Casilda Zuloaga
Pamplona (EFE).- Toda ciudad tiene su gran salón y, en el caso de Pamplona, ese lugar es la Plaza del Castillo. Turistas y navarros confluyen a diario en este lugar para pasear, conversar o compartir un café.
Rodeada por edificios históricos como el Hotel La Perla o el del Nuevo Casino, y abierta a calles como Estafeta o San Nicolás, la plaza es mucho más que un punto de paso: es el ágora donde la ciudad se encuentra consigo misma.
Su historia también se escribe. Antes de que existieran plazas de toros como se entienden hoy, aquí se celebraban los festejos taurinos con graderíos provisionales y balcones convertidos en tribunas.
Hoy sigue siendo el gran escenario de la vida pamplonesa. Así lo resume Maider Beloki, concejala de Cultura y Fiestas: «Es una plaza que tiene bancos, que tiene sus zonas verdes, donde confluyen muchísimas cosas, culturales, manifestaciones, eventos deportivos. Es decir, es donde se pasea, donde se está, se conversa».
















