ganar al maestro de los populistas. Y si solamente los extremos tienen opciones en una pol�tica polarizada que premia la radicalidad. No se trata de igualar, equiparar o comparar extremos cuando uno est� ahora mismo destruyendo las instituciones, sino de una cuesti�n de t�rminos relativos m�s que absolutos. Porque el mantra entre los jefes de campa�a, en el lado dem�crata, es que, aunque la pulsi�n, la fuerza y la iniciativa parecen claramente estar en la izquierda de la izquierda, los votos en teor�a siguen estando en el centro. Pero los votantes, especialmente los m�s j�venes y urbanos, van en direcci�n opuesta. Una parte creciente est� deseando un Tea Party de izquierdas, desacomplejado y combativo. Que juegue igual de duro, o de sucio, que sus rivales.El debate es doblemente interesante porque el populismo imperante, que recorre Am�rica, Europa, �frica o Asia, abarca tanto el fondo como las formas. En la era del scroll infinito, la mayor commodity es la atenci�n. Y para eso hacen falta pol�ticos nada convencionales, capaces de marcar y dominar la agenda medi�tica, conectar emocionalmente con los votantes y romper las reglas del discurso pol�tico. Expertos en redes sociales, en boutades. En lo que dicen y c�mo lo dicen.Tras la victoria de Donald Trump, el primer dem�crata en dar claramente un paso como posible candidato para las presidenciales de 2028 fue el saliente gobernador de California, Gavin Newsom, alguien plagado de esc�ndalos personales, infidelidades y l�os. Aunque no ha formalizado su candidatura ni tiene todav�a plataforma, ha hecho dos cosas fundamentales. La primera, cortejar a los varones j�venes y blancos, el grupo que en 2024 pareci� lanzarse a los brazos de Trump. Lo hizo alej�ndose de pol�ticas identitarias y lanzando un podcast al que invit� a figuras pol�micas de la manosfera, como el despu�s asesinado Charlie Kirk. Su explicaci�n es que si su propio hijo, en un hogar claramente progresista, era fan de Kirk, algo se est� haciendo mal entre los dem�cratas.Pero el segundo elemento, m�s llamativo, est� en las formas. Para conseguir atenci�n, acaparar titulares y buscar el choque con Trump, el gobernador Newsom empez� a imitar en X el estilo del presidente. Sus may�sculas, las burlas, los insultos. Era una parodia, pero que en el fondo parec�a revelar la creencia de que en el mundo de 2026 s�lo puedes competir contra un populista usando sus m�todos, su estilo, su lenguaje.Dem�cratas populistasPara entender la profundidad de la grieta hace falta pensar en Alexandria Ocasio-Cortez y en Zohran Mamdani. La primera es una de las opciones claras de los dem�cratas para 2028. Asusta al establishment porque est�, como el senador Bernie Sanders, a la izquierda del todo, en el socialismo a la estadounidense. Lleva meses viajando por el pa�s, probando las aguas, viendo c�mo respiran los estadounidenses. Demostrando que la iniciativa y la fuerza est�n efectivamente s�lo en ese extremo, un mix de una socialdemocracia europea en gran parte de su programa, pero con marcados dejes identitarios y alma woke.El segundo ejemplo es Mamdani, que no puede ser presidente porque no naci� en Estados Unidos, pero que est� demostrando como alcalde de Nueva York que hay, al menos en la gran ciudad, apetito por pol�ticas que provocan sarpullidos al establishment del partido. El mes pasado, tres candidatos al Congreso apoyados por �l se impusieron a los favoritos de toda la vida, a diputados nacionales consagrados con discursos contra el ICE, la Polic�a y contra Israel, muy centrados en la identidad y el g�nero. Con toques populistas m�s all� de las pol�ticas redistributivas, centrados mucho m�s en el mensaje que en el fondo.Darializa Avila Chevalier, una de las figuras emergentes, se ha hecho famosa por mandar "a tomar por culo" a Kamala Harris, decir que Joe Biden era un "violador", abogar por la nacionalizaci�n de los medios de producci�n, culpar a Occidente de la invasi�n rusa de Ucrania, relativizar los brutales atentados de Ham�s el 7 de octubre o decir que usar�a la bandera estadounidense para limpiarse las manos. Con eso, machac� al veterano hispano Adriano Espaillat en las primarias.Tras las victorias de Trump en 2016 y 2024, Mamdani y los Socialistas Democr�ticos de Am�rica sostuvieron que el Partido Dem�crata necesitaba candidatos con m�s ideolog�a, un estilo m�s combativo y perfiles menos tecnocr�ticos y menos temerosos del choque, y refugiados en un centro como el que representan grandes oradores como Pete Buttigieg que, quiz�s, ya no existe. Trump impone un ritmo agresivo y un conflicto permanente, mientras que el Partido Dem�crata sigue funcionando como una organizaci�n basada en consensos y procedimientos. Buscando votantes debajo de las farolas como el borracho busca sus llaves, suspirando porque ah� es donde hay luz, a pesar de que las perdi� en otras partes.Se ha sabido recientemente que Kamala Harris, que en su momento no quiso apoyar a Mamdani o lo hizo con la boca peque�a porque lo consideraba demasiado peligroso por 'rojo', est� ahora en contacto constante con �l. Lo mismo, Newsom. Robert Reich, que fue ministro con Clinton y asesor de Obama, lo plantea en t�rminos directos: "El populismo regresivo de Trump, cruel, intolerante y tir�nico, debe ser contrarrestado por un populismo progresista audaz que fortalezca la democracia y distribuya la riqueza". Un informe del verano pasado del Centro para la Pol�tica de la Clase Trabajadora (CWCP) y la revista Jacobin sosten�a que el electorado obrero no est� fuera del alcance de la izquierda, pero s�lo si los dem�cratas "est�n dispuestos a liderar con populismo econ�mico"."Los trabajadores han apoyado durante mucho tiempo -y a�n lo apoyan mayoritariamente- una agenda econ�mica progresista y audaz. Si los dem�cratas situaran estas pol�ticas de forma consistente en el centro de su plataforma, no solo podr�an mejorar las condiciones en las comunidades obreras, sino tambi�n comenzar a reconstruir la confianza con los votantes que m�s necesitan", afirmaban.Todos notan que los aires han cambiado y que 2028 se aventura como un enfrentamiento entre los polos. Trump es el primero en haberlo percibido, y por eso sus discursos del 3 y del 4 de julio, en el Monte Rushmore y en el National Mall de Washington, celebrando el 250� aniversario del pa�s, estuvieron centrados en el "comunismo", el "temor rojo" y el socialismo como una amenaza mayor para Estados Unidos y su identidad que el nazismo o el 11-S. El presidente lo tiene claro: ser� una lucha entre los que �l llama comunistas y los que dicen que �l y los suyos son unos fascistas.El pasado noviembre, el presidente recibi� al alcalde electo de Nueva York en el Despacho Oval, una cita muy esperada porque ambos hab�an intercambiado ataques muy duros durante la campa�a. Mamdani hab�a llamado a Trump "fascista" y "d�spota". El republicano lo tildaba de "comunista" y "peligroso". Pero la comparecencia conjunta fue sorprendentemente amigable, sin tensiones. Al rev�s. Un periodista pregunt� al socialista si segu�a manteniendo que Trump era un fascista y, cuando el alcalde, apurado, empez� a responder de forma matizada, Trump intervino sonriendo: "Est� bien, puedes simplemente decir que s�. Es m�s f�cil que explicarlo. No me importa. Me han llamado cosas mucho peores que d�spota".Esta era polarizada, agresiva y acelerada ha sido bautizada por el polit�logo Robert Pape como "la era del populismo violento". Quiz� no se trata s�lo de que "todo se desmorona; el centro no puede sostenerse", como dicen los famosos versos de W. B. Yeats en La segunda venida. Sino de que eso ocurre porque, cuando se imponen el caos, el ruido y la violencia, "los mejores carecen de toda convicci�n, mientras que los peores rebosan de una apasionada intensidad".