6 de julio. Plaza Consistorial de Pamplona. Más de 10.000 personas abarrotan el lugar con los ojos puestos en el balcón del ayuntamiento a la espera de que los lanzadores del chupinazo prendan la mecha del cohete. Cuando este estalle darán comienzo oficialmente los Sanfermines.Unos minutos antes, las más de 10.000 personas que se reúnen en la plaza, vestidas con ropa blanca, cantan al unísono la tradicional canción folclórica “Riau Riau”, mientras saltan y agitan en sus manos un pañuelo rojo. Justo en el momento en que estallido, todos ellos se lo anudan al unísono al cuello.Ambiente previo al Chupinazo de San Fermín 2025Eduardo Sanz / Europa PressPero ¿por qué precisamente un pañuelo rojo? ¿Desde cuándo forma parte de la identidad sanferminera? Su origen continúa siendo objeto de debate entre historiadores y antropólogos.Las fiestas de San Fermín hunden sus raíces en la confluencia de tres celebraciones distintas. Por un lado, las ceremonias religiosas dedicadas al primer obispo de Pamplona. Por otro, las antiguas ferias comerciales celebradas en la Edad Media en la ciudad. Por último, los festejos taurinos documentado en Pamplona desde 1385, durante el reinado de Carlos de Navarra.Sin embargo, no existen referencias que aludan a una multitud uniformemente vestida de blanco y rojo. Esa estética tan universal hoy pertenece, en realidad, al siglo XX.Un símbolo recienteLa historiografía coincide en que el atuendo blanco con pañuelo y fajín rojos es una construcción relacionada con la expansión de las peñas fiestas. La fundación de la peña La Veleta en 1931 es, en concreto, la máxima responsable.Sus integrantes, procedentes de ambientes obreros, buscaban una vestimenta económica y reconocible. Las prendas blancas eran las más asequibles para pantalones y camisas. Mientras, el rojo, aportaba un fuerte contraste visual y permitía distinguir a los miembros de la peña entre la multitud. Aquella solución práctica terminó siendo imitada por otras agrupaciones.Músicos durante los SanferminesGettySerá, sin embargo , a partir de los años 40 cuando se popularice el uso del pañuelo rojo, convirtiéndose poco a poco en el uniforme de toda la ciudad durante las fiestas.Ahora bien, más allá de la estética, queda una cuestión por resolver: ¿por qué el rojo?El color del martirioLa interpretación más extendida remite directamente a la figura del propio San Fermín. Según la tradición cristiana, Fermín nació en el siglo III en Pompaelo, la Pamplona romana, en el seno de una familia noble de la ciudad. Atraída por la predicación de San Saturnino, obispo de la ciudad francesas de Toulouse, la familia se convirtió al cristianismo.Desde muy joven, Fermín destacó por su religiosidad y, sobre todo, por su elocuencia. A los 24 años fue ordenado sacerdote y, teniendo en cuenta su carisma y el interés por expandir el cristianismo por tierras navarras, no tardaría en ser nombrado (según dice la tradición, porque no hay constatación documental de este aspecto) obispo de Pamplona.Ese carisma y esa oratoria hiciera que se le encomendara una tarea de evangelización, primero por la propia navarra y, más adelante, por la zona norte de las Galias. Según la tradición, su éxito fue rotundo. Ese mismo éxito despertó la desconfianza de las autoridades romanas.Concretamente, en la ciudad gala de Amiens convirtió a miles de personas que lo seguían con devoción. Muy pronto recibió la orden de dejar de predicar esa nueva religión y usar su carisma en favor de los dioses paganos. El obispo de Pamplona hizo caso omiso, lo que provocó que fuera detenido y torturado por sus captores.Decapitación de San Fermín en una vidriera de la iglesia de RoncesvallesTercerosSin embargo, el carisma de Fermín había calado en la ciudad y una multitud de ciudadanos salió a la calle para exigir su liberación. En el mes de septiembre del año 303, ante la magnitud de las protestas, varios soldados romanos entraron en la celda donde estaba prisionero el futuro santo y lo degollaron de un golpe seco con una espada corta. Pasarían muchos siglos, pero esa sangre derramada se convertiría en uno de los símbolos más visibles de las fiestas de Pamplona.No en vano, la forma de la muerte, el degollamiento, explica que el pañuelo se coloque durante los Sanfermines alrededor del cuello. Porque hasta que no comienzan las fiestas debe permanecer en la mano, en el bolsillo o anudado a la muñeca. Nunca tocar el cuello. Es decir, solo cuando el chupinazo rompe mediodía adquiere su significado ritual.Otras teoríasComo ocurre con tantas tradiciones populares, existen otras interpretaciones que conviven con la anterior. Algunos investigadores han relacionado el pañuelo con el denominado Voto de las Cinco Llagas.En 1599, una terrible epidemia de peste asoló Pamplona y las autoridades recomendaron que la población se colocase en el pecho un trozo de tela que representaba las cinco llagas de Cristo y su corona de espinas. La epidemia remitió y la ciudad se convenció de que había sido gracias al amparo milagroso de aquel trozo de tela. Según esta teoría, el pañuelo anudado alrededor del cuello recordaría la representación de ese emblema protector de la ciudad.También se ha propuesto una influencia procedente del deporte vasco y navarro. Los pelotaris acostumbraban a vestir de blanco con detalles rojos, una combinación cromática presente igualmente entre los txistularis, músicos tradicionales del ámbito navarro y vasco-francés muy populares en las primeras décadas del siglo XX.Lo más probable es que, en diferente medida, todos estos elementos confluyeran en la construcción visual definitiva de los Sanfermines. Lo que es indudable es que el pañuelo rojo es hoy uno de los emblemas festivos más reconocibles del planeta. Durante apenas nueve días al año, un simple nudo alrededor del cuello convierte a cientos de miles de personas, llegadas de todos los rincones del planeta, en miembros de una misma comunidad que comparten diversión y un mismo grito: “¡Gora San Fermín!”.