Óscar Martínez es el jefe de redacción del periódico más odiado por el presidente de El Salvador, ‘El Faro’. Desde el exilio, publica un ensayo-perfil sobre el controvertido líder latinoamericano del que ‘Ideas’ adelanta un extracto

Para empezar, dejémonos de rodeos: yo considero a Bukele un dictador. ...

Ahora, sigamos.

Nayib Armando Bukele Ortez es el hombre más poderoso y querido en El Salvador. A sus 44 años, lleva seis ocupando la presidencia de una república que ya no es república. Él tiene todo el poder. Todo. Más del 80% de los salvadoreños aprueba su gestión al mando del Estado. Esa cifra se ha mantenido allá arriba desde que en junio de 2019 llegó al poder y al menos hasta que yo entregué este texto a mediados de 2025. Es también el político internacional con más popularidad en países que no están bajo su dominio, como Chile o la República Dominicana. Desde febrero de 2024 ya no es un presidente constitucional, así lo haya elegido esa mayoría que le es devota. Para volver a ser presidente, violó cuatro artículos de la Constitución de un país que nunca logró que su democracia fuera algo más que raquítica. Es también un hombre temido: más del 60% de sus ciudadanos, muchos de ellos amándolo, cree que puede sufrir alguna represalia si critica en público sus decisiones. Es el todopoderoso líder de El Salvador, un pequeño país de Centroamérica con alrededor de seis millones de habitantes, uno de los cuales está al borde de la hambruna. Fue electo por una mayoría aplastante en las dos elecciones en las que compitió por la presidencia. Los votantes salvadoreños le dieron en 2021 también una mayoría absoluta en la Asamblea Legislativa y él la ocupó para tomar ilegalmente el control de jueces y magistrados de la Corte Suprema de Justicia y para nombrar fiscal general de la República a un hombre que él controla. Bukele no tiene contrapesos. El Salvador no es un país gobernado por una administración ni por un Estado, sino por un hombre: Bukele.