Javier Rodrigo |
Pamplona (EFE).- En el interior de la iglesia de san Lorenzo, en pleno casco antiguo de Pamplona, se alza la capilla de san Fermín, el espacio construido en el siglo XVIII donde reposa durante todo el año la imagen del copatrón de Navarra, conocido cariñosamente por los pamploneses como el ‘santo morenico’ por el color de su rostro y sus manos.
Más allá de la emoción de los encierros y del bullicio propio de las fiestas, este recinto concentra la dimensión religiosa, histórica y devocional de una celebración mundialmente conocida.
Un edificio tricentenario
La actual capilla fue construida y consagrada el 7 de julio de 1717 en la parroquia de san Lorenzo para la veneración de san Fermín, copatrón de Navarra junto a san Francisco Javier, mientras que el patrón de Pamplona es san Saturnino.











