Mientras la familia presidencial multiplica sus propiedades, una laxitud en los controles fiscales y préstamos bajo sospecha abren paso a un nuevo club de millonarios en el país centroamericano

Ernesto Sanabria, secretario de Prensa del Gobierno del presidente Nayib Bukele, representa uno de los casos más llamativos del surgimiento en El Salvador de un nuevo club de millonarios que ha prosperado bajo el paraguas del controvertido mandatario, quien llegó al poder presentándose como un mesías antipolítica que prometía dignificar a los pobres. Sanabria, cuyo patrimonio pasó de 269.884 dólares en 2019 —cuando Bukele asumió el poder— a más de dos millones en 2026, protagoniza la bonanza que ha caído como maná dentro del círculo cercano de colaboradores, leales y familiares del bukelismo.

Investigaciones periodísticas recientes revelan que, solo durante los primeros siete años de su mandato, Bukele y su familia han adquirido 34 nuevas propiedades, con lo que multiplicaron por doce las tierras en su poder, valoradas en más de diez millones de dólares. “A diferencia de las oligarquías anteriores, Bukele no viene de una familia de la alta alcurnia, no eran grandes empresarios; de hecho, su familia tenía varias empresas en quiebra. Pero una vez en el poder, se vuelve un hombre de élite y desplaza a los viejos millonarios para ingresar a nuevos actores como los bitcoiners o agencias de inteligencia artificial”, explica Héctor Dada, exministro de Economía.